Pedro Sánchez ha decidido poner en marcha todas las maniobras posibles, por sucias que sean, para no salir escabechado en las próximas elecciones generales. Después de asaltar el CIS, Correos, Indra, el INE y, naturalmente, RTVE, ahora utiliza el dinero de los Presupuestos Generales del Estado más caros de la historia, incluso los fondos europeos, para comprar votos descaradamente.
Como denunciamos en El Imparcial este domingo, la última trampa de Sánchez para amarrar el poder se basa en el bombardeo masivo de publicidad “institucional” en televisión. Una publicidad que no es institucional sino pura propaganda de los supuestos aciertos del Gobierno. Según los datos de Moncloa, el gasto de los distintos Ministerios en sus eslóganes televisados asciende a 213 millones de euros solo en los últimos 5 meses, más del doble de lo invertido en los dos últimos años, lo que constituye una subida del 122 por ciento respecto al dinero gastado por el Ejecutivo de Mariano Rajoy en 2018.
De este modo, el uso y abuso de la “publicidad institucional”, choca con la esencia misma de este tipo de anuncios, que no es otra que ofrecer al ciudadano informaciones relevantes y necesarias para su vida diaria. Los datos recogidos en el Plan de Comunicación y Publicidad Institucional señalan que en este año se han contratado nada menos que 180 campañas publicitarias. Además, ya se ha realizado una contratación de urgencia para que los ministerios de Igualdad, Derechos Sociales y Agenda 2030 o el de Agricultura difundan campañas para marzo de 2023, justo antes de los comicios municipales y autonómicos. Otras, en cambio, están diseñadas para prolongarse hasta las elecciones generales de finales de 2023. Y, como decíamos, RTVE busca utilizar el dinero de los fondos europeos “Next Generation”. Así, llegarían al ente público dos millones de euros para contratar a una empresa externa que cree anuncios para sus programas de televisión.
La desfachatez de Pedro Sánchez resulta escandalosa. No hay más que encender la televisión para sufrir el bombardeo permanente de estos anuncios propagandísticos de los supuestos aciertos del Gobierno. El presidente no va a tener reparos en dirigir todas sus gestiones a un único objetivo: ganar las elecciones generales. Nuñez Feijóo no puede dormirse en los laureles de las encuestas que le dan ganador. Más bien, debería denunciar la última trampa de su adversario que está dispuesto a derrotarle por las buenas o por las malas.