La penosa política del Ayuntamiento de Cenicientos, tanto del anterior como del actual, ha desgraciado la feria del pueblo. Una feria taurina pensada para los aficionados que todavía aspiran a ver seis ejemplares pujantes y, sobre todo, pertenecientes a una sola ganadería resultó en un cartel de esquiroles. Los diestros contratados recibieron un breve mensaje sobre el cambio de condiciones unilateral pocas semanas antes del festejo. Los profesionales se pusieron de huelga a través de la Unión de los toreros, la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles y la Asociación Nacional de Mozos de Espadas. Pero poco se puede hacer en tan poco tiempo con una plaza que arrastra los impagos desde los tiempos de los toros de Guisando. ¿Quién tiene la culpa? ¿El Ayuntamiento? ¿El empresario? ¿Quién es el responsable de la tarde sórdida y trágica del 14 de agosto de 2023? Me temo que no lo sabremos nunca. Para que no caiga en olvido la perversa gestión de la corrida, sería todo un gesto regalar al actual alcalde, quien remedió los carteles con unos esquiroles, la cabeza de Lucero (3º), y las de los otros cinco distribuirlas por las otras dependencias de la casa consistorial como medida preventiva.
Salieron los seis ejemplares de Don Tomás Prieto de la Cal. Unos mozos tan bien hechos y armados que no pisan el ruedo de las Ventas desde… ¿2013? En el año 2021 la Asociación El Toro de Madrid hizo circular las noticias sobre la donación de toros de la dicha para la corrida de Beneficencia, pero parece que nadie apechugó el regalo. Así anda el coso venteño quejándose de que se acabaron los toros bravos. Perdonen la digresión, regresemos al coso corucho. Los ejemplares no acusaron el cansancio que implica un viaje de Huelva. Se presentaron en todo su vigor. Salían a la plaza con fuerza, remataban en tablas y tomaban las varas, si el picador acertaba, a considerable distancia. Rompedor (1º 12/17) fue al caballo cruzando todo el redondel cuatro veces. El público aplaudía de pie. El mismo honor, el aplauso unánime del respetable, recibieron otros dos toros nada más salir de los chiqueros: imponían seriedad y respeto. Ligero (5º 1/19) iba a caballo solo, prescindiendo del desordenado revuelo de capotazos, y fue agujereado hasta seis veces. Nadie se atrevía hacer el quite o sacarlo del caballo. Los picadores, de cuyo nombre no quiero acordarme, no pusieron ni una vara en condiciones porque el bicho les ganaba en velocidad y pericia. Carasucia (6º 9/18) rompió la vara como un palillo, tomó nota y no entró más. Todos estaban conformes con su voluntad. Eso es un manso con verdadero poder dirigiendo la lidia…
El héroe de la tarde se llamaba José Otero Beltrán: se desmonteró por parear al Rompedor (1º), pero su hazaña fueron los rehiletes a Lucero (3º 5/19) que no le correspondían, pero sacó la raza viendo las cuatro salidas en falso y puso dos pares dejándose entalblerar por el torazo y sin contar con los quites. Una hazaña entre pálidos esperpentos vestidos de plata.
Siguiendo el desorden de lidia, hemos de mencionar a un herido grave, Alejandro Conquero, quien salió en tercer lugar, aunque el programa del festejo lo anunciaba como el segundo. Venegas, el director de lidia, se hizo cargo de la mala muerte del animal y todo se quedó en un mano a mano con Joaquim Ribeiro “Cuqui”. El ruedo de Cenicientos fue el décimo circulo del Infierno, no añadido por Dante a su inmortal obra sólo para no contradecir a los antitaurinos de Vaticano. El círculo o el ruedo de Cenicientos dejó retratados los miedos, las espantás, las miserias, los mezquinos intereses y el silencio de los medios de comunicación supuestamente “taurófilos”.