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LETRAS, CEROS Y UNOS

Vuelva usted mañana 2.0

viernes 26 de mayo de 2023, 19:54h

Han pasado casi dos siglos desde que Mariano José de Larra escribiera su mordaz crítica a la burocracia española. Ha habido tiempo, pero no hemos querido hacer que las cosas cambien. Aunque ustedes ya lo sepan, amigos lectores, This is Spain.

Acabo de enviar por correo electrónico un tocho… bueno, enfoquémoslo de otra forma, lejos del perspectivismo de Larra: tengo un amigo que me cuenta que acaba de enviar por correo electrónico un tocho que consta de cerca de mil páginas, que se dice pronto. Mi amigo confiesa que no ha usado ni corazón ni cerebro en ese maremágnum de datos, tablas y secuenciaciones. Él, que es un rebelde, un microterrorista cultural, dice que la cabeza y el corazón los usa para escribir otro tipo de textos, aquellos que en realidad requieran de ellos. Para estos insufribles documentos se pone la radio o la fórmula uno o el Sálvame, lo que sea para no tener que pensar y ciscarse en la madre de alguno o de alguna, que promulga leyes como quien hace churros y realmente lo que está haciendo son churros que se promulgan como leyes.

Dice que le gustaría tener libertad a la hora de poder escribir, de crear, porque, de hecho, esos papelotes que hace son relevantes, pero que está constreñido por una burocracia que no ejecuta lo que pide que se haga. Alguien en su despacho sin ventanas domina muy bien el Word y echa sus ocho horas haciendo cuadros de texto insufribles que ora pone del derechas, luego del revés y luego cruza, todo para que quede bonito, porque el fondo que esos cuadritos recoge está bastante alejado de la realidad que mi amigo lleva a cabo en su día a día. Todo es maravilloso, cogidos de la mano bajo el arcoíris afrontamos un destino que reflejamos en filas y columnas. Qué pena que nada de eso exista en el mundo real. Preciosistas de los cuadros de Word, catedráticos en estética del copypaste. En eso, en el fondo, consistió su examen de oposición y eso es, efectivamente, lo que hace todos los días. Cada vez que termina uno de esos estúpidos cuadritos dice que piensa en ellos como si fueran buñuelos de viento, tan preciosos y apetecibles y a la vez tan vacíos.

Él, que se considera una persona creativa, tiene en su despacho su título de funcionario del estado y, aunque no hubo de jurar su cargo biblia en mano, se prometió desde el mismo día en el que su nombre fue publicado en el BOE hacer las cosas de manera diferente. Siempre ha detestado la imagen que se da de los empleados del estado, con su sello entintado y su cara de mala leche. Mi amigo dice que uno empieza queriendo comerse el mundo y luego lo que acaba comiéndose son papeles y más papeles. Él y yo, que estudiamos juntos, tuvimos un profesor de antropología que no pudo decirlo más claro: las personas somos como los wáteres, si nos dan muchos papeles nos atascamos. Sin duda fue su mejor lección ya que por poco nos pone a medir cráneos, pero eso es otra historia que un día ya les contaremos, porque también tiene miga.

Mil páginas, piénsenlo. Mi edición conmemorativa de la RAE de Rayuela tiene mil ciento veinte páginas. Esa joya de Lorca ilustrada por Ricardo Cavolo que es Poeta en Nueva York tiene doscientas cincuenta y seis, y encima huele a tinta que da gusto. El rey pálido de Foster Wallace cuenta con quinientas veinte, la mitad de este tocho digital que elaborado copiando y pegando, sin embargo, es con esta última obra con la que más me identifico perpetrando esta documentación infame ya que la obra póstuma de Foster Wallace va de burocracia, de declaraciones de la renta y de retransmisiones televisivas de golf. La oda al bostezo. Lean mi tocho vacío y surfeen el tedio. Disfruten de perder el tiempo como lo he hecho yo mientras lo hacía.

Porque esa es otra ¿quién lee lo que la burocracia genera? Me imagino un cruel inspector igual que el agente de la Stasi de La vida de los otros. Ahí en su cubículo ministerial, leyendo documentación basura con unos cascos puestos, escudriñando cada párrafo, cada línea en busca de una falta de congruencia, de una afrenta a La Ley, a El Partido y a sus valores. Gente hecha de otra pasta que se lee el Ulises de Joyce del tirón un domingo a la hora de la siesta con una etapa en llano de la Vuelta Ciclista a España que terminará al sprint. Burócratas de raza, capaces de decir de memoria los primeros artículos del código civil sin quedarse trabado en lo de las fuentes del derecho. ¡Qué tiempo puede invertirse mejor que el que se dedica a memorizar!, ¡para qué ser creativos!

Y ahora les contaré un secreto: tengo otro amigo que se dedica a tareas jurídicas entre las que están escribir en boletines oficiales, —como el BOE, pero en el ámbito local y autonómico—y un día entre la quinta y la sexta garimba me confesó que jugaba a hacer acrósticos en la legislación vigente. Que él se ponía a escribir el legajo en sí y luego al ver qué palabra formaban sus iniciales si cambiaba esto y lo otro se leían cosas tales como “Bobo si lo ves” o “Me gusta chingar”. Creatividad pura dentro del páramo de lo original. Eso es uno de esos microterrorismos culturales de los que les hablo. La gota china frente al Vuelva usted mañana, situacionismo de ciudad de provincias en el dos mil veintitrés, vamos.

Creatividad. Buscarán futuros ingenieros, gente que solucione problemas, que mire de otra forma, que piense diferente y que sepa hacer una recta con un canuto y una “O” con una regla, y mi amigo el del tocho, que debería dedicarse a ello, a enseñar a resolver problemas de la vida real con la manguera para dar el baño de realidad en la mano lo que hace son tablillas de Word. Lo de la creatividad si eso para mañana. Siempre para mañana y mañana para mañana será también.

El Monsieur Sans-délai de Larra, el que estaba harto del Vuelva usted mañana al final decide marcharse hastiado de ese eterno futuro que nunca acaba de llegar. Han pasado dos siglos desde aquello, y yo en este sufrido francés lo que veo es a un español creativo y original. A un ser inquieto con ganas de comerse el mundo que decide que no, que no va a pasar su vida con tablillas, cuadritos y chorraditas inútiles. En Asturias lo llamaban “leyendas urbanas” y es que para librarse del Imperio del Bostezo a veces es mejor marcharse allá donde a uno lo valoren por su creatividad. Al fin y al cabo, prueben a pedirle a nuestro esbirro ChatGPT que les haga un cuadro de texto. Quizás en muchas empresas y también en la administración puede que le prefieran a él, porque, por ahora, todavía no le han programado para tener inquietudes y querer crear. Tampoco ChatGPT les va a protestar y además hace unos cuadros preciosos. Mi amigo y yo les dejamos ya tranquilos de tanta letra y tanta metáfora. Mañana, si eso, ya volvemos. Yes, this is Spain.

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