Qué tendrán los científicos cuando se ponen a escribir literatura. Creo que es una reflexión que hay que hacerse. Y la respuesta es: los enlaces. Todavía me sorprende cómo una historia tan cruda como la de Mattia y Alice, aquellos números primos gemelos, «solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad», según explicaba el propio autor, lograra el petardazo literario que supuso. Sí, La soledad de los números primos elevó a los altares literarios al italiano Paolo Giordano, que pasó de la Física a dedicarse a la escritura. Eso ocurría en 2008 y era entonces un joven científico y escritor, nacido en Turín en 1982.
Desde entonces hemos podido leer algunas otras obras, Como de la familia o Conquistar el cielo, hasta la actual Tasmania que de nuevo le publica Tusquets. No voy a descubrir por qué el título, es algo que se hallará en la lectura, porque como buen científico, Giordano va de enlaces; aunque sí puedo añadir una frase un poco críptica: en caso de apocalipsis, Tasmania. Es una novela complicada de resumir –o no–, porque va de las relaciones humanas siempre malogradas, en la que un periodista científico quiere escribir un libro sobre la bomba atómica; pero además vive, y en ese vivir se incluye una relación tormentosa con su pareja Lorenza, los problemas de su amigo Giulio por la custodia del hijo, y el conocimiento y la amistad con el profesor Novelli, que le permite enfrentarnos al reconocimiento de la mujer en el ámbito científico. En suma, hace un repaso todo lleno de enlaces por la vida y las relaciones humanas. Siempre frustradas, en Giordano me temo que nadie se salva. ¿Ocurre acaso también en la vida real? El protagonista menciona la necesidad, como escritor, de seguir contando «ambiciones y esperanzas truncadas».
Roma, Turín, París y Japón son los escenarios en que enlaza todos los desastres medioambientales sugeridos por la bomba atómica y la maldad de la civilización, así en general, porque sus personajes coinciden con todas las desgracias o atentados que se han producido en concordancia con los tiempos de la novela; siempre hay alguien ahí. ‘Apocalipsis’ se titula la primera parte, también la más extensa. “Las nubes” la segunda, en que aparece sobre todo la cuestión de la discriminación de la mujer y cómo tomar partido o no hacerlo, y una última breve, “Las radiaciones”, que voy a resumir copiando una frase del texto: «Al final la bomba nos ha alcanzado. Como me dijo ella a mí: Lo que queda, al final, son las radiaciones».
Porque Giordano concluye, y me permito el spoiler final: «Escribo sobre todas las cosas que me hacen llorar». Y lo hace bien. En ocasiones sus enlaces resultan obsesivos, durante la lectura yo sentía un “ya está bien”, a veces, pero me mantuve firme, y al final lo agradecí. Qué repaso a la realidad desde el punto de vista de la maldad humana. Y a la dificultad de las relaciones humanas. Una frase que sirve para esos enlaces en los que todo cabe y a lo que todo se le hace una revisión: «Los datos no mienten. Lo hacen, a veces, las personas».