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RESEÑA

Sed de tinta, de Diego Medrano: la extraña vida de una chica loca por la prensa

Sed de tinta , de Diego Medrano: la extraña vida de una chica loca por la prensa
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José Manuel López Marañón
martes 01 de noviembre de 2022, 08:44h

El escritor y crítico Diego Medrano ha ganado el IV Premio Internacional Diario de Jaén de Novela Corta con esta novela de ideas que resulta ser Sed de tinta. Evidentemente cualquier novela las incluye, pero hay toda una tradición literaria que hace de las ideas –teológicas, filosóficas, religiosas, sociológicas, estéticas– el corazón de la narración, convirtiéndose en el motor de la trama que da sentido al texto... Y es que cualquier novela de ideas acaba por reflejar una forma de pensar el mundo.

En Sed de tinta Medrano desarrolla a sus anchas los conocimientos y experiencias del periodismo, el bagaje profesional a lo largo de lustros de desempeñar el oficio, apoyándose en una protagonista de compleja personalidad y con serias dudas a la hora de elegir carrera universitaria.

Estudiante en un instituto de Educación Secundaria, lectora acérrima de prensa escrita (frecuenta menos los libros: no le gusta la literatura actual y recurre a clásicos como El extranjero, El túnel o El lobo estepario; también a su autor favorito, Pío Baroja), Catalina tiene un único amigo: Jacobo, compañero de clase experto en filosofía. Mientras mantienen dilatadas conversaciones ella va enamorándose, aunque el deseo físico camina por detrás de sus anhelos intelectuales. Gracias a un dinero proporcionado por el abuelo de Jacobo ambos toman, al final de la novela, una impensada resolución vital.

El argumento narrativo de Sed de tinta se resume en pocas líneas. Pero los conceptos sobre el mundo periodístico actual, mayoritariamente presentes en los doce capítulos iniciales, requieren más espacio reseñador.

En primer lugar se explica cómo la prensa escrita está mucho más cercana a la civilización que las pantallas de los ordenadores: para Jacobo el papel es soporte de excelentes análisis, artículos de fondo y grandes reportajes… "Si hubiera más lectores de periódicos el mundo sería mejor». «Ahora con Internet estamos informados de todo pero sin enterarnos de nada", apostilla. El periodismo administra el derecho de los lectores a conocer la verdad, y la misión de los periódicos es informar al lector para que saque conclusiones propias.

Un mendigo, amigo de Catalina, cree que "solo la crítica especializada puede sustituir los likes de Facebook por información valiosa". Esa y otras redes sociales no buscan profundizar en la democracia sino el regreso a la manada. Feliz por no pisarlas, Catalina opina que buscan lectores pero no ideas: "al que piensa diferente en las redes lo apedrean e insultan".

Se insiste también en la necesidad de pisar la calle que acarrea el verdadero periodismo; aquel a pie de acera, generando continuos reportajes que hacían trabajar a las rotativas las veinticuatro horas del día, convertidas ahora, la frase es de Joaquín Estefanía, "«en chimeneas apagadas por culpa de los botones encendidos". Además, cualquier red social cuenta mentiras a sabiendas de que lo son, y desde esa irresponsabilidad propagan la manipulación.

La inmediatez de la información, más que nunca instantánea y soluble… Esa navegación veloz y perpetua genera en el lector pérdidas de identidad: en él ya no existe sosiego, calma; menos todavía el análisis reposado de la noticia. "La posverdad crece con la rápida emoción y corre el riesgo de desaparecer con la razón". En Sed de tinta Diego Medrano termina por citar a Donald Trump, cuando el expresidente nombró como periodista "sin control" a aquel que desempeñaba sus funciones fuera del alcance de su dinero y de sus garras.

Temas de interés no menor acaparan después los diálogos de esta inquieta pareja, aún adolescente: la educación, la ciberseguridad, las nuevas formas de capitalismo, la automatización y robotización en los procesos productivos, o las condiciones laborales –entre otros asuntos– quedan magistralmente apuntados durante los cinco últimos capítulos. Las 75 páginas de esta novela breve, en efecto, vienen rebosantes de ideas.

Se convierte así Sed de tinta en texto obligado para los aspirantes a ingresar en cualquier Facultad de Ciencias de la Información de nuestro país (nada mejor que leer este libro para saber dónde se mete uno…). Pero estamos también ante una referencia para aquellos interesados en comprender el agónico momento en que viven el periodismo y la cultura española (y mundial).

Sed de tinta puede resultar una lectura desencantada, pero la disección tanto de la prensa escrita como digital, su minuciosa radiografía que nos presenta Diego Medrano deben servir no solo como alerta, también a la hora de tomar imperiosas medidas para frenar "esta nueva forma de tiranía o dictadura que son las pantallitas"… Y es que para el autor ovetense: "No puede haber democracia sin periódicos".

Termino la reseña de esta imprescindible Sed de tinta con las palabras de un chaval que, tras sesenta años de ejercicio profesional, lo tiene claro. Dice Luis María Anson: "Nos inunda el periodismo de la insidia, del bulo, ciertos espacios convertidos en patios de monipodio o vecindad. Las funciones de nuestra profesión son dos: administrar rigurosamente un derecho ajeno, el de los ciudadanos a la información, y ejercer el contrapoder, elogiando al poder cuando el poder acierta, criticando al poder cuando el poder abusa. ¿Qué poder? El económico, el sindical, el religioso, el cultural, el universitario, el deportivo, etcétera".

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