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TOROS

Arnedo. Diego Urdiales y Roca Rey: esto no es torear.

Arnedo. Diego Urdiales y Roca Rey: esto no es torear.
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lunes 20 de marzo de 2023, 08:08h

La puerta grande se quedó chica para los diestros que no cabían en sí de contentos. La plaza llena, el público condescendiente, los toros nobles, sin malicia. Oreja tras oreja, se iban ganando el premio gordo. Las faenas más largas que un día sin pan, como decían los clásicos. Los diestros se dedicaron a andar frente al toro, paseando la guapeza para perder tiempo. Hemos presenciado el toreo reducido al gesto, al alarde, al oropel. Los toros de Algarra, los tres primeros pobres de cuerna, no plantearon dificultades a la hora de ir al caballo, al contrario, embistieron sin rechistar. No han hecho tarascadas, sino acataron las ordenes con paciencia de Santo Job. Los tercios de banderillas han sido mediocres, los quites y lances no reseñables. Todas las estocadas atravesadas y en los blandos.

Diego Urdiales planteó a Mayordomo (1º) una faena basada en la mano derecha, algo tropezada al natural. Una oreja. Vacilón (3º) iba más serio, pero Urdiales le desconcertó dandole muchas vueltas para tan pocos pases. Todo acabó en enganches, tropiezos y mantazos a troche moche. Otra oreja. Con Zambombo (5º) sucedió algo parecido. El toro, de buenas hechuras, apretó en el capote. Diego Urdiales dudó y planteó una faena larga, compuesta de los andurriales y series cortas de tres pases, rectificando permanentemente su posición.

Roca Rey salió con Resabiado (2º), la figura compuesta en cada momento, tan fuera de la realidad de lo que sucedía en el ruedo que a veces parecía un mal actor. Armaba la muleta con exagerada parsimonia. El toro embestía de maravilla. Fue uno del “carril” y sin astas. Jaquetón (4º) salió con más fuerza, Roca le estrelló dos veces en las tablas y el toro se quedó más abobado, más aliñado para la faena de este diestro. El morlaco lo llevaba de un sitio al otro, Roca Rey hacía las monadas de su firma recogiendo las embestidas que podía. Un bajonazo. Un trofeo. Ruiseñor (6º) salió con bríos y velocidad, pero la fuerte puya y una voltereta le bajaron los humos y, además, se lesionó la mano izquierda. Roca Rey se quedó a gusto entre la cornamenta, agradando al público. Otro degüello. El presidente no cedió más de un trofeo, aguantando una gran silba.

P.D. Roca Rey debe de tener cuidado con sus cervicales, porque ese gesto de desafío tan exagerado, echando la cabeza para atrás, haya o no contrario a quien vencer, acabará pasando factura.

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