Sí, señores, la presidencia, el presidente o la autoridad ha estado ausente durante toda la tarde. Me dirán que los del palco estaban allí, pero creó que fue alguna cosa de hologramas, una imagen, una sombra. Seguían de puente. El tendido 7 era el que mandaba esta tarde, o sea, su sector más gritón y falto de criterio. De los que miden el trapío por arrobas y la cornamenta por metros. Así las cosas, se agotaron los sobreros en el tercer toro. Borja Jiménez encaró la tarde de su confirmación con determinación: Curro Díaz ejerció de padrino y José Garrido de testigo. Un toque de atención a los flamantes gestores de la plaza: no hace falta esperar a San Isidro para limpiar las pipas que dejó el anterior festejo.
Deseadito (1º, El Tajo) abrió la plaza. Borja Jiménez, el semifinalista de la copa Chenel, cuajó sus dos faenas demostrando su fortaleza: tanto el toro de la confirmación como Taciturno (5º, Las Ramblas) fueron arrollados por sus pases de dominio. Ambos toros se lanzaban por la muleta veloces, pero les faltaban los pies: se resbalaban y se caían. Borja no se ajustó a sus contrarios, sino los dominaba sin piedad, desgraciadamente, desluciendo las faenas. Con Deseadito logró unas series de naturales, pero se precipitó con la suerte de matar: la estocada corta y tendida. Descabelló a la primera. Ovación y saludo. Taciturno, con destacado velamen, miraba de reojo al torero. Borja se armó de valor y realizó una faena entre los cuernos con desplantes. Sin embargo, el manejo de la franela no tuvo brillantez al ser algo forzado por el desajuste de los temples. La suerte de matar precipitada sin marcarle la salida al toro. Entró a la tercera. Silencio.
Temblador (2, Las Ramblas), una magnífico castaño, estudió la plaza y se encampanó en el mismísimo centro. Se fue sólo al caballo y se empleó. Llegó a la muleta con la cabeza des-ahormada, con tendencia a gazapear, y a probar el aguante del diestro. Curro Díaz coronó la obra con una estocada en corto y por derecho hasta la bola. Temblador, sintiendo el hierro, se retiró con nobleza al terreno de los tercios y sucumbió sin arrimarse a las tablas. Pocosol (4º, El Tajo), una guapeza del bicho, pero no hizo más que tarascadas: escarbar y rehuir a la montura, apretar en las banderillas. Parecía que iba todo al precipicio. Sin embargo, Curro Díaz, toreando por lo bajo, prologó la faena de la tarde. Hemos presenciado una metamorfosis: el astado se creció al castigo y entre ambos han logrado una bella faena, sutil y valiente. Curro Díaz se olvidó de las distancias: ejecutó las series en el terreno de un pañuelo. Llevaba a Pocosol asido a los vuelos de la muleta. Los naturales se engarzaban con facilidad pasmosa hasta que un desarme recordó el genio del toro. La estocada cayó atravesada y caída. La honradez del diestro le hizo entrar a matar de nuevo. Una entera. Gran ovación.
José Garrido y su cuadrilla tuvieron el aguante de ver salir dos sobreros. Novelerón (3º, Enrique Martín Arranz), el titular, destrozó las tablas, se empleó, pero resbaló un par de veces y el palco atento al desaforado 7, atendió la petición. La misma suerte corrió el sobrero Meleno (3ºbis, Martín Lorca). A falta del criterio del palco, mandaba el griterío: otro cambio. El diestro tuvo que verselas con Kuwaití (3ºtris, Escribano Martín): más de cinco años y 603 kilos. Garrido cambió de terreno, pero los primeros pases fueron acompañados con bruscos intentos de desarme. El toro no se aplacaba. Garrido planteó una pelea en el centro del redondel. El conjunto no llegó a los tendidos por la desidia del bicho. Una estocada envainada y un pinchazo. Entera con travesía. Pasacalle (6º, Las Ramblas) tampoco fue un regalo. José Chacón salvó el tercio de banderillas. José Garrido midió al toro y midió el tiempo. Le dejó respirar para no despertar la bicha del 7. Aún así, las series en redondo con el compás marcado, no fueron suficientes para avivar a los tendidos. La estocada en los rubios.