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RESEÑA

Garci total: Una vida de repuesto, de Andrés Moret Urdampilleta

Javier Mateo Hidalgo
jueves 23 de mayo de 2024, 08:41h
Garci total: Una vida de repuesto , de Andrés Moret Urdampilleta
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Si existía el caso de un cineasta indispensable —tanto en nuestro país como fuera de él— olvidado incomprensiblemente en la bibliografía existente, ese era el del gran José Luis Garci. Una ausencia que ha quedado subsanada gracias al buen hacer de Andrés Moret Urdampilleta, que nos ha brindado tanto a cinéfilos como a bibliófilos el título Una vida de repuesto. El cine de José Luis Garci (Hatari Books).

Se trata ésta de la guía más completa actual del creador madrileño. Una auténtica proeza literaria y ensayística que ahonda profusamente en cada una de las facetas del polifacético autor. Porque José Luis Garci es, a su vez, muchos Garci: enciclopedia del séptimo arte, investigador y autor de ciencia-ficción, divulgador del séptimo arte, escritor en suma y realizador de cine y de teatro. ¿Alguien da más? Por si fuese poco, fue el primer director español en obtener el premio Óscar a la Mejor Película Extranjera gracias a Volver a empezar —además de ser la primera película en español que recibió este premio—; además de ser nominado tres veces más a esta categoría —el director español más nominado—, fue merecedor del Premio Goya a la Mejor Dirección por Asignatura aprobada. ¿Cómo puede ser que el responsable de todo ello haya recibido de su país un reconocimiento a todas luces insuficiente? Son varias las posibles razones: a la envidia tan característica de “la piel de toro” se une lo que tan bien expresó nuestro dramaturgo Ramón María del Valle-Inclán en Luces de bohemia y puso en boca el personaje —sutilmente modificado para la ocasión— de don Ricardo (“el abuelo”, interpretado magníficamente por Pedro Casablanc) en El crack cero: “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”. No hay más ciego que quien no quiere ver porque, como afirma Pedro García Cuartango con motivo de este libro, “Garci es un monumento nacional”. A ello, añade Rodrigo Cortés con idéntico fin: “Garci es la memoria no de una generación, sino del propio cine”. Por ello, el libro de Moret se convierte en un “servicio público” ya que se erige en la “memoria de Garci”. A pesar de todas estas razones de peso para ensalzar la figura de Garci, Moret presenta a lo largo del libro las no pocas adversidades a las que Garci ha tenido que ir haciendo frente a lo largo de su vida. Obstáculos de todo tipo, surgidos desde el ámbito político, los medios de comunicación o la propia industria. Resulta ejemplar la respuesta dada por el cineasta ante cada revés profesional o personal, mostrando templanza y resistencia a los embates. Gracias a ello podemos disfrutar en la actualidad de una trayectoria extensa, concretada en diecinueve títulos fílmicos, innumerables libros y otros tantos años dedicados a la promoción de la Historia del séptimo arte en el medio televisivo.

Aunque debemos hacer justicia y reivindicar algunos acercamientos a la obra y figura de Garci —destacando, por ejemplo, Del sentimiento: el cine de José Luis Garci, escrito por Agapito Maestre (Notorious Ediciones, 2012) o Adictos al crack, libro coral de análisis sobre la trilogía noir del cineasta (Notorious Ediciones, 2019)—, nos afirmamos en que, hasta la fecha, Una vida de repuesto representa el Garci más completo en formato libro; éste ha sido concebido a fuego lento, dedicándole su autor no pocos años de su vida. El resultado no podía ser más positivo: a la cuidada apariencia del volumen —encuadernado a todo lujo, de dimensiones generosas y profuso en ilustraciones (incluyendo fotografías personales y de rodajes, dibujos o cartelería)— se une un contenido imprescindible, donde no falta ni sobra nada. Quienes admiramos el universo Garci encontramos en este libro no sólo una adecuada contextualización de cada película —incluyendo su origen, análisis fílmico y crítico—, sino la certera y completa aproximación humana, profesional y estética de Garci. Una andadura que se inicia antes de su nacimiento —con la puesta en antecedentes de sus orígenes paternos—, para continuar con su infancia, juventud e inicios profesionales como auxiliar administrativo en el Banco Ibérico; sus influencias e inquietudes como escritor y crítico de cine y ciencia ficción —sus colaboraciones en revistas o la publicación de la antología de relatos Bibidibabidibu y el monográfico Ray Bradbury, humanista del futuro—; su entrada en el cine como guionista —a las órdenes de figuras como Pedro Olea, Eloy de la Iglesia, Roberto Bodegas o León Klimovsky— y sus tres óperas primas como cortometrajista —todo ello en el capítulo Apuntes biográficos rodados en plano medio—; su trabajo como director de actores, su concepción sobre la escritura fílmica, la fotografía, la música y el montaje —en conjunto, puede apreciarse en el apartado Garci, el humanista del futuro. Bosquejos de un cine de autor— o su filosofía vital —condensada en el espíritu de dos filósofos, José Ortega y Gasset y Julián Marías—; su faceta como dramaturgo —en Un sueño de sexto de bachiller, donde adapta algunos de los trabajos del grupo conocido como "Arte Nuevo", los proyectos que quedaron inéditos —En el fondo del tintero— o el trabajo en el set de rodaje y su calidad humana —especialmente emotiva es la parte dedicada al surgimiento de la amistad entre Moret y Garci, construida durante la escritura de este libro a través de cenas, entrevistas o la asistencia del primero al rodaje de El crack cero, en Una crónica sentimental. A modo de epílogo—.

