www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

2023: ¿La Guerra o la Paz en Ucrania? (Visita del Presidente ucraniano a EEUU)

lunes 02 de enero de 2023, 19:55h

Hace muy pocos días, el Presidente de Ucrania ha realizado una visita relámpago a los EE.UU. Fue la primera vez, desde que empezara la guerra ruso-ucraniana, que el presidente ucraniano había salido de su país en guerra, desplazándose de las trincheras de Bajmút – donde el ejército ucraniano está librando una encarnizada batalla contra las tropas invasoras rusas – a la “blanca” residencia del Presidente norteamericano y al enorme hemiciclo del Capitolio washingtoniano.

Fue John Biden, quien invitó a Zelénskiy a visitar Washington, en vísperas de la Noche Buena cristiana, que este año, por primera vez en los siglos, se ha celebrado en Ucrania según la tradición occidental, el 25 de diciembre, a diferencia del rito ortodoxo, que celebra el Nacimiento de Jesucristo, con 13 días de diferencia, de acuerdo con el antiguo calendario gregoriano, o sea, el 7 de enero.

Tiene cierto simbolismo este cambio de la fecha de la celebración de la Navidad en Ucrania, que hasta ahora se festejaba igual que en Rusia, donde sigue en vigor el calendario religioso ortodoxo. Con esta decisión de separarse, incluso en lo religioso, de cualquier lazo “común” con la cultura rusa, demuestra hasta qué punto Ucrania pretende romper con el “mundo ruso” oriental – bajo cuyo dominio se encontraba durante siglos – y acercarse al mundo occidental.

¿Qué regalos le había preparado al presidente ucraniano sus anfitriones norteamericanos?

En primer lugar, un recibimiento espectacular, tanto oficial como humano, no visto en la Casa Blanca y en el Capitolio desde hace muchos años. Las negociaciones entre Biden y Zelénskiy resultaron un gran éxito para el presidente ucraniano. Aparte de un “regalo” navideño de 1,8 mil millones de dólares en ayuda militar, el presidente ucraniano recibió el visto bueno de su homólogo norteamericano para el suministro a las tropas ucranianos de un sofisticado armamento norteamericano, como los complejos de la defensa antiaérea, “Patriot”, que los EE.UU. hasta ahora se negaban a proporcionar a Ucrania, bajo el temor de que un armamento tan moderno y eficiente pudiera provocar una escalada – por parte de Rusia – en el conflicto ruso-ucraniano, que los Estados Unidos están intentando evitar por todos los medios.

Pero los brutales bombardeos por las tropas rusas de las infraestructuras civiles en Ucrania, considerados por los expertos occidentales como una auténtica guerra del “terrorismo de Estado”, han contribuido a que la Casa Blanca cambiase de opinión y decidiese proporcionar dichas baterías “Patriot”, que tanto estaban pidiendo las fuerzas armadas ucranianas, para proteger mejor el cielo ucraniano de los misiles y aviones rusos.

Lo que no ha conseguido el presidente Zelénskiy – ¡por ahora! – es que Biden también quitase el veto al suministro a las fuerzas armadas ucranianas de los misiles y proyectiles norteamericanos de largo alcance (de 300 a 500 kilómetros), que permitirían al ejército ucraniano empezar una amplia ofensiva en todos los frentes, para liberar, en pocos meses, todo el territorio ocupado por las tropas rusas. Sin este armamento de largo alcance es imposible que la guerra se acabe en un breve periodo de tiempo, con lo cual, si los Estados Unidos no cambien de postura, en 2023, las sangrientas batallas en la guerra ruso-ucraniana proseguirán no se sabe cuánto tiempo más.

Parece que es el único aspecto negativo de la visita del presidente Zelénskiy a los EE.UU. En todo lo demás la Casa Blanca se ha comprometido a seguir ayudando a Ucrania en su lucha contra el invasor ruso y no permitir que Ucrania perdiera esta guerra. Pero tampoco que la ganara en breve, según lo que he comentado más arriba. Los estrategas norteamericanos, apoyados por varios importantes países de la OTAN, prefieren que la guerra prosiguiera, debilitando más y más a Rusia militar y económicamente, para obligarla a aceptar la negociación de paz en las condiciones más favorable a Ucrania y al bloque occidental en su conjunto.

En este sentido, en la conferencia de prensa conjunta de Zelénskiy y Biden, después de una larga reunión de ambos presidentes en la Casa Blanca, el presidente ucraniano ha afirmado tajantemente que no se sentaría a negociar con Rusia ningún acuerdo de paz, hasta que ella no se retire sus tropas de todos los territorios ocupados – volviéndose a las fronteras del 1991 – y no reconozca su obligación de reparar todos los daños causados a Ucrania por las tropas invasoras rusas.

Esta postura tan intransigente del presidente de Ucrania no deja a los EE.UU otra opción que ir apoyando las exigencias ucranianas en las “supuestas” negociaciones, que se están llevando en secreto – tras los bastidores – entre los representantes de la Casa Blanca y del Kremlin. Biden declaró claramente que no negociaría con Rusia nada sin el consentimiento de las autoridades ucranianas. Tal posición norteamericana, expresada y escenificada en una conferencia de prensa, transmitida a todo el mundo, resultó ser una nueva jarra de agua fría sobre los estrategas kremlineanos.

