Alicia Marquez Carballo, una enviada especial por las tierras de Extremadura, hizo posible está crónica. El coso de Pardaleras lució bastante cemento esta primera tarde de la feria de San Juan. Trenzaron el paseíllo Antonio Ferrera, Daniel Luque y Leo Valadez. Sus contrarios procedían de Zalduendo, una corrida de varias camadas, falta de fuerza, algo cornicorta, con acotadas opciones para el lucimiento. Todos salieron abantos, muy sueltos en el primer tercio, aunque, con matices, pero cumplieron en el caballo. Las cuadrillas fueron eficaces y vimos buenos pares de rehiletes.
Despojo (1° 10/17), un toro veloz, acudió al capote. Antonio Ferrera veroniqueó con gusto abrochando el galleo con una media estilizada. Costó poner al morlaco en suerte porque andaba distraído. El toro acudía a la franela con ganas desde los primeros pases de prueba hasta los que cerraron la faena. Todo ejecutado en los medios, calculando los tiempos de descanso para el toro voluntarioso, pero justo de fuerzas. Ferrera dosifica al toro y lo aprovecha para una faena bien construida, acortando las distancias hasta llegar a plantarse entre los cuernos. El acero difuminó la posibilidad de trofeos, aunque el público se emocionó con la obra. Ovación. El diestro se superó con Adobero (4° 4/19). Costó tiempo y mucha paciencia envolverlo en los vuelos del capote. Igualmente, se hizo esperar para tomar la vara. Se duerme en el peto. Antonio Ferrera lo saca por delantales vistosos ovacionados por el respetable. Sin preludios ni brindis, cita al morlaco y lleva despacio al terreno más propicio, abrochando la tanda con un pase desmayado al natural que arrancó el primer olé. Al son de Concha Flamenca, las largas tandas se sucedían por ambas pitones. Ferrera se adornaba con su trasteo poliédrico, aprovechando con tino y emoción las cualidades del morlaco, aquilatando los tiempos y distancias y logrando pases naturales y circulares de importancia estética, olvidándose de las distancias y haciendo desplante metido entre el velamen. La suerte suprema, vistosa, de su sello, con la muleta al hombro y andando con aplomo hacia el enemigo. Repitió tres veces perdiendo los trofeos.
Zumaque (2° 11/17) se dejó véroniquar por Daniel Luque. El pupilo de Zalduendo mete riñones y recibe considerable castigo por su empeño. Luque da comienzo a la faena por estatuarios, pero el bicho acaba a punto de perder las manos. El diestro mantiene en pie al astado llevándolo a media altura, sin insistir, sacando pases con parsimonia, poco a poco: el toro se dosifica mucho su embestida. Alarga los muletazos al natural, convirtiéndolos en casi circulares. El toro claudica. Luque no: porfía por seguir adelante, aunque sea en la cara del toro mirando al tendido. Tardó poniéndolo en suerte, a la segunda llega una estocada hasta los gavilanes. Una ovación. Sitiado (5° 1/19) se hace esperar. Los primeros lances, suaves como seda, le sentaron bien, pero el toro mirón no quiso ni ver al varilarguero. Así desbarajustó toda la lidia hasta que recibió un capotazo destroncador y se quedó tendido en la arena, fue preciso colearlo para que se levantara. Ya de pie, quedó evidente que se lesionó una pata trasera. Luque voluntarioso, construye una faena pase a pase, aguantando algunas peligrosas tarascadas del contrario lisiado. Acabó con el morlaco con dos pinchazos, sin entrar a matar más. Un descabello certero.
Leo Valadez desorejó a cada uno de su lote. Despido (3° 11/17) andaba recorriendo el redondel haciendo caso omiso al capote. Valadez llamó la atención del astado y, después de la vara, galleó con oro, cambiando a lances de frente por detrás, rematando con vistosas aserpentinadas. El público estaba rendido. El toro se paró en seco después del tercer pase de rodillas: no tenía brío para el toreo por abajo. Leo se dio cuenta, se levantó como un rayo y cerró la serie. La faena transcurrió en los medios, el toro tenía una arrancada alegre, pero no dejaba ligar largas tandas porque se paraba. Leo buscaba la cuadratura del bicho para mantenerlo en pie y seguir con la faena. Al natural llegaron pases despaciosos, profundos y sin una sola arruga. Aplausos. El cierre por circulares invertidos hasta que el toro queda aplomado sin remedio. La estocada de grandiosa ejecución remata la obra. Rueda sin puntilla. Una oreja. Petición de segunda, pero no se concede.
Desordenado (6° 10/17) fue el más vistoso de esta corrida, muy enmorillado y cornigacho. El toro tomó la iniciativa y se fue al caballo sólo: de este trance el picador salió derribado y atrapado por el caballo sin consecuencias. La faena de gran interés porque sólo las pueden hacer los toreros dominadores, pero a ala vez sutiles observadores del enemigo: aprovechó todo lo bueno y limó las asperezas del castaño. Firme y sin permitir ni siquiera un enganche. El toro se impacienta y comienza a ceñirse en demasía, pero Leo Valadez sorteó las dificultades rematando la faena con un desafío por luquesinas, es decir, cambiando las manos por detrás. La estocada excepcional, increíble. Se dobla. Una petición atronadora. Una oreja.