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CRÍTICA LITERARIA

Reseña de Claveles rotos, de Antonio Mata Huete

Reseña de Claveles rotos, de Antonio Mata Huete
(Foto: Centro de Documentação 25 de Abril)
Javier Mateo Hidalgo
lunes 20 de noviembre de 2023, 08:07h

Desde una de las casas del barrio de Chiado, en Lisboa, una mujer escribe al ordenador sus memorias. Lo que en ellas vuelca no sólo es testimonio de su propia vida, sino Historia de la misma Portugal. Unas décadas decisivas en el devenir del país transcontinental, iniciadas con el Estado Novo o régimen de Oliveira Salazar —cuyo principio tendría lugar ya en 1933, siendo la dictadura occidental más longeva—, proseguidas por el relevo en el mando de Marcelo Caetano en 1968 y el advenimiento de la democracia en 1974 con la Revolución de los Claveles; un tiempo de esperanza que desembocaría en un nuevo —aunque más sutil— control de las libertades con la CIA de por medio, representado en el régimen constitucional y parlamentario portugués actual.

A lo largo de aquellos años, nuestra protagonista desarrolla su vida y, con ello, pone a prueba su capacidad de resiliencia: desde su nacimiento e infancia en territorio español —donde ella y su familia son sometidos y forzados a llevar una dura vida como trabajadores del campo a las órdenes de un terrateniente—, pasando por una huída preparada por su tío a Portugal, siendo ella adolescente —y debiendo trabajar en la casa de una tía adinerada, sirviendo como criada— y, por fin, logrando ser dueña de su propio destino y encabezar el movimiento social de derrocamiento de la autocracia lusa, junto a su pareja más duradera —la única que dejará un recuerdo imborrable y agridulce en su vida—. Pasará por la cárcel y sufrirá de amores, pero nunca dejará de ser ella, al contrario: de cada episodio saldrá siempre fortalecida. Esto hará que ella misma afirme que “los milagros existen”: “Nunca creí en nada que no fuese real y palpable, materialismo dialéctico, y por eso creí en el milagro, en el mío, porque sucedió y lo viví”.

Ni de ella ni de su amante sabremos sus nombres, siendo decisión de la protagonista ocultarlos para evitar consecuencias nefastas en las vidas de ambos, en caso de que el manuscrito cayese en manos de personas con malas intenciones. Y es que la confesión que nos entrega, mediante su voz, resulta de gran dureza. Puede haber acciones reprochables si se sacan de contexto, pues se trata de un relato donde se impone la supervivencia y la búsqueda de una justicia que sólo las personas honestas pueden conseguir con sus obras, cuando parece que el mundo las deja a su suerte. “Releo una y otra vez todo lo que llevo escrito y cada vez estoy más convencida de que cualquiera en mi lugar hubiera tirado la toalla y se hubiera dejado arrastrar al abismo para quedarse allí para siempre. [...] Por eso me siento orgullosa de lo que hice y ya no me queda remordimiento alguno en la conciencia”. Escribir se convierte en un acto liberador, en una necesidad de despojarse de aquellos recuerdos que tanto sufrimiento han costado a quien los ha llevado a cuestas. Una forma de dejarlos libres para ir olvidándonos y ser, de una vez por todas, libre y feliz.

Así de poderosa es la protagonista de la novela Claveles rotos (Cuarto centenario, 2023). Su autor, Antonio Mata Huete, construye un personaje de gran fuerza y personalidad, que hace gala de la necesidad de construir el destino, sin esperar a que éste actúe sobre nosotros. Los claveles o “cravos” esperanzadores de la propia historia o de la historia social —la historia con hache mayúscula— podrán acabar “quebrados” cuando las circunstancias que se escapan a esta voluntad —pues no todo puede dominarse— nos embistan con sucesos inesperados, dando un giro copernicano a los acontecimientos: “Pero el destino, mentira, la propia vida, estaba a la vuelta de la última curva, […] aguardándome para que ajustase cuentas con mi pasado. Y las cuentas, las deudas, salían totalmente en mi contra”. Como la propia Historia, que deja que sus pétalos más coloridos acaben ajándose, perdiendo su color rojizo: “Todas las revoluciones han sido un auténtico fracaso, tanto las sangrientas, por desgracia casi todas, como las románticas. El poder corrompe hasta a los propios revolucionarios y el sistema, sea el que sea, no permite que nadie saque los pies del tiesto”. Por algo las grabaciones musicales en discos giraban a una velocidad uniforme que les daba tantas revoluciones por minuto. Porque la propia palabra revolución viene a contener ese significado de volver a pasar por el mismo sitio tantas veces como sea necesario. Y eso es la naturaleza humana, capaz de hacer tropezar a quien camina tantas veces sobre la misma piedra, cometiendo idénticos errores al ir en su carácter. Y las consecuencias de esas acciones erradas repercuten en quienes se encuentran alrededor y nada de culpa tienen, haciendo si cabe su miseria todavía más gravosa. Ese será el caso de Celeste Martins Caeiro, personaje fundamental en la famosa revolución lisboeta, que fue adjudicando distintos claveles a los militares que estaban librando la batalla contra el antiguo régimen. Flores que acabaron en sus armas. “Los años y el sufrimiento, habían dejado huella en su rostro. Me contó los detalles de ese día tal y como los he dejado escritos, pero también me dijo que nunca había recibido el más mínimo reconocimiento por parte de nadie, menos aún del Gobierno, tan solo de los ciudadanos de a pie que la reconocían, le agradecían su gesto de aquella mañana, que también influyó para que la Revolución fuera incruenta, y escuchaban sus penas como yo hice en ese momento”.

