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Ensayo

Esmeralda Balaguer García: Los límites del decir

domingo 30 de julio de 2023, 21:49h
Esmeralda Balaguer García: Los límites del decir

Tecnos. Madrid, 2023, 240 páginas, 29’95 €. Excelente ensayo sobre la razón histórica y el lenguaje en el último Ortega donde vuelve a constatarse que nuestro primer filósofo propicia inagotables estudios.

Por Concha D’Olhaberriague

Cada vez que me enfrento a un libro sobre el pensamiento de Ortega se renueva en mí la convicción de que es un autor inagotable, vivo y precursor de muchas escuelas que hicieron fortuna con posterioridad a su muerte, acaecida en 1955. Escrito con una claridad y fluidez que invitan a la lectura a cualquier persona interesada por el ensayo filosófico, el libro de Esmeralda Balaguer responde a una composición de raigambre clásica. Integrado por un breve prólogo y tres capítulos, el más sustancial, el que expone la parte central de la investigación y las propuestas fundamentales de la autora, es el segundo: “La nueva filología”. En las escasas páginas que abarca el prefacio, la profesora Balaguer sintetiza la tensión entre literatura y filosofía, viva en Ortega y patente desde que empieza a escribir y a publicar. Asimismo, nos proporciona el método de lectura más adecuado para su libro, procedente de la tesis doctoral que leyó en 2021.

El primer capítulo versa sobre el exilio existencial del filósofo, certera denominación de Balaguer, haciéndose eco de las palabras de Ortega, quien amplía el significado habitual de la voz implicando un estado de ánimo más complejo y un tiempo en que el exiliado no se encuentra trasterrado, como decía José Gaos. En un pensador raciovital como Ortega, el exilio deviene circunstancia influyente cuya impronta se percibe tanto en la biografía como en la obra, siempre íntimamente enlazadas en su caso.

Balaguer recoge (p.67) la siguiente reflexión orteguiana acerca de la naturaleza y las consecuencias del exilio para un filósofo: “El destino del filósofo es bronco, áspero y terrible, porque conduce inexorablemente al primer exilio de todos, al existencial, al que tiene que ver con el cuestionamiento incluso del propio quehacer y con la necesidad de volver la mirada hacia el interior para meditar futuras nuevas acciones”. Si bien algunas intuiciones apuntan ya en los primeros años, el marco temporal de Los límites del decir. Razón histórica y lenguaje en el último Ortega es el de la “segunda navegación”, tal como anuncia el subtítulo del libro.

Fue el propio filósofo quien, en el prólogo a sus obras de 1932, puso en circulación con un éxito indiscutible el dinámico marbete de “segunda navegación”, tomado del Fedón platónico, con el fin de aludir al viraje que se proponía imprimir a su obra y a su vida, postergando la actividad pública, periodística y política intensa de los años anteriores en pro de una mayor atención al desarrollo de su Nueva Filología, fundamento de la filosofía de la razón vital y propedéutica de un modo de vida acorde con su proclama de que la realidad radical es la vida de cada cual.

Por su parte, el tercer capítulo, lejos de desmerecer de los anteriores, tiene calidades notables en términos literarios. Esmeralda Balaguer anuncia en el título que nos va a presentar la praxis o aplicación del método anejo a la Nueva Filología y cumple con tal propósito. Mas, seguramente, lo más relevante es el modo que elige para llevarlo a cabo, muy atractivo y original desde un punto de vista literario y filosófico, pues recorre los heterónimos orteguianos o personajes, ficticios la mayoría de la primera época e históricos a partir de la segunda navegación.

A su manera y según el caso, tales personajes le permiten al filósofo prestarles su mirada y opinión o bien hacer una finta a sus silencios proclamados y redactar una suerte de autobiografía parcial implícita que requiere de un buen hermeneuta para ser leída e interpretada en buena ley.

Cuando se trata de personalidades históricas de primer rango y de épocas distintas: Cicerón, Juan Luis Vives, Velázquez, Leibniz, Goya, Goethe, el tono es más grave y menos lúdico que con los heterónimos ficticios. En ocasiones, el apelativo elegido resulta ingenioso y evoca a los héroes de novela caballeresca, a despecho del origen vasco del apellido. Así sucede con Rubín de Cendoya, “místico español”.

La panorámica se enriquece con las peculiaridades de cada alter ego, y las afinidades -alguna que otra vez no tan fáciles de detectar en una lectura apresurada- que Ortega apunta, deja caer, permite deducir o reconoce, a pesar de que nunca se trate de ensayos meramente encomiásticos, e incluso, en el caso de Goethe haya una severa crítica a la falta de autenticidad del escritor por no seguir las directrices de su vocación y quedarse en Weimar al servicio del gran duque. Algo parecido, mutatis mutandis, le reprocha a Velázquez.

Estamos, en suma, ante un libro excelentemente escrito, lleno de sugerencias y rutas por explorar, que analiza y muestra con nitidez el carácter semper virens del pensamiento lingüístico de nuestro primer filósofo.

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