www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

EEUU: caraduras que claman por invadir México

Marcos Marín Amezcua
jueves 18 de mayo de 2023, 20:25h

Los embates yanquis contra México, ya sea por razones internas electorales o no -da exactamente igual- mezclan temas amañadamente, con sus oscuras pretensiones de supremacía, sus descarados deseos de dominarlo todo -mostrando las descerebradas estampas de impresentables bocones- que suman a su falta de respeto y su ambición desmedida; buscando por todos los medios la invasión a México -construyendo pretextos vanos- y en el camino, para conseguirlo van revolviendo temas -drogas o migración- narcotizando la abultada, compleja y siempre problemática agenda común, fronteriza, entre dos vecinos antagónicos, distantes, diferentes y cuyo dinamismo es de una interdependencia total, más que de una dependencia unilateral contraria a México, como la pretende enarbolar un sector yanqui de lo más réprobo y retrógrada, y que sabe que no es así, porque la interdependencia es la palabra clave en esta relación bilateral.

A dos velocidades o en dos pistas paralelas o, simplemente, conviviendo al unísono dos tonos y dos procederes contradictorios marcando la siempre compleja y accidentada relación bilateral -fronteriza, encima- entre México y Estados Unidos, llevamos unas semanas donde brotan las chispas y los dimes y diretes entre ambos gobiernos, contrastando con la tersura y elogios zalameros entre sus presidentes. Esos embustes no cuelan y, apartándolos, queda la triste realidad.

En medio, está el fentanilo, los migrantes atorados en la frontera compartida y yanquis caraduras que, en calentones de boca propios de descerebrados, lanzan diatribas y amenazas de invadir México, en tonos que han llevado a límites insospechados por su insultante locuacidad agresiva y jamás vistos antes por el suscrito, pero sí por la Historia. Invadir para frenar la droga y al migrante, espetan.

Vamos por partes en este desaguisado compuesto de tantos vericuetos que merecen atenderse, por lo graves; todos salpicados de desfachatez y desvergüenza tan propia de la soberbia y petulancia de estadounidenses extraviados en sus ideas y entrampados en idioteces que se han asumido cual verdades que no son. Y eso debe de puntualizarse, aunque les joda que se haga.

La agenda bilateral que México busca siempre y con cierto éxito hasta hace poco, separar en los temas que la determinan; y ahora no, más que nunca inconvenientemente contaminada con el narco, resulta en vil pretexto para revolver asuntos y dar pie al injerencismo yanqui, al plantearse como un asunto que exculpa a Estados Unidos, además. De nada ha servido que en los últimos años reconozca ¡al fin! que son causantes del problema con su demanda de estupefacientes. Tiene EE.UU. la chulería y el descaro suficientes para enjaretar el tema al resto del mundo. Muy particularmente, a México. Lo que no sabemos es si acusa bajo efectos de la droga. Sospechamos que sí.

Y así, contamina la agenda para empezar y ya de suyo, con embajadores de Washington, injerencistas, metomentodo y conspiradores, como el anterior Landau orquestando un golpeteo contra la política energética mexicana, tratando de quebrantarla en defensa de intereses non sanctos inmiscuyendo a los colegas de la Unión Europea en México o el actual, Ken Salazar, que un día lanza timorato una sandez que sostiene con otra al día siguiente, mientras finge buen rollo que apenas consigue, cuando un comentario idiota o disparates en su país, revientan todo. Como el del oscuro senador por Luisiana John Kennedy, que muy mentecato escupió: "Sin EE.UU. México estaría comiendo comida para gatos" mientras pide invadirlo, olvidándose de qué sin México, su cine no sería consumido por el vecino del sur en la cuarta posición mundial, así sean sus refritos y churros al por mayor; mexicanos encandilados, desde luego. O que somos su primer socio, o su primer mercado después del propio, consumiéndoles su comida chatarra y sus bebidas de soda que alguien denominó como "las aguas negras del capitalismo" y que ha conseguido que México registre altas cifras en obesidad en el mundo, según la OCDE. Sí, ese es el país que desde México y los mexicanos desde sus entrañas, sostiene la economía yanqui, olvidándolo el botarate y deslenguado senador.

¡Ja! clama EE.UU. amistad perpetua a México. Por favor. A esos siempre ha de tenerlos vigilados en sus pasos. En el camino, la CIA y otras dependencias yanquis financian a grupos opositores al gobierno mexicano -como en otros países- en el nombre de difundir la libertad, flaco favor de quien ha visto tomar el Capitolio y no se le ha pedido ni está para dar lecciones de democracia a nadie. Señalo a Claudio X. González que recibe tales cantidades y con ellas hace política, lo que está prohibido en México con fondos extranjeros. Se quejan cuando en respuesta, el presidente mexicano con el acierto mínimo que le deja el escaso margen de acción, ha dicho a los hispanos que nieguen el voto a los intervencionistas. Golpe certero que ha hecho respingar, ahí sí y con la ley del embudo, a los facinerosos interventores yanquis. Se llevan y no se aguantan.

