Sayaka Murata tuvo un considerable éxito mundial con su novela Konbini Ningen, que se tradujo en inglés como Convenience Store Woman, y en español como La dependienta (Duomo). La novela tuvo gran repercusión en Japón, donde obtuvo el prestigioso premio Akutagawa, y vendió más de dos millones de ejemplares. Esa novela suya, las venturas y desventuras de la dependienta de un convenience store y su voluntaria búsqueda del anonimato y casi invisibilidad -una canto nipón a la aurea mediocritas clásica- se leyó como una falta de aceptación de las normas sociales impuestas, una suerte de huelga a la japonesa ante las exigencias de la vida. Al fin y al cabo, se trataba de una mujer poco tradicional en su planteamiento social, que buscaba refugio en la aparente normalidad más plana. Sin embargo, a pesar de esa indagación en la normalidad, Murata ha tenido siempre un gusto por lo extraño, y su refugio ha sido en otras ocasiones la rareza, lo grotesco y excéntrico.
Esta tendencia se ve claramente en Chikyū seijin (Terrícolas), en la que Murata se pone no en este lado del espejo sino en el otro, y observa la vida cotidiana como si de algo raro y extraño se tratara. Es el juego literario y vital del observador: dónde está la rareza, lo extraño, ¿en el ojo que mira o en el objeto observado? Es, en el fondo, el drama quizá nuclear de la infancia y de la adolescencia, ¿soy yo el raro o todos estos seres que me rodean? Este tema, que en el fondo es el origen del terror en casi todas sus formas, sobre todo las psicológicas, lo abraza Murata en su literatura, y en su propia vida. Ella misma ha confesado alguna vez que no entendía el amor que le tenían sus padres, su verdadera causa, y finalidad: ¿por qué la amaban? ¿Para qué?
Granta, editorial que está haciendo una labor encomiable con la historia breve, el relato, publicó en inglés en el año 2022 la recopilación de los cuentos de Sayata Murata que han ido apareciendo en revistas, algunas directamente anglosajonas. La literatura actual nipona tiene dos tendencias peculiares y definitorias: por un lado, la enorme cantidad de mujeres creadoras, sobre todo en novela y relato, siempre con un pie en la tradición Heian y otro en la modernidad; por otro, su fuerte relación con el mundo anglosajón, su proyección en el inglés y en sus medios de publicación. A veces esto ocurre con otras lenguas, como el alemán en el caso de Yoko Tawada. Pero la tendencia centrífuga está ahí, esa ansia por, partiendo de patrones e idiosincrasia nipones, proyectarse en mundos diferentes. Es como si subyaciera la convicción de que las culturas son siempre constructos múltiples y variados, pero no por ello menos valiosos. Y de que el ser humano es un ser construido, en gran medida artificial, alejado de una naturalidad obvia.
Life Ceremony [Seimeishiki] (se podría traducir por Ceremonia de vida, Ritual de vida o Ritos de vida) es una recopilación de trece cuentos que nos muestran a una Sayaka Murata desde el otro lado del espejo, el espejo que la escondía en La dependienta. Si esta breve crónica la escribiéramos en inglés, su título podría ser Sayaka Murata goes punk. Aquí no hay escondite sino total extrañeza ante el rito. Y cuando uso la palabra rito, me refiero a las actividades más básicas del ser humano y su condición: la comida, la muerte, el sexo, las relaciones de cariño y amor, el poder y la autoridad, todo se ve subvertido y en cierta manera denunciado por su aparente normalidad, pero profunda extrañeza. En buena medida, son los relatos de un alien, de un ser que se coloca en la ajenidad más honda y a la vez proclama que esa extrañeza es su normalidad. Lo que en Osamu Dazai, otro enorme especulador de la condición humana, se resolvía con una suicidio en pareja, aquí lo hace en la afirmación de lo extraordinario.
En los cuentos de Murata, la ropa se hace con tejidos humanos, las adolescentes adoptan hombres de negocios como mascotas, los humanos llevan a cabos ceremonias funerarias en las que comen al finado por razones personales y ecológicas y a la vez llevan a cabo un rito de inseminación, de sexo asexualizado, con el que sustituyen numéricamente al muerto. Cada objeto, cada sujeto, cada pieza de la sociedad tienen su sustituto, de forma similar al santuario más sagrado de Japón, Ise, que se desmonta y vuelve a montar renovado cada veinte años. ¿Es el mismo templo o es otro? Tradición y modernidad, cotidianidad y asombro, costumbre y horror, todo convive en estos cuentos.
El cuerpo es otra forma de extrañeza, y la comida una actividad casi surreal. Los signos humanos se descomponen, los significantes y los significados pierden el nombre del padre lacaniano, su pegamento, y las cosas se convierten en un juego de mesa en el que no se es lo que se es. En definitiva, la ceremonia de la vida es un análisis semiótico de lo que somos y la vez una celebración de este sinsentido colorista, a veces cruel, a veces cómico, siempre opaco al desentrañamiento, seguramente porque el sinsentido que lo impregna no deja de ser otra construcción. En ese sentido, Sayaka Murata es una autora wittgesnteiniana, y estos cuentos son trece relatos a la espera de que Duomo u otra editorial se anime a hacerlos accesibles para los lectores en español.