El rover Curiosity de la NASA ha identificado siete moléculas orgánicas nunca antes detectadas en Marte, ampliando significativamente el conocimiento científico sobre la química del planeta rojo y su potencial para haber albergado vida en el pasado.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Communications, se basa en el análisis de una muestra de roca perforada en 2020, conocida como “Mary Anning 3”. En total, los científicos detectaron 21 moléculas con carbono, de las cuales siete no se habían observado previamente en la superficie marciana.
Aunque los investigadores no pueden determinar con certeza si estas moléculas tienen un origen biológico o geológico, el descubrimiento confirma que el Marte antiguo contaba con las condiciones químicas necesarias para sustentar vida. Además, demuestra que ciertos compuestos orgánicos pueden preservarse durante miles de millones de años, a pesar de la intensa radiación que afecta al planeta.
La muestra fue recolectada en una región del monte Sharp que, en el pasado remoto, albergó lagos y arroyos. Este entorno favoreció la formación de minerales arcillosos, conocidos por su capacidad para conservar moléculas orgánicas, consideradas los componentes básicos de la vida.
Entre los compuestos identificados destaca un heterociclo nitrogenado, una estructura molecular que contiene nitrógeno y que podría actuar como precursor de moléculas más complejas como el ARN y el ADN. Según la investigadora Amy Williams, este tipo de hallazgo es especialmente relevante porque nunca antes se habían detectado estas estructuras en Marte ni en meteoritos marcianos.
Otro de los compuestos descubiertos es el benzotiofeno, una molécula que contiene carbono y azufre y que ya había sido identificada en meteoritos. Algunos científicos sugieren que este tipo de compuestos pudo contribuir al desarrollo de la química prebiótica en el sistema solar primitivo.

Estos resultados complementan investigaciones previas del rover, que ya había detectado hidrocarburos de cadena larga, como el decano, el undecano y el dodecano, considerados entre las moléculas orgánicas más grandes halladas hasta ahora en Marte.
El análisis fue posible gracias al instrumento SAM (Análisis de Muestras en Marte), un sofisticado laboratorio instalado en el interior del rover. Este sistema permite calentar muestras de roca y analizar los gases liberados para determinar su composición química, así como realizar experimentos de “química húmeda” utilizando disolventes especiales.
Para validar los resultados, los científicos compararon las reacciones obtenidas con muestras del meteorito Murchison, uno de los más estudiados en la Tierra. Los experimentos confirmaron que algunas moléculas detectadas podrían derivar de compuestos orgánicos aún más complejos.
“El descubrimiento representa el trabajo conjunto de décadas de investigación y el esfuerzo de numerosos científicos e ingenieros”, afirmó Ashwin Vasavada, científico del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Según explicó, esta colección de moléculas incrementa las posibilidades de que Marte haya sido habitable en el pasado.
El avance también tiene implicaciones para futuras misiones espaciales. Nuevos instrumentos, basados en la tecnología de SAM, serán utilizados en el rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea y en la misión Dragonfly, que explorará la luna Titán de Saturno.