El síndrome de Burnout, lo que comúnmente se conoce como quemarse profesionalmente, ya es posible prevenirlo con antelación, gracias al trabajo de un equipo interdisciplinar de investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología. Esta herramienta se está probando en 30 países.
Como explica el profesor Leon T. De Beer, primer autor del estudio que aparece en Scandinavian Journal of Psychology, con esta herramienta, denominada BAT (Burnout Assessment Tool), han descubierto que, aproximadamente, el 13 % de los empleados en Noruega “tienen un alto riesgo de quemarse”. Con BAT, los especialistas pueden medir cuatro grupos principales de factores de riesgo: agotamiento, distanciamiento mental, deterioro cognitivo y deterioro emocional.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el Burnout como un síndrome derivado del estrés laboral crónico y difícil de gestionar. Sin embargo, no se ha clasificado como condición médica sino como fenómeno ocupacional.
En este estudio, se dice que “una posible explicación de la dificultad para clasificar un caso incluye los desafíos inherentes a su diagnóstico. Si bien algunas naciones, como los Países Bajos, han establecido directrices nacionales para evaluarlo, no existen criterios de diagnóstico estandarizados y aceptados a nivel mundial para realizar un diagnóstico formal”.
Así las cosas, explican que esta ausencia de criterios uniformes significa que los profesionales de la salud ocupacional a menudo dependen de encuestas de autoinforme para identificar a los empleados en riesgo de quemarse.
“Estas encuestas -matizan- proporcionan sólo un nivel de riesgo, no un diagnóstico categórico, pero un paso inicial crucial para identificar a los empleados en dificultades. Si los resultados indican un riesgo potencial de Burnout, los profesionales pueden derivar a los empleados para una evaluación y apoyo, como programas de asistencia. Este enfoque destaca el papel fundamental que pueden desempeñar las medidas de autoinforme en la identificación del problema”.
Señales de quemarse
El profesor De Beer hace hincapié en que si una persona se enfrenta a exigencias y estrés en el trabajo, que parecen intratables, y ha experimentado con frecuencia los siguientes síntomas en las últimas semanas, podría ser una señal de que está a punto de quemarse: se siente mentalmente agotado, le cuesta entusiasmarse, tiene problemas para concentrarte y, a veces, reacciona sin querer de forma exagerada.
En este sentido, se insiste en la importancia de identificar los primeros signos del síndrome para mitigar los efectos nocivos. Las señales de alerta suelen estar presentes antes de que las cosas hayan ido demasiado lejos. “No abordar a tiempo el riesgo de Burnout de los empleados puede tener consecuencias a largo plazo”, afirma el profesor De Beer.
Los efectos físicos y psicológicos de este síndrome incluyen enfermedades cardiovasculares, dolor relacionado con lesiones musculoesqueléticas, problemas para dormir y depresión.
Para algunas personas, se puede detener en seco y encontrar soluciones para mejorar su situación. Para otros, sin embargo, puede durar años si no se trata.
“Podemos abordarlo mediante un tratamiento individual, pero de poco sirve si las personas regresan a un lugar de trabajo donde las exigencias son demasiado altas y hay pocos recursos. En ese caso, es muy probable que el empleado vuelva a enfermar. Por tanto, es importante crear buenas condiciones de trabajo y estructuras que protejan la salud de los empleados”, opina la profesora Marit Christensen, miembro del equipo.
Por último, los autores subrayan que han demostrado la confianza, validez y naturaleza imparcial de esta herramienta en todos los géneros. Los hallazgos también refuerzan la importancia de las demandas y los recursos laborales, junto con el Burnout como mediador clave, para comprender la dinámica del lugar de trabajo de acuerdo con la teoría de las demandas laborales y los recursos.
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