Los toros de Victoriano del Río y dos del hierro “Toros de Cortés” han dado mucho juego. El sexteto ha puesto en evidencia a los diestros sacando lo mejor de Castella y Ureña. José Chacón hizo una gran tarde con el capote junto con Rafael Viotti a quien acompañó al alimón. Las varas resultaron accidentadas: Guillermo Marín fue descabalgado por su empeño a apretar al toro; Ignacio Rodríguez se llevó un golpe, pero cosechó sendos aplausos por recordar el uso de la vara de detener sin barrenar ni rectificar. La presidencia estuvo francamente mal: un ramillete de desaciertos fue coronado por la indecisión o un simple olvido del pañuelo rojo. Don Eutimio Carracedo Pastor alargó la espera inútil del castigo merecido por el quinto de la tarde.
La primera parte de la tarde presagiaba un gran aburrimiento a pesar del quite de Ureña y la respuesta de Castella. La lentitud de Sebastián Castella, muleteando a Lastimado (1º 3/19), llenó la plaza de tedio. El estoque defectuoso y largo intento de descabellar. Jungla (2º 3/18), con gran velamen, salió para Paco Ureña y quedó muy resentido por las sendas varas en el brazuelo. Tuvo la mala suerte de recibir las banderillas en el mismo sitio. Iba sin alegría, pegando gañafones y cabezazos, pero Paco Ureña se mantuvo firme: se cruzaba a cuerpo descubierto ante el morlaco incierto. Los hierros sin acierto.
Los marrajos de Cortés han dado un vuelco a la tarde: dos ejemplares competían en mansedumbre, se asustaban de su propia sombra, husmeaban el ruedo y observaban con desesperación el redondel. Devoto (4º 2/19 Cortés) dio 626 kilos en la romana y se le notaba en los pausados andares y una gran badana. Castella aprovechó su indecisión para engancharle y alejarlo por suaves capotazos de las tablas. Recibió siete picotazos corriendo de un varilarguero a otro, mientras la presidencia y el director de la lidia observaban estupefactos sin cambiar el tercio. Sebastián Castella, sin ajustes ni probaturas, levantó a los tendidos de pie con la primera tanda. Se llevó el golpe de costado, se repuso y sacó las tandas más ligadas de la temporada, de trazo firme y de mando indiscutible. Una gran obra hecha a un toro manso de solemnidad. Un aviso. El estoque no entró al toro parado. Una silba al arrastre. Una vuelta al ruedo a petición de público.
Se creía que un toro no puede ser más manso que el anterior, pero todavía quedaba Andaluz (5º 2/19 Cortés). Toda la cuadrilla le buscaba por el ruedo. Nada pudo con él. Rehuía los engaños y engañó a los varilargueros serpenteando entre ellos. Unos picotazos. Las banderillas negras llegaron después de la gran bronca al palco. La ausencia de quites puso en peligro a los rehileteros. Ureña lo desafió en los chiqueros y sacó a los medios, donde porfió por sacar una faena. El peligro sordo acompañaba cada pase. El matador se crecía ante el peligro, esquivaba los ataques frontales del bicho y se imponía. La serie de pases de castigo fueron cumbre, los olés que lo acompañaron eran reconocimiento a un toreo eficaz y no pintoresco. Ureña ha devuelto el sentido estético a la eficacia y al mando. La estocada fue ejecutada aguantando el brusco arranque. El descabello arriesgado: el astado aprovechaba cualquier ocasión para empitonar al torero. La vuelta al ruedo por la sonora petición.
Tarde reveladora de Ginés Marín. El torero inteligente, listo en extremo, sabedor de la técnica como pocos, se entrampilló. Vamos, se salió por la tangente. Estuvo con el mansote Distante (3º 2/19) un par de minutos, sin emplearse a fondo. Con su segundo, Pudoroso (6º 8/18), no sabía qué hacer: después de las hazañas de sus compañeros, anduvo dudoso y estropeó a un toro muy aceptable. Ambas estocadas fueron de buen parecer, pero hechas saliéndose de la suerte con la habilidad de un gran prestidigitador.