El último concurso de ganaderías tuvo su interés. La variedad de encastes, pelajes y comportamientos ha sido abrumador. Desgraciadamente, solo Marcos Prieto y Diego de Valladar se desmonteraron por rehiletear con tino, lo demás fue de recurso destacando el desastre protagonizado por Vicente Varela y Francisco Javier Sánchez Araujo. Al ser un concurso, los tercios de varas adquirieron más relieve. Eso hizo que faltas pasable en otras ocasiones hoy se convirtieran en fallos graves: el primero de todos es que se carga al máximo, dejando al morlaco mermado; sacar al toro se convierte en un largo paripé para desgastarlo más; barrenar ya no es un defecto. Hubo ejemplares que llevaron hasta siete agujeros en el pellejo. El público iba dispuesto a ver medias lidias: prefería que el toro se desgastase agujereado en las varas que esperar a ver la faena. La presidencia desacertada con los cambios de tercios y otros matices.
Serafín Marín, aunque llevaba cerca de ocho años sin pisar el ruedo de Las Ventas, estuvo muy torero. Cabañito (1º 4/19 Partido de Resina) recorrió el redondel en busca del refugio, dando espantás a todos los capotes. Flojeaba de remos traseros, protestado por los tendidos, pero no cambiado por la presidencia. Marín se esmeró en sacarle unos naturales y derechazos, pero el toro no tenía fuerzas para rematar las tandas cortas. El estoque entero lo tumba sin puntilla. Su segundo, Mexicano (4º 11/18 Pañajara), se quedó parado: embistió desde la tercera marca dos veces y aún le han puesto otra vara. La estocada entera y ovación al diestro.
Ruben Pinar exhibió la mixtificación del toreo. Con Triana (2º 12/18 Samuel Flores) puso tierra de por medio y el recurso de los recortes que a cuerpo limpio quedan muy valientes, pero con el engaño en la mano deslucen mucho. La estocada entera y caída. Descabello. Castellano II (5º 12/18 José Escolar) fue un toro importante: aunque echaba las manos pa’lante, intentando pisar las verónicas, mejoró mucho en el último tercio. Llevaba la cabeza baja, perseguía la franela cuando tenía ocasión para ello, ya que el torero se paraba, daba bocinazos y no dejaba embestir. Protestas a la obra destemplada y aplausos al arrastre.
Gómez del Pilar hizo las mejores faenas. Manisero (3º 9/18 Victoriano del Río) apretó a Gómez del Pilar a las tablas, pero este torero, cuajado en mil batallas, supo sobreponerse y llevarlo a los medios. El bicho, al sentirse podido, empezó buscarle un tranquillo al diestro, colándose. Cuando llegó a la faena llevaba unos 6-7 agujeros por barrenar dos varas. El diestro ahormó al morlaco por flexionados, este iba avanzando a gran velocidad, sin diferenciar el fin del embroque con el principio del siguiente. El acero deslució la obra. Dos avisos. Una ovación. Sombrero (6º 9/18 Pedraza de Yeltes), un castaño alto y de hermosas hechuras, tomó las varas desde segunda y tercera marca en el albero. La presidencia se precipitó en cambiar del tercio, el diestro confirmó su decisión a pesar de las sonoras protestas de los tendidos. Al oponerse, Gómez del Pilar tuvo que lidiar a dos enemigos a la vez: protestó el brindis de un toro importante, salvado del desgaste en las varas. De rodillas, con decisión y los machos bien atados le sacó los primeros pases y remató mirando al tendido. Toreó al natural por ambas manos, esquivando tarascadas y aguantando miradas, culminó la obra con dos tandas de pases redondos. Maravillosos. Ay, si el público hubiera tenido algo más de benevolencia y hubiera reconocido que el diestro acertó con el tercio de varas. La estocada delantera, descabello certero. Un aviso y ovación. Ovación al arrastre.