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TOROS

El Molar: el clasicismo en estado puro

El Molar: el clasicismo en estado puro
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(Foto: Efe)
lunes 15 de abril de 2024, 11:55h

La copa Chenel ya es un gran laboratorio del arte de torear: Borja Jiménez, Calerito, Francisco de Manuel, Damián Castaño, Ángel Téllez... Un gran número de diestros enriquece la paleta del toreo actual gracias a este certamen. El domingo, 14 de abril, Francisco Javier Sánchez Vara, Francisco Montero y José Antonio Valencia se enfrentaron con los toros de Herederos de Garzón. La tarde fue una gran muestra del clasicismo en el albero: los pies quietos, sin perder ni un milímetro de su terreno, la mano firme y la cabeza despejada. Pensaron y pensaron mucho en la cara del toro.


Sánchez Vara recibió a su primer contrario, Campanero (1o 11/19), con una larga cambiada de rodillas, compartió el tercio de banderillas con Francisco Montero y comenzó una faena hinchada de poderío. El mando fue el remedio que apaciguó la cabeza inquieta del animal. Templado y domado el toro, Sánchez Vara silueteó pases soberbios luchando con la mansedumbre congénita del enemigo. Esta elegancia basada en el poder fueron elevados a su enésima potencia con Tarzanillo (4o 11/19). Hinojo en tierra, trazó una larga y embarcó la embestida por verónicas. Adrián Navarrete se esmeró con la vara. Hubo un ramillete de chicuelinas y de medias verónicas como anticipo del tercio de banderillas: Sánchez Vara puso esmerados y reunidos pares, cuando pensábamos que no se podía mejorar, sacó una silla se acomodó pegado a las tablas y puso un par al quiebro en el terreno de un pañuelo. Lo que vimos después fue una faena redonda a la belmontina: arriesgada y bella. Los primeros pases de rodillas, largos y templados, engendraron unas series de pases redondos tan ligados que ni un suspiro cabía entre ellos. Al natural, el toro se movía en torno a un eje vertical. Ni un paso atrás ni adelante. La pañosa prolongaba el gesto del torero. Cosa singular es ver un muletazo que comenzaba desde el pie derecho y se agotaba en los vuelos de la flámula. La mano baja y el toro embebido. Una belleza. La estocada entera, un poco desprendida quizá. La presidenta se dejó rogar, pero cedió ante una clamorosa petición. Dos orejas y la vuelta al ruedo para la res.


Francisco Montero tuvo que persuadir a Tarzanillo (2o 12/19) para que embistiera y lo consiguió: el morlaco suelto y desentendido, entró al capote ofrecido con la mano baja y colaboró en el quite por navarras bellas y vistosas. Montero hizo una faena completa, por ambas manos, imprimiéndole el estilo y personalidad. Martinetes, pase redondos y desmayados naturales, todo coronado por las limeñas, desafiando al animal con su cuerpo sin el engaño a la vista. La media estocada en un sitio inmejorable. Un aviso. Con el compás abierto y por chicuelinas fue saludado otro Escribante (5o 4/20), que quedó malrecho en el tercio de varas. Los tres pares de garapullos, puestos por el torero, quedaron reunidos y de buena ejecución, incluido el tercero puesto al violín. El comienzo por flexionados, Montero supo llenar los tiempos de espera del toro mermado, algo desganado. El diestro se esforzó por parar la huida del morlaco y hacer la faena en los medios. Manoletinas de cierre y una estocada certera. Una oreja.


José Antonio Valencia lanceó a Lisonjerito (3o 11/19) con resolución. La vara fue protestada por desmedida. Valencia, con los pies clavados en el albero, cuajó una faena por ambas manos. Ni siquiera la embestida adormitada del animal pudo hacer mella en el ligazón. El diestro se adornó con unos molinetes, un natural afarolado y un desplante. La estocada entera, algo trasera, pero entró de nuevo a matar. Ovación. Escribante (6o 12/19) salió al son de una jota. Persiguió el capote con clase y alegría. No obstante, su buena condición duró muy poco: llegó Cano con la vara y lo desgració. Protestas. Valencia hizo una faena gracias a su empeño y conocimiento: se sobrepuso a la flaqueza del toro que se rajaba, deseando abandonar la pelea en los medios. Un epílogo por bernardinas y una estocada, desgraciadamente, defectuosa. Una ovación.

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