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AL PASO

De nuevo en Barcelona

Juan José Solozábal
martes 28 de marzo de 2023, 20:22h

La verdad es que había puesto unas expectativas bien altas en mi nueva visita a Barcelona. Se trataba en primer lugar de aprovechar un diálogo con el profesor Joaquín Tornos y mi amigo el notario Juan José López Burniol, que, como ya suponía, en realidad tendría como objeto evaluar la situación política catalana. En segundo lugar mi propósito era asistir a una lectura de tesis que se refería a la teoría constitucional de la Escolástica española, esto es, el pensamiento político, de los padres Vitoria y Suárez.

El diálogo sobre Cataluña tuvo lugar en la librería Byron, organizado por el Club Tocqueville, en un ambiente muy apropiado para la conversación amistosa. Aunque el pretexto fue la publicación de la Democracia en apuros yo tenía muy claro que me tocaba a mí más bien hacer preguntas que aventurar respuestas o soluciones a la situación política de Cataluña. Joaquín vino a decir que en realidad el momento actual no tiene mucho que ver con la circunstancia en que estaba enmarcado el problema catalán durante los años a los que se refieren mis análisis (2015-2018). Y, citando a García Pelayo, sin considerar la historicidad, la política no puede entenderse. La propuesta de reforma de la arquitectura territorial como el avance hacia un modelo de corte federal, sigue siendo necesaria. Pero nos movemos en un clima diverso en el que releer las sugerencias de modificación estructural, aunque continúen siendo válidas.

La esperanza de la democracia reside en la integración en la misma de las mentes de los ciudadanos. Pensar en una democracia meramente institucional es vano. No hay democracia sin demócratas. Como ha señalado el juez Jonathan Sumption en su importante libro Juicios de Estado, “Los profetas suelen equivocarse pero sí que profetizan una cosa : si en algún momento llegara al final de la democracia no nos daríamos cuenta, pues las democracias avanzadas no se derrocan. No salen tanques a la calle ni hay catástrofes repentinas. No hay dictadores confesos ni multitudes enfervorecidas. En lugar de todo eso las instituciones sufren un drenaje imperceptible de todo lo que con anterioridad las hacía democráticas. Las etiquetas seguirán ahí pero ya no describirán los contenidos. La fachada continuará de pie pero sin nada detrás : la retórica de la democracia permanecerá inalterada pero carecerá de significado. Y la culpa será nuestra”.

Las observaciones de López Burniol aparentemente difieren de lo que señala Joaquín Tornos. En realidad no ocurre tal contraste y, bien entendidas, suponen una profundización de lo señalado por el catedrático. López Burniol identifica la lectura federal de la ordenación territorial española con la compatibilidad del elemento unitario y plural del Estado. El federalismo es una forma política de cierta sutileza que atempera la exigencia del principio de igualdad con el del pluralismo. En el caso de Cataluña esto significa: 1- Reconocimiento de la singularidad nacional de Cataluña y consiguientemente su personalidad espiritual. 2-Asunción del principio de ordinalidad en su contribución al Estado. 3- Reforzamiento de las oportunidades de intervención de la Generalitat en la toma de decisiones a través del Senado. Pero estas modificaciones institucionales no servirán de mucho si continua soterrado en el nacionalismo una inclinación exagerada hacia lo propio, lindante con el supremacismo, que no ha cedido, contra lo que pueda creerse. Se diría que muchos comparten, siguen compartiendo, la idea de Pla en su libro Hacerse todas las ilusiones posibles y que consiste en su afirmación de que la ausencia de una consumación nacional en Cataluña es la causa de su desgracia, atribuible al dominio extranjero. La incorporación de Cataluña a España, creen muchos, no ha sido posible y ha dejado al catalán sin patria. Es tarea de todos, también de los constitucionalistas, mostrar con delicadeza en el trato y con hechos lo equivocado que estaba Pla. Pero el empeño es descomunal.

El segundo motivo de mi estancia en Barcelona tenía que ver , decía, con la lectura de una tesis en el ESADE, dirigida por los profesores Jose Maria Castellá y Elia Marzal, sobre las aportaciones de los miembros de la Escuela de Salamanca a la teoría política y constitucional occidentales, teniendo en cuenta el contexto histórico en que se mueven Vitoria y Suarez: monarquías nacionales, reforma protestante, descubrimiento, conquista y globalización con las Indias. Se plantea así la inclusión de nuestros autores en el pensamiento político de su tiempo (Bodino, Hobbes), precediendo tal vez a las obras de Locke y otros autores contractualistas.

El trabajo considera a la Monarquía Española como una forma política moderada, orientada como está, fuera de las referencias de la monarquía absolutista, por el derecho natural, del que recibe la justificación, procurar el bien común de la comunidad, y sus límites. Sin duda la condición servicial del gobierno y la observancia por las autoridades de las exigencias de la prudencia acercan la monarquía moderada al constitucionalismo, en donde tampoco cabe la razón de Estado, y donde el respeto de los derechos fundamentales no deja de ser una renovación concretizada de una ética que guarda parecido con el derecho natural, aunque su justificación no sea ni religiosa ni individualista. En lo que no cabe similitud entre la forma monárquica y el constitucionalismo es en la admisión de la idea de contrapesos institucionales que en la Monarquía Española se entienden innecesarios. Tampoco tiene sentido confiar al poder religioso (o sea el Papa) la custodia del orden jurídico político ante atropellos causados por los gobernantes despóticos. Sin duda el trabajo del joven profesor, Roger Boada Queralt, al que hay que dar una enhorabuena muy cálida, será una referencia imprescindible para el conocimiento de nuestro pasado constitucional nacional.

Barcelona, por lo demás, tan viva y bella, y cortés, como siempre.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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