Ni el frío ni la lluvia afectaron al público: sólo faltaba un tercio para llenar el coso. Habrá contribuido también la decisión de facilitar la llegada de los aficionados de Madrid. Los novillos de La Cercada estuvieron bien presentados, limpios y con carácter. No se ha caído ni un ejemplar a pesar de la costumbre de cargar las varas y desgastar al toro mínimamente bravo en su lucha con el tanque protegido por el peto. Los de La Cercada solían empujaban mucho, aún así salían con ganas de volver al caballo. Los lances, en general, al sobrar el percal se emborronaban. Las modas lo afectan todo y vivimos la época de los capotes y muletas suficientes para sustituir una tienda de campaña. Las seis estocadas salieron defectuosas en mayor o menor grado.
Ismael Martín perdió a Morisqueto (1º 11/20) en el burladero del tendido 4: el toro, encelado con el capotillo del peón, no cejaba en el intento de alcanzar al subalterno, mientras el diestro llamaba la atención sin éxito. El animal llegó a la faena aconchado: no hubo manera de sacarlo de las tablas. Martín lo arrinconó, jugándose la vida sin necesidad ni estilo. El morlaco se llevó una sonora silba no merecida. Su segundo, Nocivo (4º 1/21), fue recibido con una larga cambiada de rodillas, acompañada por buenos capotazos. No se sabe los motivos de ensañamiento del picador con el bicho, quizá fuera por precaución. Las banderillas puestas de nuevo por el novillero, intercaladas por los recortes, destroncaron al animal. Aún así, el enemigo se prestó y acudió al cite: con la muleta en la mano el diestro guardaba las distancias prudentes, rematando la obra con las bernardinas ceñidas.
Nek Romero, seguro y sereno, mostró su dominio desde el principio de la faena que hizo al Enemigo (2º 12/20). Sin embargo, las series de muletazos redondos, con el tiempo se disiparon por todo el ruedo. Los aceros se estancaron y sonó un aviso. Ovación. Asistente (5º 12/20) fue uno de los pocos ejemplares cuidados por el varilarguero. El animal arrasó a Romero en el primer pase estatuario: el novillero se dejó empitonar antes que rectificar su posición. Se impuso de nuevo por estatuarios y logró series por ambas manos a pesar de los intentos de su contrario a desquitarse de él. El colorado no se movió ni un ápice a la hora de la verdad, pero Nek Romero lo tumbó con eficacia. Una ovación.
Samuel Navalón salió por la Puerta Grande. ¿Qué hizo para triunfar? Mucho. Derrocha toreo y seguridad nada más pisar el albero. Le debemos las mejores puestas en suerte de la tarde: llevaba al astado entre los vuelos de chicuelinas al paso y lo dejaba frente al picador. Noventa (3º 1/21) recibió una vara en la paletilla. El quite ceñido y un comienzo escalofriante con Navalón adornando la incierta embestida con un afarolado de rodillas. Se esforzó por sacar los muletazos limpios, sin dejarla enganchar. Un gran conjunto de pases y un gran acople con el toro celoso dejaron muy buen sabor de poca, algo desvirtuado por las trilladas bernardinas. Una oreja. Más complicado todavía fue Clavelito (6º 12/20), un castaño bocidorado, que acortaba la poca distancia que le separaba del diestro. Quedan para el recuerdo los flexionados y las series al toro buscón en un espacio de un pañuelo. Una oreja. Estoqueó con decisión.