Cuando hay un toro en la plaza se retratan todos: los toreros, el público y los comentaristas. No hay otro espectáculo que retrate tan bien, tan a las claras, al espectador. Y entre los espectadores incluyo a todo este mundillo de los plumiferos-escribientes, como yo, y a los comentaristas de la pantalla o de la radio. Cuando los “miuras” salieron por los chiqueros, la tarde de la feria de San Fermín con todas las orejas, las figuras y demás oropeles, y el triunfalismo se quedó en poco. Una muestra de destreza a lo mejor. Los zancudos y largos “miuras”, de 600 kilos de promedio, con su dureza en las varas y cuantioso velamen retrataron nuestras filias y fobias. Los comentaristas quedaron callados para no quitar la importancia a las puertas grandes ya concedidas. La afición… Se ha puesto en evidencia, la tan “alabada” e “incomparable” y “única” afición de Pamplona, empequeñeció y no pidió trofeos para Juan Leal y pocos pidieron lo que merecía Jesús Enrique Colombo, y qué decir de esa gente sentada en la barrera de espaldas a lo que sucede en el ruedo, mientras se zampan la merienda.
Rubén Pinar comenzó y acabó la tarde con una larga cambiada de rodillas. Por desgracia, Reinasolo (1º 12/17) le cogió y fue volteado con violencia. El impacto fue tal que le retiraron inconsciente de la plaza. Juan Leal se hizo cargo del bicharraco. Lo citó en los medios con un pase por la espalda, el toro se deshace en calamocheo y saltos al embestir. Otro por la espalda y se da una lucha descomunal entre un torero de mucha personalidad y valor y un marrajo que resiste. Consigue Juan Leal los pases redondos. Se acallan hasta las charangas incrédulas del valor que han visto en el ruedo. A la segunda una estocada entera. Y una mera ovación del premio.
Jesús Enrique Colombo se esmera con Almagreño (2º 1/18) desde el galleo de saludo y para ponerlo en suerte para las varas. Tres esmerados pares de banderillas, uno al violín, un brindis al alcalde de sol y comienzo de faena agarrando las tablas. El toro acudía noble a la franela, dejando series ligadas, pero el torero tuvo que poner mucho tino para que no se perdiera las manos el enemigo. Colombo se adorna con oportunos molinetes y desplantes. Acaba por manoletinas y una estocada entera de buena colocación. Una oreja.
Juan Leal realizó una de las más bellas portas gayolas de varias temporadas. Esperó, citó y echó una larga saliendo airoso y de pie, no gateando como la gran figura del día anterior. Famoso (3º 2/18) iba captando hasta el último movimiento del personal. La puesta en suerte por chicuelinas al paso y una faena meritoria al toro resabiado y maliciado. El diestro impuso las distancias cortas al morlaco que no las aguantaba. Sin afectación, ni aspaviento tomó el pulso al “miura” por ambos pitones. Remató de rodillas entre la cornamenta del bicho. El estoque entró 2/3 en buen sitio. El toro muere sin doblar las manos. Sin trofeos. Una vuelta al ruedo.
Gustavo Martos se salvó de la embestida de Farándolo (4º 2/18) por un milagro: al derribar al picador el torazo iba a por él pero se le enganchó un cuerno. Muy complicado para banderillear, pero Colombo remató con magnífico par al violín. La faena menos áspera que la anterior, por la condición algo mejor del morlaco. Las cuatro cuajadas series bastaron para que el bicornio aprendiese y quedase parado a la espera. Para sacarlo de letargo, Colombo se pone de rodillas, remata con un desplante sin muleta y una gran estocada hasta las uñas. Sin trofeos… ni siquiera una triste vuelta al ruedo. ¡Penoso palco de autoridades!
Papelero (5º 2/19) buscaba desesperadamente la salida, hociqueando las tablas. La faena de Juan Leal arriesgada, sin posible contrapartida estética, pero de gran actuación del diestro que aguantó con valentía y buscó con gran conocimiento las alturas y distancias para sacarle pases al marrajo por ambos pitones. Además, con la dificultad añadida del viento. Creció el matador y se atrevió a desafiar tanto al público atontado como al bicho que le cayó en suerte. Muleta al albero y la chaquetilla abierta frente a la cornamenta. Todo un gesto. La estocada hace guardia, pero su ejecución fue de nota. Un aviso. Descabello.
Colombo recibió a Panadero (6º 1/19) como Rubén Pinar: una larga de rodillas. Esta vez salió bien. El torero echó la montera en la cara del morlaco para que entrara en su quite por zapopinas y le puso tres magníficos pares. El toro galopaba a velocidad de caballo para tomar la pañosa, dando lugar a vistosas tandas, desarme incluido. Aparte de intercalas afarolados y ejecutar pases de giraldilla, Colombo se empeñaba en acariciarle la testuz. Gran obra rematada por una gran estocada. Rueda sin puntilla. Una oreja.