Las meninas de Velázquez es una de las obras más significativas de la pintura occidental y no solo por su extraordinaria calidad. El misterio que la envuelve -la riqueza y variedad de contenidos, la complejidad de su composición y la diversidad de acciones que representa- acentúa aún más la singularidad de esta obra maestra que sigue cautivando al público.
John Brealey, Jefe del Departamento de Restauración del Metropolitan Museum, fue elegido por la dirección y el Patronato, con el aval del Ministerio de Cultura, para realizar la restauración de Las meninas de Velázquez. Esta restauración comenzó el 14 de mayo de 1984 y duró aproximadamente tres semanas.
El buen estado de conservación de la capa pictórica y su perfecta adhesión al soporte, así como la falta de graves daños facilitaron la labor de levantamiento de un grueso barniz resinoso, de almáciga, en el que podían determinarse dos capas aplicadas en momentos diferentes. Esta gruesa capa de barnices amarilleados, en algunas zonas opacos y blanquecinos, alteraba por completo la apariencia estética de la obra de Velázquez, quedando oculta en una unificadora tonalidad ambarina que hacía imposible distinguir la infinita variedad de matices que el genial pintor había conseguido en su obra maestra.
El Prado en los años 80
En los años 80 el Museo del Prado recibía alrededor de 1.700.000 visitantes anuales y disponía de un presupuesto de 630 millones de pesetas (casi 4 millones de euros). Este presupuesto se vio incrementado hasta alcanzar los 1.126 millones (casi 7 millones de euros) en 1985, y es que, según declaraciones de Javier Solana, ministro de Cultura y portavoz del Gobierno, recogidas por el diario El País el 2 de agosto de 1985 “… el Prado se merece aún mayores esfuerzos económicos para dar salida a las necesidades de una de las pinacotecas más importantes del mundo”.
En 1984 el Museo Nacional del Prado estaba formado por los edificios de Villanueva y el Casón del Buen Retiro, que albergaba la colección del siglo XIX y el Guernica, con una superficie total de 27.549,55 m2
El precio de la entrada era de 200 pesetas de martes a viernes y había acceso gratuito sábados, domingos y festivos.
El paso siguiente en la limpieza realizada por John Brealey lo llevaron a cabo varios restauradores del Taller del Museo del Prado. El trabajo de Rocío Dávila, María Teresa Dávila, Clara Quintanilla y Enrique Quintana consistió no sólo en la reintegración de los daños, sino en la unificación tonal de los repintes dejados, y en una ligera labor de retoque en las zonas gastadas del lienzo.
Estas intervenciones se llevaron a cabo sobre una primera capa de barniz y con materiales perfectamente reversibles, lo que garantiza sucesivos tratamientos de restauración.
Sin embargo, esta restauración no estuvo exenta de polémica porque como señaló Brealey, cuando una obra maestra de la pintura universal es admirada en el mundo entero, “deja de ser obra de arte para convertirse en símbolo y a nadie le gusta ver cambiar un símbolo". De hecho, ya en 1895, se criticó la intervención propuesta por el entonces Director del Museo Nacional de Pintura y Escultura, Vicente Palmaroli, que consistió en el forrado de la obra.
Cronología de la restauración de Las meninas
1982
Se realizó un estudio técnico de Las meninas desarrollado por el equipo formado por José María Cabrera, Carmen Garrido, Gridley McKim-Smith y Richard Newman, inscrito en el plan de documentación técnica de las obras de Velázquez realizado en colaboración con la Universidad de Harvard, dentro de la ayuda concedida para este fin por la Comisión de Cooperación Cultural entre España y los EE.UU., compuesto por estudio radiográfico, reflectografía por rayos infrarrojos y análisis químicos de pigmentos.
Febrero 1984
El Real Patronato del Museo del Prado propone el trabajo de restauración a John Brealey.
14 mayo 1984
Brealey comienza la limpieza de Las Meninas en la sala 85, en la segunda planta norte, junto a la zona de dirección del museo en esa época. El cuadro está apoyado donde actualmente se expone el Verano de Goya). John Brealey no recibió ninguna cantidad de dinero por esta restauración porque “nadie puede ser pagado -dijo- si va al paraíso”. Los gastos del viaje y su estancia en Madrid fueron costeados por un donante anónimo.
24 mayo 1984
En relación a la polémica generada por la participación de un restaurador extranjero en la restauración de Las meninas, Alfonso Pérez Sanchez afirma: “Pensamos que esto sería magnifico para nuestros restauradores, ya que podrían aprender de su experiencia”.
6 junio 1984
Brealey concluye la limpieza (23 días de trabajo).
Junio 1984
Por indicación de John Brealey, los restauradores del Museo del Prado, se encargan de la reintegración de color tras limpieza. La subdirectora del Museo del Prado encarga a los restauradores del museo, Rocío Dávila y Enrique Quintana la reintegración de Las meninas. Enrique Quintana debe abandonar este trabajo tras sufrir la rotura del brazo derecho en un accidente de tráfico.
Junio – julio 1984
Rocío Dávila, Maite Dávila y Clara Quintanilla realizan la reintegración de Las Meninas. Enrique Quintana se encarga de realizar el informe detallado de este proceso.
31 julio 1984
Tras su restauración, Las meninas se expuso en la rotonda de Ariadna (sala 74) ante unas telas, que hacían las veces de cortinas recogidas y que subrayaban el efecto escenográfico, con paneles explicativos y fotografías de la radiografía del cuadro.
Septiembre 1984
Brealey vuelve al Museo del Prado para aplicar en spray el ultimo barniz al cuadro.
Febrero 1986
La superficie de Las meninas aparece con un tono blanquecino. Esta alteración se define técnicamente como “pasmado”, el barniz se oxida y pierde su transparencia debido a las condiciones ambientales de temperatura y humedad. Brealey indica como se debe eliminar superficialmente y, tras frotar la superficie de la obra con una gamuza suave, el barniz respondió perfectamente volviendo a recuperar su transparencia.