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TOROS

Navalcarnero: el festival taurino

Navalcarnero: el festival taurino
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domingo 26 de febrero de 2023, 11:16h

Navalcarnero ha sido testigo de una tarde de toros llena de emoción, variedad y mucho corazón. Los fondos recaudados esta tarde se destinaron a la Asociación Español de Cirugía Taurina para la formación de nuevos profesionales. Siete astados, regalados por los ganaderos, fueron estoqueados por seis diestros y un novillero. Los novillos tuvieron buenas hechuras y, algunos, bastante genio.

Uceda Leal abrió la tarde con un ejemplar de Castillejo de Huebra. El torete no quiso tomar el capote, andando desentendido. Una vez vencida esta dificultad, Uceda Leal dejó lances de capa apreciados por el público. La faena puede resumirse en una palabra: elegancia. El novillo seguía el engaño con tal ahínco que clavó los pitones en el arbero. La media estocada, algo caída, resultó suficiente. Una oreja a pesar de que el público insistía en dos.

Diego Urdiales al ver las maneras del castaño de Zacarías Moreno se habrá acordado de las trastadas que aguantó en Valdemorillo. El bicho si regalaba un pase, se lo cobraba a precio de oro. Desde el capote remataba los lances cabeceando y echando las manos delante. La faena transcurrió en silencio. Urdiales aguantó las tarascadas, el desarme, pero se impuso al ojinegro y lo dominó. Un triunfo sobre la fiera. Una ovación.

El Garcigrande que salió al ruedo para Cayetano Rivera no prometía mucho. Al recibir la vara se cayó patas arriba, pero se levantó con rapidez y volvió al castigo. El bicho tomaba la franela con ganas y Cayetano lo toreó ciñendo a su cuerpo. Los achuchones no le impidieron adornarse con varios desplantes en la cara del burel. Media estocada de esmerada ejecución. Una oreja.

El ejemplar de Fernán Bohórquez se dolió de la vara, aunque a la segunda recargó más. Soltó algunas coces durante las banderillas. Paco Ureña tuvo que atemperar su brusquedad para hacer una faena larga de las que paran el tiempo. El público quedó embebido. La estocada delantera hasta los gavilanes. Dos orejas.

El colorado de Ginés Marín rebufaba al ver el capote. Iba con una velocidad de tren y, entre dos, emborronaron el remate del saludo capotero. El novillo de Polo Saiz tuvo gran calidad de embestida: la regularidad y ritmo. El diestro lo supo aprovechar y construyó una faena de pases circulares sin dejarle al toro tocar la franela. Y éste la seguía y seguía cono hechizado. Ginés se quedó con las orejas y rabo; el pupilo de Polo Saiz con la vuela al ruedo.

La obra de Pablo Aguado a uno de El Pilar fue ovacionada y galardonada por una oreja. El toro tomaba el capote y la franela humillando, dejando a Aguado posibilidad de adornarse. Arremetía con tales ganas que en un lance se perdió las manos, echándose sobre arena. La estocada entera, algo tendida.

Cerró el festejo el novillero Manuel Caballero con el ejemplar de Juan Manuel Criado de buenas hechuras de cornamenta gacha. Caballero midió mucho el castigo en varas, sin dejar ponerle otra puya. La faena transcurrió a gran velocidad, el novillo no cesaba de embestir, tirando a pegajoso. Tardó en doblar al recibir la estocada. Un aviso, una oreja.

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