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TOROS

Crónica taurina en El Imparcial. Bargas: el toreo caro

Crónica taurina en El Imparcial. Bargas: el toreo caro
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(Foto: Efe)
martes 19 de septiembre de 2023, 10:11h

El mes de septiembre es muy taurino. Si agosto es el del toreo de ferias, de gente alegre, desbordada por ociosidad, el de septiembre se ha vuelto la quintaesencia del toreo. Sobre todo, lejos de las grandes capitales. Curioso. Una de las plazas en espera de que el toro pise su albero es la de Bargas. Los astados de hoy, procedentes de Pedrés, tuvieron hechuras, morrillo y badana. Y un velamen suficiente para secar una colada. La bravura también, mas ésta no iba acompañada de fuerza. El toro se salía de sí por embestir, pero el ánimo apresado por la flaqueza complicaba las faenas. Los diestros, Juan Leal y Gómez del Pilar, abordaron las complicaciones con valentía y arte, Álvaro Lorenzo quiso sobreponerse, pero algo de experiencia con encastes complicados le hará grande. Los tercios de vara salieron bien: los toros embestían de frente y con fijeza. Los de a pie lo pasaron peor porque varios morlacos compensaban la falta de fuerza con ingenio: observar, esperar y atacar fue su táctica. La presidencia puso muy alto la exigencia: sólo concedió unos apéndices ignorando peticiones de mayores recompensas.

Juan Leal se ha superado a sí mismo. Hace un año daba miedo verle en el ruedo, ahora da gusto su seguridad, entrega y sabiduría. Guantero (1º) se portó bien tomando el capote, pero tendía hacia las tablas y perdía las manos. Hubo un momento cuando la plaza pensó “aquí se acabó” porque el toro se tumbó sobre el albero agotado. Juan Leal lo animó, con temple, sin brusquedad, sin someterlo. El toro tuvo recorrido y franqueza. Los dos se amoldaron y hubo una faena inventada de la nada y un toro que embestía sólo por el buen trato que le daba el diestro. Luquesinas de cierre y alguna diablura del bicho mirando de reojo, para acabar con un pinchazo hondo bastante para tumbar al animal. Vivillo (4º) se gustó al ser ovacionado de salida y dio relieve al saludo capotero. Un bicho listo, se malició en las banderillas y llegó a la flamigera muy mirón y de embroque corto. Ahí estuvo Juan Leal para ahormarle. Le sacó hasta lo que no tenía: alargó su viaje, sometiéndolo con la mano baja y lo llevó por pases redondos por donde mandaba la mano del diestro. Se esfumaron las distancias, evitando con la cintura el embroque, Juan Leal se hizo con el bicho que le olió azorado que alguien se atreviera a meterse entre sus pitones para tentar su paciencia. Una estocada de dos tercios. Una oreja. Petición de la segunda no atendida.

Gómez del Pilar en vez de esperar atacó a Versace (2º) con una larga cambiada. José Luis Treviño, al banderillear, se salvó por milímetros de una cornada. El toro acudía a los flexionados veloz y dispuesto. El diestro no estaba para perder esta oportunidad: ligó las tandas, esquivando parones y adornándose de rodillas. El toro no era de fiar y menos cuando se volvía en un instante a punto de encunar al diestro. Mucho ánimo hay que tener para aprovechar estas ocasiones y ponerle la mano sobre la testuz. Se acabó todo en una estocada entera, pero algo atravesada. Una oreja. Macareno (5º) tuvo sus extraños. Su faena fue dedicada al autor del pasodoble dedicada a Gómez del Pilar. No es fácil componer un pasodoble y menos lo fue lidiar a Macareno: el toro ensimismado, cabeceaba y asaltaba la muleta. Una obra de gran mérito que no suele tener eco en los tendidos: muchos detalles, mucha lucha encubierta, mucho pensar en la cara del toro.A pesar de la querencia del toro, el espada remató al toro en el centro de la plaza.

Álvaro Lorenzo tuvo por enemigo a Capitán (3º), un castaño maravilloso, que se dejó llevar a los medios a capotazos y luego por muletazos. No obstante, la primera tanda ovacionada fue suficiente para que diera a su embroque un punto de mal genio: comenzó a ceñirse, buscar y la expresión estética de los primeros pase se iba espaciándose más y más. El hierro no entró. Sonó un aviso. Se echó el toro por cansado. Guantero (6º) tuvo ímpetu, pero la lidia a troche moche lo dejó desgastado. Cambio. A Macareno (6ºbis), parecido al toro devuelto, también le apretaron más de la cuenta entre un varazo y los capotazos destroncadores. Ya que no quedaba más recambio, Lorenzo lidió lo que le quedó después de la lidia: ajustándose al velamen desbordante, pero que no tuvo maldad. Una faena pasó desapercibida. El diestro no estuvo a gusto.

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