El llamado boom latinoamericano fue uno de los movimientos más decisivos del pasado siglo. Fenómeno literario, cultural y social se desarrolló entre los años de 1960 y 1970. Nació en Hispanoamérica, pero pronto influyó en todo el mundo y muy especialmente en la literatura en español. Antes de la eclosión del boom y de sus autores, otros de las letras hispanoamericanas habían comenzado una renovación estilística de gran calado. Así, entre otros, el mexicano Juan Rulfo y su extraordinaria novela Pedro Páramo, el uruguayo Juan Carlos Onetti y el gran cuentista argentino Jorge Luis Borges. No obstante, la nómina más ortodoxa, admitida y estudiado de los nombres del boom la forman el mexicano Carlos Fuentes (Ciudad de Panamá, 1928-Ciudad de México, 2012), el argentino Julio Cortázar (Ixelles, 1914-París, 1984); el colombiano Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927-Ciudad de México, 2014) y el peruano, hoy también con nacionalidad española, Mario Vargas Llosa (Arequipa,1936), de quien está a punto de llegar a librerías su nueva novela Le dedico mi silencio.
Precisamente estos cuatro escritores –Fuentes, Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa- son los que firman Las cartas del Boom, un extraordinario testimonio de primera mano en el que por vez primera se reúne la correspondencia entre el soberbio cuarteto. La estupenda edición del volumen corre a cargo de Carlos Aguirre, Gerald Martin, Javier Munguía y Augusto Wong Campos y está organizado de dos maneras que nos explican sus propios responsables: “Una ‘clásica’, cronológica, y otra, diremos ‘moderna’ al no separar las cartas por remitente, de forma que los cuatro autores resuciten la conversación simultánea que los unió durante años”. La consecuencia de esta organización, es, como bien recalcan los editores, que “este libro es menos una recopilación de cartas que una gran narración en primera persona que pasa pronto del singular al plural”.
Como es preceptivo en una edición filológica que se precie, se incluye una amplia introducción que, entre otras cosas, contextualiza perfectamente la propuesta, y explica las dificultades de llevarla a cabo, pues no todos los remitentes y destinatarios fueron por diferentes razones igual de cuidadosos en la conservación de las misivas (el más metódico tanto para las que recibió como para las que envío fue Carlos Fuentes). El volumen aporta también numerosas y clarificadoras notas a pie de página, una Cronología, unos muy útiles índices de cartas y de nombres citados en ellas y reproduce una histórica fotografía, la única conocida en la que aparecen los cuatro, junto a otros escritores, como Juan Goytisolo y José Donoso, que fue tomada en la población francesa de Bonnieux el 15 de agosto de 1970. Asimismo, se añaden unos Apéndices, donde se recogen, por un lado, trabajos de unos sobre otros -por ejemplo “Rayuela, de Julio Cortázar. Un libro mayor”, o “Carlos Fuentes dos veces bueno”, debidos, respectivamente, a Vargas Llosa y García Márquez-, y entrevistas, y, por otro, varios documentos de gran interés para la comprensión del momento, como, entre otros, la “Carta de intelectuales latinoamericanos y europeos a Fidel Castro”, en relación con la detención del escritor cubano Heberto Padilla. Un caso, por cierto, que supuso una gran fisura entre los cuatro. Muy significativo es, como aclaran los editores, que, aunque en esta misiva aparece el nombre de Gabriel García Márquez, él declaró después que nunca la había firmado y que fue su compatriota y amigo Plinio Apuleyo Mendoza quien, sin consultarle, puso su nombre.
El autor de Cien años de soledad escribió en una misiva a Carlos Fuentes: “Las únicas asociaciones de escritores que considero útiles y solidarias son las que se establecen mediante el contacto personal y la correspondencia privada entre escritores amigos”. De esa correspondencia privada dan cumplida cuenta las doscientas siete cartas que estas cuatro excepcionales figuras no sólo de la literatura en español sino de la universal se cruzaron entre 1955 y 2012, siendo las más significativas las fechadas entre 1955 y 1975, que se agrupan bajo el epígrafe de “Pachanga de compadres”.
Los asuntos abordados son variados, preferentemente cuestiones relacionadas con la literatura, con la lectura de sus respectivas obras, que se comentan unos a otros, en general con admiración, opiniones sobre títulos de otros escritores –por ejemplo, Cortázar arremete contra Alejo Carpentier-, consejos sobre editoriales, economía..., acontecimientos históricos, sus estancias en distintas ciudades, sus métodos de trabajo, la escritura de sus obras... y también -aunque no se busquen en el libro chismorreos-, temas personales como planes para verse y algún que otro desencuentro y distanciamiento por materia política –en especial en cuanto a la dictadura castrista- o personal, si bien no se explicita el célebre puñetazo de Vargas Llosa a García Márquez a la entrada de un cine en Ciudad de México el 12 de febrero de 1976 que aborda, por ejemplo, Xavi Ayén en su crónica Aquellos años del Boom, y, recientemente, de manera novelada, Jaime Bayly. No poco se ha especulado sobre ese episodio, pero ni García Márquez ni Vargas Llosa lo aclararon.
En cualquier caso, estamos ante un libro imprescindible. Bien apuntan sus editores: “Encontrar cuatro grandes escritores en un contexto histórico casi sin paralelo, comunicándose durante varios años para dialogar sobre novela, literatura en general, historia latinoamericana, sus propias biografías y la dinámica de sus ideas dentro de este contexto, es absolutamente único”.