Profesora, crítica y escritora. La vida de Jacinta Cremades (Barcelona, 1974) no se entiende sin el amor que profesa por la literatura desde su infancia. Saltó a las librerías en 2021 con Regreso a París (Editorial Duomo). Dos años después, vuelve a las estanterías con La maldición de Kylemore, donde ahonda en el realismo mágico con una historia a caballo entre París y los parajes remotos de Irlanda para describir cómo tres amigas tratan de liberarse de los fantasmas de un pasado que aún les atormenta.
A la venta desde este mismo martes, 23 de mayo, la madrileña librería Lé acogió la presentación de la novela, donde la autora charló con la también escritora Almudena de Arteaga.
¿Qué le inspiró a escribir esta novela?
Me fui en busca de un pasado muy remoto mío, cuando con 14 años me mandaron a Irlanda interna durante un año. Ahí me fasciné por el país, por la cultura, por los escritores. A mí ya me gustaba mucho el mundo de la literatura. No sabía nada, pero me gustó. Me gustó ese país tan melancólico, tan auténtico, y decidí volver años después, ya en la carrera. Viví en Cork, luego en Dublín y empecé a investigar, a querer escribir sobre las leyendas y la historia irlandesa. Luego eso pasó. Hice un doctorado, empecé a trabajar en la universidad y el mundo irlandés se me quedó ahí, guardado durante muchos años. En la biblioteca se quedaron todos los libros que había acumulado y hasta mi tesina de fin de carrera es sobre la historia de Irlanda. Hasta que hace unos años el lugar, la abadía de Kylemore que fue comprada por unas monjas benedictinas para hacer un colegio de mujeres, regresó a mi memoria. Y me volvió la inspiración. En esta novela la historia de Kylemore, del castillo, es completamente real. Los personajes son reales. Esa familia de nueve hijos a los que le pasan una serie de acontecimientos algo dramáticos. Eso lo recuperé para meterlo en una trama que tiene un cierto grado de ficción.
Como le dice uno de los personajes de la novela a la protagonista: ¿qué quieres contar con esta historia?
Detrás de Kylemore, de esa abadía, de estas niñas a quienes les pasan aventuras hay una historia que quiero contar que es cómo Adriana se convierte en escritora. Ahí es donde me sitúo realmente, en el personaje de Adriana. Un personaje que hice mío a través de mis sentimientos, a través de lo que de lo que yo lucho y de cómo acabo convirtiendo un tema de estudios, de recuerdos infantiles, en la trama de una novela.
Una novela con tres líneas temporales, diferentes narradores, puntos de vista. ¿cómo logra uno aclararse con todo ello a la hora de escribir?
Eso me pasó también en mi primera novela. Nunca tomo la historia desde un punto de vista unilateral. Ni siquiera cronológico. Me gustan estos vaivenes, que las historias tengan diferentes puntos de vista. Para mí eso es la literatura: interrogarte sobre qué son los hechos, qué son estas historias, quiénes las ven de una manera y quiénes las ven de otra. En La maldición de Kylemore tenemos el punto de vista de Gela, que lo ve como una maldición real, o el de Javier, que sin embargo tiene esa misma historia y a través de su punto de vista racional vemos que es muy posible que le haya pasado todo eso Adriana sin que sea una maldición. Me gusta entablar las historias desde diferentes ángulos, tanto narrativos como como de personaje.
En ese sentido, ya en cuanto a la temática, vemos tratar el amor desde diferentes aristas: paternofilial, amistad, parejas. y no todas esas relaciones siendo positivas.
La vida es compleja, la vida es incluso absurda. Y eso es lo que me gusta mostrar. No he tenido una vida ni de Nescafé, ni de una familia perfecta y armoniosa, sino que he vivido familias deconstruidas: he vivido un padre ausente, he vivido reconciliaciones, yo misma tengo un divorcio, niñas que educo y además los niños de mi pareja. Me gusta que la familia sea eso, no sólo los que te vienen por lazos de sangre y genética, sino también los que la vida te trae. Yo tengo hermanos que no conozco y, sin embargo, la hermana que yo considero más mi hermana no lo es de sangre.
"La vida es compleja, la vida es incluso absurda. Y eso es lo que me gusta mostrar".
También en el libro vemos esa lucha contra un destino predefinido por otros, por las circunstancias y cómo toma uno las riendas para derrotar esos fantasmas.
Como Patricia, por ejemplo, que es el amor de su padre y acaba desempeñando el rol de madre para Adriana. Y eso es lo que me gusta. El intentar luchar contra estos destinos predefinidos tanto por la familia como por la sociedad.
Unos traumas transformados a través del realismo mágico.
