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ORIENT EXPRESS

La siguiente guerra

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 03 de septiembre de 2023, 19:20h

El pasado viernes 1 de septiembre efectivos del ejército azerbaiyano bombardearon las posiciones armenias en las localidades de Sotk y Norabak, en la región de Gegharkunik, fronteriza con Azerbaiyán y famosa por el lago Sevan, el mayor del Cáucaso Sur. El ataque dejó cuatro armenios muertos y uno herido. En la agresión, las tropas azerbaiyanas emplearon drones y fuego de morteros. El pretexto fue un supuesto ataque armenio en Kalbajar, una localidad de Nagorno-Karabaj actualmente bajo control de Azerbaiyán.

En el marco de la guerra híbrida que Azerbaiyán viene librando desde 2020 contra la República de Armenia y contra los armenios de Nagorno-Karabaj, la desinformación desempeña un papel central. Al mismo tiempo que asfixia a la población civil de Artsaj, acusa a Armenia de buscar una nueva guerra y de provocar acciones de represalia por parte del ejército azerbaiyano. La técnica de manipulación es antigua, pero efectiva. La propaganda nazi acusaba de forma recurrente a Polonia de amenazar al III Reich pocos días antes de desencadenar la II Guerra Mundial. El incidente de Gliwice fue la operación de falsa bandera que los nazis orquestaron como pretexto para atacar a Polonia. Azerbaiyán viene sirviéndose de cualquier pretexto desde hace años para bombardear y disparar a los armenios. Si las tropas armenias se despliegan, Bakú invoca una amenaza. Si permanecen estáticas, Azerbaiyán alega tiroteos. No hay nada que Armenia pueda hacer en su propio territorio que su vecino esté dispuesto a tolerar sin abrir fuego.

En paralelo a las acciones contra el territorio de la República de Armenia, está la campaña contra los armenios de Nagorno-Karabaj, que, desde hace más de siete meses, sufren un asedio que los priva de alimentos, medicinas, insulina, energía, combustible y otros bienes de primera necesidad. La propaganda triunfalista de la “liberación” de los territorios que pasaron a control azerbaiyano en 2020 contrasta con la crueldad del trato a los armenios que resisten en Nagorno-Karabaj desde el acuerdo de alto el fuego que detuvo las hostilidades. Con Stepanakert a tiro de su artillería, Bakú ha decidido someter a los armenios por hambre, un arma devastadora. Cuando el clamor internacional por el bloqueo de la ciudad ha llegado a hacerse molesto, las autoridades azerbaiyanas han enviado desde Bakú un convoy de alimentos con fines propagandísticos… mientras impiden el acceso de los provenientes de Armenia y de Francia.

La violencia contra los armenios fundamenta la movilización nacional en Azerbaiyán contra un pretendido enemigo exterior. Ni la República de Armenia ni los armenios de Artsaj suponen amenaza alguna para su vecino. No fueron ellos quienes dinamitaron el proceso de Minsk ni quienes desencadenaron la guerra de 2020. Sin embargo, el presunto peligro armenio sirve al gobierno de Azerbaiyán para distraer la atención de los gravísimos problemas internos que su país atraviesa. Desde las sistemáticas violaciones de derechos humanos hasta la corrupción institucionalizada, que ha terminado afectando incluso a las instituciones europeas a través de la llamada “diplomacia del caviar”, el régimen de Aliyev agita las banderas de guerra para ocultar lo que le está haciendo a su propio pueblo.

Aprovechando la coyuntura internacional, que ha convertido a la Unión Europea en comprador preferente del gas azerbaiyano, Bakú estrecha el cerco en torno a los armenios de la región dondequiera que éstos se encuentren. Aliyev no se deja disuadir ni por las protestas estadounidenses ni por la presencia rusa establecida en el acuerdo de alto el fuego de 2020. No lo detienen ni las protestas de los parlamentos nacionales ni las manifestaciones “deeply concerned” de la Unión Europea. Esto no significa, por supuesto, que haya que detenerlas, sino más bien que hay que intensificarlas. Si algo puede impedir un nuevo genocidio contra los armenios, es la presión internacional.

De todos modos, sería un error creer que esta deriva militarista pone en peligro sólo a los armenios. Las tensiones entre la República Islámica de Irán y Azerbaiyán vienen incrementándose desde diciembre de 2022. Teherán y Bakú se han expulsado recíprocamente diplomáticos y han intercambiado advertencias sobre escaladas bélicas. Ha habido acusaciones cruzadas de acciones de servicios secretos y de operaciones de inteligencia. Si Bakú insiste en esta deriva belicista de los últimos años, las consecuencias pueden ser impredecibles.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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