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Novela

Berta Dávila: La herida imaginaria

domingo 11 de febrero de 2024, 22:42h
Berta Dávila: La herida imaginaria

Destino. Barcelona, 2024. 158 páginas. 17,95 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Aránzazu Miró

Cuando leí Los seres queridos, de Berta Dávila, resalté la maravilla que supone la publicación a la par del original gallego y su traducción al castellano (realizada por la misma autora); ahora ha ido más lejos, y quiero destacarlo: se ha publicado simultáneamente en gallego, catalán y castellano. No es sino una gran fortaleza de la edición literaria.

La herida imaginaria es compleja, en su estructura, porque enlaza, como la vida misma, tantos hilos que se engarzan en una única madeja –o no–. El tema, o los temas, que en realidad son los que a nosotros nos interese ver, en los que nos reflejemos, no resuelve sino al final, con todo y su anuncio en la primera frase: «Traje a Cleo y Rob a casa una semana después de que mi padre muriera». Los peces vertebran la historia, pero esos peces que la transitan no son sino una eclosión de un gran acuario: la realidad como espita para entendernos.

El gran tema de la novela es el duelo por la muerte del padre. Enmascarado en las relaciones familiares. Tendremos tres historias familiares, a la manera en que Tolstói nos recuerda que solo se novelan las familias infelices, o desgraciadas, en este caso que nos ocupa. Tres parejas de hermanas y sus circunstancias, la narradora innombrada y Beatriz, Marga y Paula, y Melodía y Sonia (que en realidad se ha escapado de la novela y nos espera en una próxima). Dos ubicaciones, la ciudad que bulle y la aldea gallega (Soutelo como aldea tipo pero cercana a la real Viveiro), donde confluyen todas las historias.

Mantiene la escritura de Berta Dávila unas características identificatorias: desgrana siempre sentimientos familiares, aunque se mueva en ámbitos diferentes, y lo hace con dos peculiaridades que se repiten: su escritura punzante y concisa, como con prisa, que en la lectura de esta novela me ha llegado a abrumar por la rapidez en que cambia de historia, de situación y de personaje, aunque confluyan todos en un engarce bien ejecutado, y la construcción de la obra que va de atrás hacia adelante. Hace falta llegar al final para entender el tema principal, pero también durante la lectura es necesario llegar al final de cada uno de los capítulos para comprender su título y la relación con lo que nos está contando.

La novela se estructura en cinco bloques con capítulos internos, en que aparecen esas situaciones diversas, la evolución de cada uno de los personajes, hasta su enlace final. Quién es quién, quién con quién. Siempre, relaciones fraternas, infancias solitarias, desgracias familiares, incomprensión entre hermanos –«los separa la onda expansiva de una desgracia familiar»–, y finalmente el duelo por el padre. Y los peces y sus peceras, primero naranjas, luego, amarillos y azules, y finalmente en gran cantidad de peces de colores del gran acuario que explota (¿el comienzo de todo?), hilando sensaciones.

En definitiva, cómo estar en la vida: «Adquirí una nueva y reconfortante perspectiva sobre mi propia importancia: por fin yo era esencial para la supervivencia de otros», nos sitúa nada más comenzar la narradora, la hermana sin nombre. El antes «–un día antes de que mi padre muriera–» y el ahora se entrelazan en las diversas historias con un momento que las unifica, que es el día del eclipse solar total, en las que la intención es volver a casa, como «volver a algún lugar acogedor»; no es la casa, es el hogar, es la familia, aunque se apunta que pueda ser el azar la causa de las vidas como tropiezo.

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