www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Diarios

Rafael Chirbes: Diarios. A ratos perdidos 3 y 4

domingo 30 de octubre de 2022, 23:04h
Rafael Chirbes: Diarios. A ratos perdidos 3 y 4

Anagrama. Barcelona, 2022. 704 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 13,99 €. Se publica la segunda entrega de los diarios del autor de “Crematorio”. Continúa su lúcida confesión a corazón abierto, ahora prevaleciendo la sensación de que se encuentra, como su admirado Baroja, en la última vuelta del camino. Por Carmen R. Santos

“Así es la vida. Los momentos de calma son islotes que se yerguen en este mar en el que uno nunca acaba de hacer pie y se agota braceando estúpidamente, como si al final la corriente no fuera a engullirlo”, confiesa Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, Valencia, 1949-2015), en el segundo volumen de Diarios. A ratos perdidos 3 y 4, recién salido del horno de Anagrama, el sello que nos ofrece en su catálogo prácticamente toda la producción de escritor valenciano, sin duda uno de los nombres imprescindibles de la literatura española de los últimos años del siglo XX y del XXI.

La aparición de la primera entrega, publicada también póstumamente -al igual que su novela Paris-Austerlitz -, supuso un aldabonazo que nos sumergía en una escritura a corazón abierto, que abarcaba entradas que comenzaban en abril de 1984 y concluían el 1 de marzo de 2005. Ahora se reúnen cuadernos que arrancan el 5 de marzo de ese mismo 2005 y acaban el 7 de enero de 2007. En 2005 Chirbes está al final de la cincuentena, pero siente que está cercana esa corriente que va a engullirle. Fatal, inexorablemente. Y revela: “Empieza uno a tener más amigos en el tendido de sombra que en el de sol. Hay que ir preparándose para el viaje, ordenar la ropa en la maleta”.

En el primer volumen, la consignación de sus dolencias ya nos remitía al declive y nos trasmitía esa sensación que ahora, en este segundo, se acentúa: “Aunque procuro no fijarme, el espejo me muestra el deterioro, añadiéndolo a las aprensiones que muestra época nos entrega a cualquier edad, miedo al cáncer, a la hipertensión, al colesterol, al azúcar, a la sal: han aparecido unas manchas negras en la mejilla izquierda y una parte de dicha mejilla se ha oscurecido, amenazante: como si dentro de poco, la sombra fuera a ocupar buena parte del rostro y a oscurecerse aún más. Pienso en un cáncer de piel, en el sida, aunque seguramente no son más que rasgos que regala generosamente la vejez que tanta prisa tiene”.

Sí, la vejez tiene prisa. Pero mientras tanto hay que seguir viviendo y recurrir a algunas estratagemas que lo permitan. Sobre todo, para Chirbes está la lectura, la visión de películas, los viajes..., pues el sexo se le presenta muy complicado: “Cada vez menos posibilidades de gustar a nadie, y los que vivimos solos únicamente gustando a alguien podemos gozar de esas compañías esporádicas que se suponen necesarias para el equilibrio. Entras en algún local de ligue y descubres que nadie te mira o que, si alguien cruza por azar la mirada contigo, la aparta con precipitación”. No obstante, aún se producem, y refleja, algunos encuentros: “Por la tarde, cuando todo se oscurece en esrtos tristes días de otoño, se produce el milagro. Me llama A. Quedamos en Denia. Que alivio. Esplendor de la carne, dos animalitos que retozan, carne en estado puro, rosada, mullida, inagotable”.

Y estos propios cuadernos que, como consigna, “se me convierten en refugio”, si bien, no dejan de producirle desasosiego: “Cada vez que me acerco a ellos me inquieta comprobar que, teniendo todo la libertad del mundo, tengo poco que decir, y lo que digo lo digo de un modo torpe, plano”. Estas palabras son clero ejemplo de sus dudas respecto a su labor, que se extienden a la propia creación literaria. En Diarios. A ratos perdidos 3 y 4, manifiesta sus vacilaciones ante la elaboración de una nueva novela, Crematorio, que precisamente resultó su mayor éxito, obteniendo un sinfín de galardones, entre ellos el Premio de la Crítica. Éxito que después se hizo extensivo a su siguiente novela, En la orilla..

Rafael Chirbes, como ha demostrado en numerosas ocasiones, y vuelve a hacerlo en esta segunda entrega de sus diarios, es un lector no solo empedernido -“Leer un libro tras otro”-, sino muy atento y lúcido, que nos regala espléndidos análisis de sus lecturas. Así, son muchísimas de las que da aquí cuenta. Por ejemplo, vuelve a poner de relieve su especial atracción por Pérez Galdós y por Baroja, y nos ofrece su punto de vista sobre muchos autores y obras. Sus comentarios resultan harto interesantes, no solo para comprender la obra de la que se ocupa, sino su propia personalidad. En este sentido, veamos su reflexión sobre Masa y poder, de Canetti: “Tras la lectura de Masa y poder, con qué claridad ve uno que la mayoría de esos cantos a la belleza de la vida, a la bondad y generosidad de los seres humanos, etc., no son más que mecanismos de defensa del yo frente a los otros a quienes se teme y a los que se intenta amansar, seducir, animándoles a que descubran (es decir, a que inventen) una mansedumbre de la que carecen: los buenos sentimientos”.

Asimismo, Chirbes es un gran cinéfilo y un gran viajero. Ahora, en las primeras páginas del volumen consigna su visión de Nueva York -y de su visita al MoMa-, con un toque lorquiano, y luego se refiere a Milán, Nápoles, Berlín, Barcelona, Madrid, su eterno París... Y no deja de emitir su opinión, con absoluta libertad, sobre personas, como en el retrato que realiza de Juan Goytisolo y de Javier Pradera. Chirbes nunca ocultó su ideología de izquierdas. Pero eso no le impide la crítica a sus dirigentes.

A Chirbes la vida le pesa, está cansado. Y la literatura “no es una fábrica de consuelos. Ni el Lazarillo, ni la Celestina, ni el Quijote consuelan de nada. Desnudan. Ponen al descubierto los engranajes de su tiempo: más bien, desconsuelan”. También la literatura de Rafael Chirbes desnuda buena parte de esos engranajes. Y en sus Diarios sobre todo se desnuda a sí mismo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (13)    No(0)

+
0 comentarios