No es lo único. Mientras Estados Unidos acusa a México de drogarlo con fentanilo, es un acicate que aprovecha para acusar a China, primero, de mandarle la droga, para luego decir que no, que solo envía los precursores y luego que no, que lo envía directo y así dando EE.UU. palos de ciego tratando de llevar la inocultable rivalidad sino-estadounidense al terreno de las drogas, en tanto Pekín los manda al diablo respondiéndoles un día sí y otro también que EE.UU. atienda sus problemas y no reparta culpas. EE.UU. no consigue salirse con la suya.

¿Y eso significa? bueno, algunos de sus congresistas, sin poder por sí mismos, proponen una ruta más complicada que las tonterías del senador Kennedy: declarar como terroristas a los carteles mexicanos para tener un pretexto que les dé sus propias leyes, para invadir México para capturarlos y acabar con la droga. En su obnubilada manera de ver el mundo o, acaso, su simplismo carente de inteligencia, los yanquis se creen la mentira de que se drogan por culpa de terceros, que a México hay que atribuirle semejante mérito y que, invadiéndolo, se dejarán de drogar. Suena muy estúpido y lo es. Y perdón por mi francés.

El tono amenazante de algunos congresistas yanquis -y advierto que tampoco hay que darles más prensa e importancia que en su propio país- amagando con invadir México, acusándolo de no controlar los carteles que retacan de droga a Estados Unidos; va acompañado de ataques viles y acusaciones inopinadas que cruzan la frontera en ambas direcciones. México ha respondido que los carteles yanquis no son detenidos y que sus promotores y dealers son estadounidenses, no mexicanos. Ya antes y esta columna lo ha referido, se les ha dicho que si los carteles son fuertes es porque se les vende armas en EE.UU., ofertadas cuál si fueran caramelos, teniendo su sociedad tiroteos permanentes como muestra. No se puede esperar mucho de un país tan permisivo, que lloriquea la fuerza de carteles mexicanos, mientras sus adolescentes empuñan armas por diversión y sus legisladores solo balbucean en un derroche de frivolidad e incapacidad pronunciadas en inglés, qué ante las armas en las escuelas, los profesores asistan también armados; y donde Trump recién ha dicho que las armas no son malas, los malos serían sus empuñadores. ¡Vaya morro que porta el impresentable acosador un día metido a presidente! Y ese país es el que acusa a México. Tendrán cara.

Los caricaturistas mexicanos con el enorme tono que los describe, se han mofado de EE.UU. pintándolo de drogadicto al Tío Sam, que apenas puede inteligir alguna palabra y dirige su coraje acusándonos de drogarlo, mientras acepta gustoso todas las que se mete. Mejor y más gráfica representación no puede hallarse desde una sociedad, la yanqui, que se sabe desestructurada y, por lo tanto, ávida de drogarse por sí misma, no con ayuda de nadie ni por causa de nadie. No busca quién se la hizo, sino quién se la paga. Acusa a los migrantes que llegan a su frontera sur de ser portadores del fentanilo. Le digo que acusan a tontas y locas. El secretario Blinken se atreve a secundar a uno que otro senador diciéndole que sí baraja invadir México, mientras Biden y López Obrador tratan de no romper la supuesta buena sintonía que los distingue. Banalidades que siembran dudas por un López que ya se va y Biden afrontando una muy dudosa reelección. Ahora que los BRICS y la Asociación de Países del Sureste Asiático anuncian abandonar el dólar como referente o se lo plantean, en medio del endeudamiento brutal yanqui sin solución, se abona a su declive. El mundo se está moviendo, mientras EE.UU. sigue drogándose. Podrá seguir culpando a todos, pero al final "Juan te llamas".

A todo esto, el ofrecimiento de España de acoger iberoamericanos que lleguen a la frontera México-Estados Unidos o mejor, coparlos desde Guatemala y Colombia suena extraño e innecesario. Si apenas se puede con Melilla, parece algo suicida tal ofrecimiento. Pinta para un desacierto mayúsculo dada la envergadura de tal y la cuantía de migrantes que se abalanzan sobre EE.UU. a través de México. Solo agravará las cosas al imantar el asunto a la voracidad de los traficantes de personas, los verdaderos ganadores en el embrollo migratorio.

Y sí, México debe controlar a esos cárteles que, de momento, parece que se le van de las manos. O reacciona o reacciona.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios