Hay crímenes y criminales de muchos tipos. La capacidad del ser humano de hacer el mal es infinita y ella aplica, sin duda con empeño digno de mejor causa, imaginación, recursos y esfuerzo. A este territorio se consagra la novela policiaca que no por azar es tan exitosa. Aparte de que proporcione una lectura más o menos absorbente y entretenida -depende de la pericia de cada autor-, nos sumerge de lleno en lo más oscuro que anida en el corazón... de todos. Ya dijo G. K. Chesterton: “¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.
Y que puede enseñorearse en los ambientes, los lugares en apariencia más idílicos. Por ejemplo, el Club de Amigos de los Jardines, donde, se supone, sus miembros son amantes de las plantas, de la belleza de las flores y desean compartir su tranquila afición en un entorno de placidez. Pero resulta que, ya sabemos, las apariencias engañan. O no tanto si se consigue ir más allá de la superficie. Es lo que hacen los policías, los detectives, los investigadores... que, de toda laya y condición, pueblan el noir.
Entre sus personajes más carismáticos se encuentra la jueza –mejor juez, como ella prefiere-, de Primera Instancia e Instrucción Mariana de Marco, creada por el escritor y crítico literario José María Guelbenzu (Madrid, 1944), quien para sus incursiones en la novela negra no cambia totalmente de nombre, como hace John Banville/Benjamin Black, pero sí pone su nombre con iniciales firmando J. M. Guelbenzu.
El autor madrileño dio vida a Mariana de Marco en 2001, en No acosen al asesino, primer título de la serie donde aún no tenía todo el protagonismo, pero ya apuntaba maneras y su “padre” se dio cuenta del enorme potencial que encerraba tan sagaz y concienzuda juez, a quien, a la vez, supo dotar de cercanía, sin subirla al pedestal de un cargo de tanta responsabilidad: “Mariana era, yo creo que a su pesar, la inequívoca imagen de una mujer fuerte que , como toda persona fuerte, lo es sobre todo por su capacidad de asumir sus contradicciones y sus temores, las emociones debilitantes y las emociones triunfantes”.
Sin prisa pero sin pausa, a No acosen al asesino, le siguieron La muerte viene de lejos (2004), El cadáver arrepentido (2007), Un asesinato piadoso (2008), El hermano pequeño (2011), Muerte en primera clase (2012), Nunca ayudes a una extraña (2014), El asesino desconsolado (2017) hasta llegar a la décima, Asesinato en el Jardín Botánico, con la que da por concluida la serie. Ha confesado que se propuso este número en reconocimiento a la serie de diez ideado por el matrimonio sueco de escritores de noir Maj Sjöwall y Per Wahlöö, destacando que, a su juicio, concibieron a uno de los mejores, si no el mejor, sabueso: Martin Beck.
Tras combinar durante estos veinte años su serie policiaca con otras obras no de género –El amor verdadero, Los poderosos lo quieren todo, o En la cama con el hombre inapropiado, entre otras-, dice adiós a Mariana de Marco, instalada en Madrid, después de ejercer durante muchos años en G (Gijón), poniéndola en el aprieto de resolver un crimen “sofisticado”. La víctima es Concepción Rivera, secretaria muy activa y comprometida con el Club de Amigos de los Jardines, cuyo cadáver aparece oculto detrás de una majestuosa palma en el madrileño Jardín Botánico, junto a un ramillete de acónito, una flor venenosa, y un botellín de ron. Y los sospechosos, naturalmente, sus compañeros del Club, una fauna variopinta. Máxime cuando hace poco apareció muerta Asunción Lobo, también perteneciente a la asociación, a causa igualmente de la ingesta de acónito, si bien su caso se cerró atribuyéndose a una fatal equivocación de la fallecida. Lo que, no obstante, desde el principio a Mariana de Marco le resulta muy extraño, dado que era una consumada conocedora de las plantas y de sus posibles efectos.
En sus pesquisas, Mariana cuenta con la ayuda de su pareja Javier Goitia, con el que, tras sus fracasos sentimentales, parece haber encontrado por fin la estabilidad amorosa. Goitia, periodista, está en paro, debido a la crisis que asola a la prensa, sobre todo a la impresa, y decide embarcarse en la elaboración de una crónica sobre el caso. Así, en la novela, se alternan los capítulos directamente referidos a la juez y a sus interrogatorios a los singulares componentes del Club, presidido por el conde de Camarena, y la voz de Javier Goitia, que cuenta sus avances y dificultades para llevar a buen puerto su proyecto. Sobre todo porque siente que Mariana de Marco no está precisamente dispuesta a la colaboración mutua.
Con un final sorprendente en la resolución del misterio, Guelbenzu se despide a lo grande de su personaje. Disfruten de este colofón y del resto de la serie.