Ha llegado la hora. Es la última tarde de San Isidro. El público está algo alborotado. ¿Están cansados? Sí, un poco. Pero, ¿con qué llenar las tardes de estío? Habrá que ir a descubrir otras plazas. Faltó poco para el lleno de la plaza. Será que algunos han desistido para evitar la despedida, siempre dolorosa, hasta el otoño.
Los toros de Victorino Martín tenían una magnífica estampa, encastados. Antonio Ferrera va a por el primero, Mitotero(1º), envuelve su embestida con el capote azul y le deja en los medios. ¡Y qué controversia es la del capote azul! ¡Qué ejercicio de ingenio estaban haciendo algunos del tendido para adivinar su raison d´être! ¡Ay, tanto dolor de la mollera innecesario! Aquí va, ilustres aficionados: el capote azul, tan vistoso, se debe a la participación de Antonio Ferrera en el festival benéfico de Querétaro: “El toreo se viste de azul” para ayudar a los niños y familias que conviven con el autismo. Volviendo a Mitotero, que ya se encontraba en el ruedo, tomó bien el primer puyazo y en el segundo se resintió y salió de la suerte. Hubo una tercera vara. El toro quedó parado en el tercio de banderillas. Dos grandes banderilleros, Fernando Sánchez y José Chacón, ponen unos rehiletes inolvidables. Citaron, se acercaron a los terrenos comprometidos y pusieron pares con finura. Una gran ovación. El morlaco llegó a la muleta inamovible. Una mole con cuernos. Al moverse por el pitón izquierdo derrota y engancha. Acertada la decisión de abreviar este encuentro. Pelearse con él era torcer el sentido del toreo. Media estocada algo delantera. Se dobla. Aplausos y protestas.
La lidia de la tarde llegó con la salida de Bolsisto (4º). Entra con fuerza en los lances de Antonio Ferrera, quien deja al toro a distancia con unos lances de filigrana. El astado aprieta tanto que eleva al caballo a la altura del burladero. Lo saca Ferrera. Toma la segunda vara. Sergio Serrano hace un desajustado quite. El burel parado, no quiere ir al capote, espera a ver qué pasa. Fernando Sánchez salva el tercio de las banderillas. El público aplaude puesto en pie. Te consuela sólo verle pisar el albero con bizarría y voluntad. Lo mismo pasa al ver a Ferrera dirigir la lidia. No hay un detalle que se le escape. Al comenzar la faena, Ferrera se acerca al toro. Viendo al torillo en el capote, se da la faena por acabada. Mas no es así. Antonio Ferrera mide al contrario, indaga los terrenos y los tiempos. Se acerca, se aleja. He aquí la inesperada serie de cinco pases seguidos y ligados. Aplausos. El toro, vengativo, se da cuenta de que ha picado y va a por el diestro. Un respiro. Tres pases que paran el tiempo, un cambio y uno de pecho. La espada queda en la arena. El enemigo queda al descubierto por el torero. La inteligencia vence el instinto. La manera de cruzarse rozando los pitones no tiene nada de tremendista, que es algo que ya tenemos visto de sobra. Todo lo contrario, cada pase y cruce frente al toro demuestra la tranquilidad de saber con quién te enfrentas. Unos pases templados, sin adornos, pero de suma belleza dejan al público aturdido. El toreo puro. Entre series Ferrera da un paseo frente al astado que recuerdan la frase de Guerrita sobre Lagartijo: “Sólo verle hacer el paseíllo valía dinero”. La obra se acaba con una estocada caída y descabello rápido y a la primera. Ovación. Pero, ay, los del 7 apenas se enteran de lo que ha pasado…
Sergio Serrano se empeñó en recibir a los de su lote a porta gayola. Garañuelo(2º) le arrasó; si no hubiera sido por los quites de Ferrera, Chacón y otros miembros de la cuadrilla, la tragedia habría sido inevitable. Mas el torero hace de tripas corazón y da unos buenos lances. La labor de picador deslucida, sin distancias y alargando el tercio. Se oyen protestas. Las banderillas también complicadas. Serrano brega para lograr las series con la muleta, el toro es un regalo: sigue el engaño por ambos pitones. Aplausos rematan cada serie. Desgraciadamente, la monotonía de la faena, no le deja trascender. El público es muy benévolo, pero el mal manejo del hierro no deja lugar a los trofeos. Al instante de irse Serrano a porta gayola, ya estaban alerta todos los peones y director de la lidia. Salió bien de este intento. La faena de Buscador (5º), que no fue de tan buena condición que Garañuelo, demuestra que este toreo es de una figura afectada, un toreo que acaba descompuesto por no saber qué hacer. De nuevo los hierros deslucen lo poco logrado con la franela.
Román bregó con Milenario (3º) y Mindango (6º). Tiene voluntad, sin embargo, no logra comprender al enemigo. Milenario, de estampa preciosa, le comió el terreno al diestro. El torillo aprendió mucho. Al llegar a la muleta la sabía distinguir del diestro e iba a por el segundo. Un metisaca, un pinchazo y estocada en la paletilla. Aviso. Descabello a la tercera. Mindango no corrió la mejor suerte. Aplaudido al salir, el toro no es comprendido en el tercio de la muleta. El público se desentendió. Un tendido aplaudía, otro protestaba, ¡quién sabe por qué! Mientras tanto Román intentaba enderezar la faena. No pudo ser.
Hoy hubo director de la lidia en los seis toros. Se llama Antonio Ferrera. No ha perdido ni una oportunidad de hacer el quite ni ayudar a los banderilleros o a los toreros en apuros. Tuvo arrestos para sacar los toros del caballo y arte para adornarse con las verónicas de trazo exquisito. Quizá no ha llegado su concepto al público, pero es igual. Llegará. He aquí el fin de la feria de San Isidro.