La obra de Eduardo Chillida es un chillido de pasión amortiguado, una fanfarria muda de misterios... Chillida-Leku es un chillerío cósmico que solo oyen los oídos del alma. Me gusta su obra escultórica embutida en el bosque, herrajes de la razón sobre el tapiz de la exhuberancia.
Como dibujante, don Eduardo tenía el pensamiento desnudo y el deseo ardiente, el alma de Edo (Edo-ardo), aquel paraíso urbano japonés donde las estampas de la vida flotante se plasmaban sobre el papel de un solo trazo, sin usar la goma de borrar, esa que a mí tanto me ayuda. Es lo que, en realidad, hace el lápiz de nuestra mirada cuando traza la vida, tal cual es, en el reverso de nuestra frente antes de que la enmarañemos nosotros.
Para Chillida lo importante era deshacer la madeja de las formas, descarmenar la melena del tiempo, para manejar bien las hebras del orden, de la sanidad racional; para puntear las cuerdas tersas del laúd del pensamiento que se enredan temporalmente: armonía geométrica; silencio acompasado.
El perfil de una mano era para Chillida el mismísimo monte Fuji, el macizo de Igueldo, la montaña misma del Paraíso... Una montaña era para Chillida la potencia de un vaciado mental; una obsesión de vacío que en absoluto es vacua; un abismo relleno de expectación, como el hueco de una mano; un nido esponjoso de alabastro donde reposar eternamente la mirada plumoncita.
Si Henry Moore fue 'el último escultor del Renacimiento', como vio Anthony Caro, Eduardo Chillida es el último ingeniero de la poesía prehistórica; entendiendo la pre-historia como el reducto inocente que antecedió al paréntesis de la larga carrera del cinismo que no cesa, y al cual siguió el neosalvajismo de la posmodernidad, cuando la economía y el teatro salvaje se retroalimentaban, como dijo Paco Nieva.
No pertenece la escultura de Chillida a la vorágine misma de la Historia, porque él así lo quiso; vive al socaire de la angustia existencial de los siglos, que no le fue ajena al final a su autor. Lo dijo uno de sus hijos.
La obra de Chillida es una frente que piensa sin ideas y siente sin sentidos; tiene mucho de ser primitivo, primario, en crecimiento... Animal inteligente. Y esto por su misma energía intrínseca primero -materia seleccionada- y la que le ha inyectado su creador, que es razón rupestre insuflada. Su acto artístico para con el hombre -desperezo emocional- sucede en una dimensión propia, telúrica y gigantesca, vigente hasta en las pequeñas obras. Energía que brota de las entrañas mismas de la tierra para quedarse en la tierra, atravesando el humano arco voltaico.
Al vernos pasar a nosotros, en derredor, tan efímeros y pequeños, y compadeciéndonos casi, después de invitarnos a una larga mirada, sus obras nos despiden sin remedio, pues su destino es la soledad, la de un ser superior y eterno en su reducto. Pero ya algo de su energía nos ha quedado dentro.
Debió ser Chillida quien hiciera el primer trasplante de corazón mineral a la tierra... En la tierra. Debió sacar el órgano rocoso y caliente de las entrañas y moverlo hasta allí donde tenía nueva vida semántica para los hombres, como ágora de pensamiento mineral... Como claustro de sagrado silencio... Como parnaso arqueológico del porvenir.
Si para Miguel Ángel Buonarrotti la escultura estaba dentro de la piedra, para Eduardo Chillida es la piedra la que late dentro de la escultura: piedra-piedra toda ella, toda alma, toda espacio y viento y bisutería de hierro y sol geométrico.
Decía Paco Nieva, el bravo espíritu candente del Teatro de España, el amante aventajado de Moliére, el hermano enamorado de De Ory, el alquimista del plomo que no fragua... Decía que la escultura de Chillida era un volcán silencioso de ideas y sentimientos... La obra de un romántico... Un trasunto de Wagner mismo.
Y bien podría ser, Chillida, la edificación escultórica de una nueva prehistoria lírica; las piedras y herrajes de la razón soñadora (astuta geometría del pedernal); el fructífero coito del hierro y la roca...
Y un misterioso 'cómo' o, tal vez, muchos... ¿Cómo descarmenar las madejas del caos?; ¿cómo alumbrar una lógica bella con la materia de la exhuberancia?; ¿cómo esculpir 'seres-en-el-mundo' (Heidegger) de piedra viva y férrea 'almadura'?; ¿cómo hacer una tocata y fuga en puro granito?...
Y otros misterios insondables.