Ya desde su índice, Claveles rotos llama la atención del lector. En el sumario de contenidos, la escritura se estructura en torno a unos capítulos donde se entrevera lo numerado y lo nominado; los números se alternan con los títulos hechos palabras de algunas de sus partes, las más importantes por el sentido histórico y sentimental de quien las cuenta, ya sea de boca de la protagonista o de quien la inventa y escribe —su autor, es decir su “padre”—. Mata levanta una narración extraordinaria, en la que no faltan datos históricos de los hechos mencionados, así como descripciones únicas de los lugares más memorables de la Portugal que él tanto ama y que sus personajes recorren en su propio espacio y tiempo. Lisboa, Figueira, Setúbal, Oporto y otros lugares con sus relieves naturales y arquitectónicos inconfundibles se igualan en protagonismo con las figuras de carne y hueso —o, mejor dicho, de tinta y papel— que pueblan esta historia, éstas sí con nombres: el Nino, Branca, el Resti, Dolores, el Mutilao o Margarida nos hablan con la misma verosimilitud que lo hacen otros nombres históricos como la propia Celeste, Zeca Alfonso, Marcelo Caetano, António de Spínola, Junquera dos Reis o José Salgueiro Maia.

Con su volumen, Mata cubre un nicho dentro de la novela histórica necesario, de la misma forma que con parte de su relato nos recuerda, en costumbrismo y tremendismo, lo mejor del Camilo José Cela de La familia de Pascual Duarte o del Miguel Delibes de los santos inocentes. La historia de una España rural desgarradora, donde no se escatima ningún detalle para hacernos sentir esa lucha por la vida constante que tantos individuos anónimos tuvieron que sobrellevar, con mejores o peores resultados. Y, por qué no en lo cinematográfico, una estampa escrita de ese Crímen de Cuenca que Pilar Miró filmó y que tantos disgustos le trajo por la verdad de lo contado. Es más: el lenguaje empleado en Claveles rotos renueva el género por cuanto arroja torrentes narrativos imprevistos, plenos de un lenguaje directo y transparente, aunque también áspero y crudo. La sexualidad y la violencia aparecen subrayadas, recordándonos el Eros y el Thanatos freudiano como dualidad implícita en el ser humano. La pulsión de vida y de muerte se manifiestan con un lenguaje que carece de cortapisas, valiente y directo, que también sabe descansar en las descripciones líricas y poéticas. Valiéndose de una hermosa simbología que aplicar a personas, lugares y cosas, las descripciones de parajes naturales y urbanos resultan verdaderamente únicas. Como expresa muy acertadamente el médico y humanista Jesús Romero en el texto previo a la obra, ésta “se percibe” como una “guía poética de Lisboa” que “gira en torno a una ser humano, en todas sus connotaciones sufrido, sufridor pero muy valiente, y a la vez como un continuo prólogo de hechos y circunstancias que están por llegar plasmado como una secuencia cinematográfica donde el autor cuida al máximo cualquier detalle menor”. En definitiva, Claveles rotos no es sólo una fábula que pone en pie una respuesta contra el abuso de poder ejercido contra una persona o contra una sociedad: es un canto de amor al ser humano y a lo que le rodea, personificado en un lugar tan mágico como Portugal. Leyendo sus páginas, no podemos evitar sentirnos embriagados por el aroma de las jacarandas, la humedad con sabor a sal que llega desde el mar, los cantos de los fados —e, incluso aunque no aparezca, la Estudiantina portuguesa que acabaría convirtiéndose en himno dentro y fuera de sus fronteras, la belleza de la arquitectura manuelina y, sobre todo, el sentimiento de saudade: “algo a veces inexplicable porque te derrota el alma aún estando donde quieres estar porque ahí, donde ya estás, un pensamiento, una sensación, una percepción, una pasión, un estremecimiento, una nostalgia… ya te habían sucedido antes, en otro tiempo”.
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