Moret hace hincapié en una cuestión a todas luces fundamental: la presencia en la obra de Garci de la Transición Española como periodo político clave en la historia de la España reciente, en peligro de ser olvidada por la generación actual; un momento que le tocó vivir al realizador durante su juventud y que conformó su mirada como narrador en su primera y fundamental etapa. No puede comprenderse nuestro presente sin ese momento en el que todas las fuerzas políticas de distinto signo ideológico unieron fuerzas en pos de un futuro fructífero para el país. A esta etapa la denomina Moret como “prospectiva”, y la distingue de la posterior, llamada “retrospectiva” por cuanto el cine graciano se alimenta del pasado en sus temas y ambientaciones; eso sí, sin dejar de lado los temas universales del ser humano. Moret subdivide a su vez ambas etapas en otras con gran acierto, catalogando cada una desde las preocupaciones vertidas por el cineasta dentro de ellas. Así, encontramos capítulos como Cementerio de ilusiones —donde el tríptico que conforma el “Cine Generacional” de Garci (representado en Asignatura pendiente, Sesión Contínua y Las verdes praderas) nos habla de cómo toda una generación educada durante el franquismo debía enfrentarse al “nuevo estilo de vida que traía la democracia”—, Madrid, bajos fondos —con la que, bajo la estética de cine negro presente en la serie de los Cracks, Garci demuestra (en palabras del crítico José Enrique Monterde) que “sí sería posible una industria sustentada en productos dignos al servicio de un público mayoritario”—, Soledad al borde del infranqueable abismo generacional —en el que los protagonistas de Sesión continua y Asignatura aprobada son incapaces “de vivir de acuerdo a lo que se espera de ellos”—, Retorno a la estación del pasado con olor a Tango de Gardel —dedicada a Volver a empezar y a “la historia de una gente que tiene fe en la vida y que nunca ha estado desencantada”—, El Scalextric de la ciencia-ficción —a caballo entre una época y otra, desde la que Garci despliega su arsenal más fantástico en proyectos como la fascinante serie para TVE Historias del otro lado, o los guiones de La cabina y La Gioconda está triste para Antonio Mercero, El nido iluminado —o cómo en Canción de cuna y La herida luminosa se trata “el abandono de la casa parental por parte de los hijos” y el modo en que ello puede “afectar sensiblemente” al “devenir de la vida de los progenitores”—, Honorable crepúsculo —donde el desengaño hacia ideales ancestrales como el honor se hace patente en las historias de El abuelo y Luz de domingo—, Retrato del alma —reflejo de esa ilusión infantil que pervive en el ideal de la edad adulta en títulos como You’re The one (una historia de entonces) e Historia de un beso—, Y dos huevos duros… de Codorniz —aquí el humor de “la otra Generación del 27 se hace patente en films como la amarcordiana Tiovivo c. 1950 o la adaptación de las dos obras de Miguel Mihura sobre su personaje de Ninette— o El plácido sueño de los titiriteros —el universo de Garci se vuelve más oscuro y desesperanzado, mostrando a una sociedad en manos del poder con films como Sangre de mayo o Holmes & Watson. Madrid Days—.

Finalizar la última página del libro supone llegar a la conclusión de que las múltiples facetas que componen el rompecabezas Garci funcionan siguiendo idéntico y lógico mecanismo: la pasión por el cine, con lo que tiene de mágico y fascinante. De ahí el propio título, tomado de la siguiente frase del cineasta: “el cine es una vida de repuesto, y es verdad que cumple una función de mejorarte la vida o abrirte caminos de la vida”. Éstos son los senderos todavía sin cerrar de Garci, extraordinariamente explicados por Moret.

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