www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Carta abierta de Gadir a Anson

martes 22 de agosto de 2023, 20:01h

Querido Luis María,

Me ha gustado mucho tu artículo -entristeciéndome el mensaje- sobre el malestar de la Guardia Civil sabiéndose moneda de cambio del secesionismo catalán. Pobres civiles militarizados siempre en guardia, siempre a nuestras órdenes -que diría Chiquito de La Calzada-, más temidos que amados por los españoles pedos, que se acullonan ante el espectro del tricornio en los arcenes; árbitros de la buena práctica que parecen haber nacido para sacarte la tarjeta roja, esa que te deja tiritando la bancaria -como decía Enrique Morente-, mandándote al banquillo veraniego del secano, antítesis del chiringuito. Gran cuerpo que hace mucho más y bueno que eso por este país invertebrado.

Me interesó mucho también tu artículo demandando un gran ministro de cultura. En esto soy muy pesimista.Tendría que ser un hombre del arte y de la política por igual -empezarán a llevarse ministros cadetes, por el hábito guerrero-, un híbrido raro que no abunda, precisamente, que nos remitiría a André Malraux.

Además, España en lo de aquilatar la cultura va a trasmano casi siempre. Ahora se aplica a diario por redescubrir a Sorolla haciendo entregas florales a la puerta de su casa, como los del 98 en la tumba de Larra, mientras advierte tarde y extrañamente que el Reina Sofía estaba renqueando y subían los resoplidos Atocha arriba. El estado patrimonial español del Reina Sofía es magnífico, aunque no de nivel europeo, exceptuando a Antoni Tàpies y algunos otros. Pero su gestión parecíale a más de uno haber quemado las naves de la universalidad moral que es más ancha que el ancho mundo; y más arbitraria, pienso yo.

Y pensando yo por existir yo, y por participar de alguna forma en lo público cultural, había planeado ir este verano a Madrid y organizar entre mis amigos más revoltosos una meada en la tapia del Reina Sofía, como la que organizaron los poetas de 27 en la Real Academia, Alberti a la cabeza. Pero, de pronto, llegó el relevo de directores. Además, mi raciocinio desecha rápidamente tales alardes de la voluntad, de mi voluntad pasiva. Me sale el raro Cernuda que llevo bajo las siete llaves o el sensato Dámaso que me guarda bajo su capa -¡a mí la Guardia sensata!- el dicterio que me perdura del pleistoceno. Por otro lado, la edad de mis amigos y la mía empieza o termina por ser provecta y la próstata empieza a ser un adorno navideño debajo de las bolas; vamos, que eso de orinar muros va siendo un deseo inalcanzable.

Y lo peor, tal vez, es que, en verdad, la España que abunda es la de Sorolla, en pleno 2023, un romántico del esplendor que pinta como en un aquelarre de fuego. Incluso cuando la conflagración flagrante del posmodernismo transitorio inundaba la España de la trancisión, el pueblo era sorollista de confesionario. Ahora también lo es el Estado y éste, lejos de celosías, tiene la mejor megafonía. Soberbio pintor, don Joaquín, que nos pertenece hoy a algunos artistas menos que Millares, Tàpies o Barceló. Incluso Picasso, querido Luis María, nos va pareciendo ya un tatarabuelo cebolletas.

¿Qué pasará en el futuro inmediato con los jóvenes pintores españoles testigos de este reflotar sorollesco, si como dijo André Malraux por profunda que sea la verdad que quiere proclamar el artista, si no dispone más que de ella, se vuelve mudo?

Si las cosas se celebraran y consagraran a su debido tiempo, ahora estaríamos en cabeza del arte mundial de nuestro tiempo y dándole a los jóvenes la dinamita que conviene a los pollos... Es un decir musical.

Ahora empieza lo bueno. ¿A ver qué carrera hace san Jerónimo?

¡Abrazos grandes, como los de Aleixandre!

Abur, Anson... Abur

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios