Dos tercios de plaza ocupados. Vivimos toda la corrida en tensión. No hubo un momento de sosiego. Por momentos el espectáculo temible: los toros de José Escolar fueron de sentido, no era fácil de hacerles seguir el engaño. Peligrosos. Ya no sé qué es peor: cuando el 7 protesta o cuándo aplaude. Cumplieron con creces en las varas, pero complicaron los demás tercios. Octavio Chacón, Alberto Lamelas y Gómez del Pilar se enfrentaron a toros poderosos, complicados para lidiar y muy armados. Claro que, después de la tarde de ayer, todos pitones nos parecen ya chicos.
Camisero (1º) al salir remata en tablas. Zigzaguea persiguiendo el capote. Gana rápido el terreno, pero Chacón sabe ganarlo de nuevo. Por delantales le fija en suerte para recibir su primera vara. La segunda la toma saliendo desde los medios. Lamela hace el quite, Chacón responde. Las banderillas complicadas porque el toro estaba acechando. A Juan Rojas le rozó con los pitones. Sin embargo, justo de fuerza se cayó al recibir unos pases de castigo. La faena se construyó a base de los naturales por ambos pitones. El toro se iba apagando después de la tercera serie. Se cruzó mucho para mantener la embestida, aguantó algunos achuchones. La suerte suprema deslucida. Castellano I (4º) es sacado por Chacón a los medios. No hay quien le domine a este astado y llega a la franela sabiendo álgebra superior y, además, con todo su poder. Arremete con la cara alta, aún así Chacón es capaz de hacer unos pases de buen trazo. Un peligro constante. Un pinchazo y media estocada trasera. Descabello. Y aquí el que mereció aplausos fue el toro, según un sector minoritario de la plaza…
Arbolario (2º) al salir demostró sus serias intenciones al astillar el burladero. Aplauso. Un sector del público encantado con el toro. Desalentadora actitud. Veloz, entró al capote de Lamelas, cuyos lances fueron abrochados con una verónica entera. Va al caballo, aunque las varas cayeron traseras y fueron rectificadas, el toro regresa para embestir la cabalgadura. Ponerle rehiletes es casi como ponerle el cascabel al gato. Todos los pares, mejor dicho, unos palos solitarios fueron puestos con suertes de recurso. El toro siempre gana el terreno. La faena de muleta comienza con la diestra. La serie fue aplaudida, el toro muy móvil se revuelve en un instante. Complicado por el pitón izquierdo, pero Lamela se empeña y corrige este defecto a pesar de las coladas. En un pase de pecho se para y casi levanta al diestro con un derrote. Estocada y aviso. El abaniqueo es protestado. Aplausos al torero. Incomprensibles aplausos al arrastre. Palomito (5º) es bien recibido al salir. Tiene buena planta. Colaboró en la suerte de varas y el picador Antonio Prieto mereció aplausos por la ejecución del segundo puyazo. Las banderillas todas de recursos, el morlaco no se prestaba a juegos. Tampoco está Palomito dispuesto a correr detrás del trapo. Se ciñe, gana el terrero, se cuela. Media estocada y dos avisos.
Gómez del Pilar toma la decisión de citar a Milagroso (3º) a porta gayola. Viendo los dos ejemplares anteriores, la decisión es poco acertada. Es atropellado. Todo un caos porque el toro aprovecha para cortar los terrenos y arremeter a todo lo que ve. No pudieron fijarlo, se fue a caballo por propia voluntad, igual que al segundo puyazo. El astado tomó el control de la plaza. Remata en el burladero, escarba y sale suelto de la muleta. Le encela Del Pilar para llevarlo a los medios. El toro se ciñe mucho en cada pase, las series bien resueltas con los cambios de manos y pases ayudados. Tres naturales de temple sobresalen. Suenan aplausos. Le voltea con un derrote, pero el espada se repone. Vuelve a cruzarse con el enemigo que rehuye la pelea escogiendo las tablas. Un estoconazo. Una oreja de ley. También se aplaudió al manso.
Con Vinatero (6º) persiste en recibir a porta gayola. Desgraciadamente, este lance tan poco oportuno resulta en una cornada. Ángel Otero se desmonteró por rehiletear al bicho con tal mérito que el público le aplaudió de pie. Un brindis al herido Gómez del Pilar. La alimaña no toma el engaño de ninguna manera, se dirige directamente al bulto. Además, desde las varas le coge manía a Chacón y le persigue sin tregua. Se da por imposible. Desarmaba hasta el último descabello.
Muchos aspectos de la fiesta se han humanizado: el caballo es protegido por el peto, al toro ya no se puede castigar con las banderillas de fuego y muchos puyazos son protestados. Sin embargo, para los diestros se ha vuelto más exigente, para no decir cruel: el toro llega cada vez más entero y con poder, pero el público no matiza y exige lucimiento estilista a cualquier precio.