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FERIA DE SAN ISIDRO

Urdiales, Talavante y Puerta Grande para Téllez en Las Ventas

Urdiales, Talavante y Puerta Grande para Téllez en Las Ventas
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(Foto: Efe)
sábado 28 de mayo de 2022, 09:39h

La tarde calurosa. No queda ni un hueco en la plaza. No hay billetes. ¿Habrá toros? ¿Habrá toreros? Lo veremos. El ganado provenía de Victoriano del Río y Toros de Cortés. Una mezcla algo rara de edades, la verdad, el quinto de Talavante tenía 4 años y 3 meses, mientras el segundo del lote de Urdiales contaba ya con casi seis años. De igual manera, hubo hechuras para todos los gustos.

El acontecimiento de la tarde fueron las faenas de Ángel Téllez. Por fin, ha surgido alguien con poderío capaz de poner a toda la plaza de pie. A los artistas se les admiran la gracia, pero el toreo, cuando lo es de verdad, transforma el ánimo y arranca el aplauso entusiasmado. El tremendismo, a veces esperpéntico, siembra una discordia en los tendidos. El toreo de valor, cabal, une las voluntades del público, aunque sea por un instante y luego los tendidos seguirán sin ponerse de acuerdo sobre los detalles. Ángel Tellez ha venido con ganas de toros. No ha venido a cobrar, ni a desquitarse otra de las muchas tardes que tiene en el cartel, ha venido a torear. A enfrentarse con lo que le echen. Así le fue. La Puerta Grande.

Enamorado II (3º) no se empleó mucho en el capote. A cambio el caballo le gustó más, fue voluntarioso sin esperar que le fijasen. Al salir del caballo le envolvió el capote de Téllez para ejecutar unas chicuelinas ceñidísimas, pero de aplomo y tranquilidad, abrochadas por una media. Aplauso al picador Marcial Rodríguez. Un brindis al convaleciente Emilio de Justo. Se le gana el terreno al astado a pases de castigo. He aquí una serie de cinco pases seguidos sin moverse ni ratificar su posición. Surgieron otras series de trazo de pases naturales de la mano derecha e izquierda. Los pases de pecho de gran arte: acariciando el lomo del torito con la franela. Es decir, los de pecho de verdad, cuando el toro va obligado por el torero. No eran pases de pecho “averiados”, cuando el astado se para y el torero acaba frustrando el pase. La faena del diestro va de frente. Ni engaña ni se engaña. Hubo mucho peligro, mucho aguante, pero mucha tranquilidad y ningún aspaviento. El presidente muy aplomado en arrancar: una oreja, concedida después de una gran bronca.

Diego Urdiales no sacó de Casero (1º) más que unos pases, toda la faena fue un movimiento y desajuste. El torero duda, el toro se defiende. El acierto fue hacer breve este encuentro.Enamorado I (4º) se va del capote y le dejan galopas a sus anchas. Otro sabor tenían las chicuelinas desprendidas de Talavante, rematadas por un desmayado lucido. Urdiales lleva la muleta desplegada, guardando las necesarias distancias del hocico de su contrario. Mas, pronto se pierde el ligazón, el toro se apaga. La estocada cayó delantera.

Alejandro Talavante se destacó más por lo que no hizo y debería haber hecho. No ejecutó el quite en las banderillas del Enamorado II de Téllez. Tampoco se le movió un músculo cuando todos fueron al rescate de Ángel Téllez al ser volteado. Empezó a desperezarse en el sexto toro.Vampirito (2º) se muestra bravo en el caballo, empuja por mucho que recarguen la vara. Va al caballo por voluntad propia. Con su querencia hacia la puerta de cuadrillas, descompone la labor de cuadrilla en el tercio de banderillas. Mucho capotazo. Talavante lleva al toro a los medios con pases bajos, rodilla en el suelo. La primera serie y, de repente, pasa algo. La duda. La indecisión. Aparecen los enganches, la embestida se hace más corta. La estocada caída, algo atravesada. Cantaor< (5º), un “novillo”, fue protestado. Los rehiletes fueron aplaudidos. El toro flojea. Un sablazo bajo acaba con él.

Ahora viene la golosina guardada para el final. Viajero (6º) pisó el albero y se enfrentó enseguida con el capote de Téllez. El toro sale suelto, pero el torero va a por él. Recibió la primera puya que valía por tres. Con su empuje, Viajero, le dio varias vueltas al caballo. La vara fue protestada por el público. A pesar de esto, el toro arranca a por la segunda. De la vara al capote de Ángel: el pitón rozaba los tobillos en cada gaonera. El desarme, que desluce normalmente la obra, fue un pretexto para lucir la gallardía. El toro tiene muchos píes. El brindis al público da lugar a las series ligadas, templadas y de dominio. La muleta iba al compás del toro. A veces no le rozaba ni el hocico. Muchos momentos de aguante. Muchos momentos cuando las distancias desaparecían. Superior. El público en pie. Los veinticuatro mil espectadores ruegan por una buena estocada. ¡Ay! Un pinchazo… Y¡por fin! una estocada entera. Aunque tendida fue ejecutada con un volapié de ley, apostándolo todo, literalmente tirándose a las astas del toro.

La actuación de Ángel Téllez dejó sentir qué es el toreo. No sus sucedáneos o vicios, sino el toreo de verdad. Las afectaciones, espantás, posturitas cursis, unos desplantes que parecen de mucho valor, pero son las consecuencias de miedo o de falta de conocimiento. Todo esto fue borrado de la memoria de la plaza. El adorno quedó al descubierto. Hoy hemos visto lo que es entrar derecho a hacer la faena y realizar la suerte suprema. El triunfo de la dignidad y valor.

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