Pero el presidente ruso, a pesar de todo, sigue creyendo que puede ganar la guerra a medio y largo plazo, si los EE.UU, la OTAN y otros países que apoyan a Ucrania, no procedan a incrementar considerablemente su ayuda militar, económica y financiera a Ucrania, dado que Rusia, hasta ahora, sigue teniendo una abrumadora superioridad en recursos para seguir financiando la campaña militar. Sólo un ejemplo: Ucrania está recibiendo de los EE.UU. una ayuda directa por un valor de 1,2 mil millones $ mensuales, que junto con la aportación de los países de la Alianza Atlántica asciende a 2.1 mil millones $ al mes. Mientras Rusia está gastando en la guerra con Ucrania no menos de 12 mil millones $ mensuales, o sea, 6 veces más.

En este sentido hay que destacar que algunos países europeos, miembros de la OTAN, como, por ejemplo, Estonia y Letonia, están gastando en la ayuda a Ucrania cerca del 1% por cien de sus respectivos PIB. Mientras la ayuda norteamericana no llega ni a un 0,05% de su PIB.

La administración Biden, que anunció en su día, a bombo y platillo – el 9 de mayo de 2022 – la aprobación casi por unanimidad por el Congreso de EE.UU (417 de sus miembros de los 435 presentes en aquella votación) la Ley de “Land-Lease”, que suponía una ayuda militar y financiera a Ucrania casi ilimitada y muy parecida al otro “Land-Lease”, proporcionado por los EE.UU. a Gran Bretaña (y más tarde a la Unión Soviética) durante la Segunda Guerra Mundial y que resultó determinante en la victoria de los aliados sobre la Alemania nazi.

Para que el lector vea la diferencia entre el comportamiento del entonces presidente norteamericano, Roosevelt, y del actual, Biden, aquella ayuda norteamericana a Gran Bretaña, que estaba luchando en aquel momento (al principio de la II Guerra Mundial) a solas con la Alemania nazi – como lo está haciendo hoy en día Ucrania contra la invasora Rusia – era 30 veces superior a lo que los Estados Unidos están suministrando ahora a Ucrania. Más aún, el “Land-Lease” actual todavía no está activado y toda la ayuda norteamericana se está canalizando a través de las diferentes partidas presupuestarias, las que cada vez necesitan la aprobación del Congreso, mientras que por la línea del “Land-Lease” la administración norteamericana podría actuar a su criterio “independiente” y con más urgencia, evitando la burocracia parlamentaria, lo que precisamente está exigiendo la guerra en Ucrania.

Hay que reconocer que la ayuda norteamericana y de otros países de la OTAN es muy importante y ha permitido, hasta ahora, al ejército ucraniano a resistir durante 10 meses el brutal ataque de la poderosa máquina de guerra rusa. Pero esta ayuda es claramente insuficiente para derrotar definitivamente al ejército ruso, y su Comandante en Jefe, el ex oficial de los servicios secretos soviéticos (la KGB), Vladimir Putin, lo sabe perfectamente.

Lo confirman plenamente ciertas medidas adoptadas hace muy poco por el gobierno ruso. Entre ellas: el aumento de los efectivos militares de las fuerzas armadas rusas en 1,5 millón más, por medio de unas sucesivas movilizaciones (los expertos han calculado que las instalaciones militares de Rusia, tienen capacidad de la preparación de unos 300.000 nuevos efectivos cada 3 meses); el paso de la industria del país a la producción masiva y prioritaria del material de guerra a un ritmo de trabajo de 24 horas al día; el incremento del presupuesto militar en más del 30%.

Así que, la Rusia de Putin se está preparando para una guerra prolongada, intentando aprovechar al máximo su enorme superioridad en los recursos. Y hasta que no se llegue a una cierta paridad en lo que gastan en la guerra Ucrania y Rusia respectivamente, el conflicto bélico entre ambos países puede, como ya he comentado, durar mucho más tiempo de lo que piensan algunos.

O, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN cambian de estrategia y proporcionan a Ucrania un armamento ofensivo, que facilitaría a las fuerzas armadas ucranianas la tarea de acabar la guerra cuanto antes, en tres-cuatro meses. Siempre y cuando el Kremlin no tuviera tiempo para movilizar más reclutas y el ejército ucraniano fuera capaz de aprovechar su ventaja operativa en los campos de batalla, conseguida después de un importante avance de sus tropas – en septiembre pasado – en los frentes de Járkov, Lugansk y Jersón. Todo esto permitiría al ejército ucraniano ir liberando sus territorios ocupados por el enemigo ruso, lo que llevaría, con toda la probabilidad, a la caída del régimen de Putin dentro de la propia Rusia, a causa de su derrota militar en la guerra con Ucrania.

De la aplicación en la práctica de una o de otra estrategia por parte de los líderes occidentales, dependerá si en el año 2023, la tan deseada paz, por fin, llegue a la sufrida tierra ucraniana y en Europa se termine una de las más sangrientas y brutales guerras, después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(1)

+
0 comentarios