Para mí el realismo mágico es fundamental. Lo vivo en la cotidianidad, sin meterme en la literatura. Además de haber sido una auténtica lectora del realismo mágico en toda la adolescencia y juventud. Me encanta y me dejo llevar. Veo un poco de realismo mágico en muchos otros libros que no se difunden así, como el último que he leído de Laura Alcoba, A través del bosque, a la que se lo dije, que en algunos momentos sí que toca ese mundo, el cual no se ve y al que nos aproximamos a través de las sensaciones y de los sentimientos. Y eso es lo que me gusta. Cómo se funde la realidad a través del paisaje, por ejemplo, en Kylemore. Ese paisaje que puede ser a la vez tan bello y terrorífico, cómo pueden existir tantas realidades reflejadas en el lago. Toda esa magia que también se ve en El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez, que ha sido un libro que me marcó mucho en la infancia. Toda esa realidad que uno imagina, que uno siente, que uno que uno no ve, pero que la tienes delante de ti. Eso es lo que me gusta plasmar y que es muy difícil además hacerlo en la literatura a través de las palabras.
Como la protagonista de la novela, su madre fue artista y usted se ha encaminado hacia la escritura, vida en París, internado en Irlanda. ¿hasta qué punto es autobiográfica La maldición de Kylemore?
Tiene mucho de mi vida personal, por supuesto. Tiene muchísimo. Me gusta partir a buscar estas historias en mis entrañas. Si la historia no la he vivido de cierta manera, no la puedo escribir. No me sale. Si me cuentan una historia y esa historia no la siento mía, no hay manera de que pueda escribir sobre ella. Entonces sí, es verdad que tiene muchas facetas absolutamente vividas por mí.
"Me gusta partir a buscar estas historias en mis entrañas".
La escritura le sirve a Adriana como un catalizador para la liberación de ese pasado traumático. ¿Qué supone la escritura para usted?
Es una liberación. Es como conseguir aceptar un destino que muchas veces he querido luchar contra él. Y no quería tenerlo. Y el hecho de escribirlo, de verlo reflejado en una historia, aunque la historia no sea totalmente real y la madre no sea madre, sino que sea padre, todo eso me ayuda a mí a aceptar mi propio destino.
Con una incesante labor como crítica literaria y profesora de Literatura, ¿cómo es estar al otro lado?
Ya esta segunda novela para mí es un poco más literaria porque tiene más elementos de ficción, juego más con la con la estructura, meto bastante metaliteratura. eso me ha gustado. He visto como que había un cierto cambio respecto a la primera, que era extremadamente intimista y personal, y que me costó mucho escribir porque esa sí que realmente me la arrancaba de mí misma. Estoy feliz y a la vez no desprestigio mis trabajos. Sigo siendo crítica literaria, sigo dando clases y no creo que pueda dejar ninguna de estas tres vertientes literarias. Primero, con la crítica literaria, es para mí un honor, un regalo. El poder entrevistarme con autores durante una hora o dos horas y que me cuenten cómo han llegado a escribir esa novela. Siempre paso unos momentos maravillosos y además me enriquecen como persona y como escritora. Las clases son el único momento del día, con mis alumnos, en el que estoy completamente focalizada en lo que estoy dando. Les entrego todo mi conocimiento y me encanta. Me encanta ese contacto con los jóvenes. Intento despertarles el amor, el amor a Francia porque doy clases de francés, el amor a la literatura cuando doy clases de Literatura. Disfruto con ellos. Respecto a la escritura, siempre he escrito. Es verdad que he tenido la suerte hace unos años de encontrar una editora que ha querido apostar por mí, que me ha publicado. Pero la escritura siempre me ha acompañado desde pequeña. Es como la persona que me escucha. Esa voz a la que le regalo, le vierto todo lo que llevo dentro. Y sólo escribo unas horas al día, al alba.
"La escritura es como la persona que me escucha. Esa voz a la que le regalo, le vierto todo lo que llevo dentro".
¿Ya hay proyecto de tercera novela?
No te lo vas a creer, pero he escrito una pequeña novela en francés que ya está terminada y no tengo ni idea si verá el día o no porque es sobre mi madre y aún no estoy segura de que la quiera publicar. Pero. Novela en español, de realismo mágico y por continuar esta tradición. sí que hay una en mi mente y que se situará o tendrá algo que ver con la Residencia de Señoritas que abrió María de Maeztu en 1915.
La maldición de Kylemore
DE JACINTA CREMADES.

París, 2006. Adriana, aspirante a escritora en busca de su camino, recibe una invitación inesperada. Su amiga Gela se casa y el lugar no ha sido elegido al azar. El enlace se celebrará en la abadía de Kylemore, en Irlanda, el internado donde las dos amigas compartieron junto a su otra amiga Ida una estancia escolar marcada por misteriosos sucesos. El atrevimiento de Gela las sorprende. Ninguna puede romper la promesa que se hicieron entonces: renunciar al matrimonio con tal de sobrevivir.
Pero las tres, unidas de nuevo, vuelven a la inhóspita región de Connemara decididas a esclarecer qué pasó aquella noche del verano de 1994, cuando descubrieron la trágica historia de los Henry, la familia que habitaba la abadía tiempo atrás.
Duomo Ediciones. Disponible en librerías y en Amazon.