Se trata de una versión estrenada por primera vez en el Nationaltheater de Múnich en 1998 a cargo de Patrice Bart, en la que el coreógrafo intentó recuperar los elementos coreográficos y otros musicales perdidos del ballet tal y como se estrenó por primera vez en el Gran Teatro de San Petersburgo en 1877 bajo la dirección de Marius Petipa, nombre estrechamente vinculado a los ballets de Chaikovski (La bella durmiente, El lago de los cisnes, El cascanueces…). La escenografía y el vestuario -ambos impresionantes- son obra del diseñador japonés Tomio Mohri.
Con música del compositor vienés para ballet Ludwig Minkus -1826-1917- (Paquita, La Source, Don Quixote…), la Bayadera cuenta la trágica historia de Nikiya, una bailarina del templo y su historia de amor con el noble guerrero Solor. Ambos se prometen amor eterno, pero el matrimonio de Solor con la princesa Gamzatti ya había sido concertado por los padres de estos a su nacimiento. El triángulo amoroso se resuelve inicialmente con la muerte de Nikiya a manos de la princesa y el rajá, su padre, pero el sentimiento perdura en la mente de Solor, que busca a Nikiya en sus sueños.
El argumento, organizado en escenas con ambientes evocadores (“Delante del templo” -donde manda el Gran Brahmán, enamorado de la bayadera, Nikiya, y rechazado por ésta- “En el palacio del rajá”, “En los jardines del palacio”, “El reino de las sombras”, “En el templo” y “Apoteosis”) situados en la India imaginaria -plagada de estereotipos de la mentalidad colonial colectiva- se presta a un desarrollo escenográfico fastuoso. Uno de los momentos más conseguidos es la escena del Apoteosis, donde todos los personajes mueren en el momento de los esponsales del guerrero con la princesa. Un inesperado telón rojo simulando el fuego arrasa el templo y las robustas columnas -que resultarán ser de seda roja- caen derrumbadas.
La coreografía de Bart, que intenta recuperar la original de Petipa, da testimonio de la genialidad de este ya legendario coreógrafo exhibiendo en escena complejas combinaciones de movimientos que requieren una extraordinaria forma física y una técnica muy depurada.
Muy ovacionada por el público del Real fue la actuación de Osiel Gouneo (Matanzas, Cuba 1990) en el papel de Solor. Este bailarín se formó en el Ballet Nacional de Cuba en La Habana, período tras el que trabajó para el Ballet Nacional de Noruega. En la temporada 2016/2017 se incorporó al Bayerisches Stattsballet, el Ballet de la Ópera de Múnich. Ha sido Romeo en la producción de Romeo y Julieta de Rudolf Nureyev. Gouneo ejecutó magistralmente las cabrioles de su papel, en las que pudo escucharse con toda claridad el golpeteo de sus pies en el aire.
El otro protagonista masculino que arrancó la admiración del público fue António Casalinho (Leiria, Portugal, 2003), encargado de dar vida al Ídolo Dorado, personaje que hace su aparición brevemente, pero con gran espectacularidad, durante la escena del Templo en el Acto II, parte que recrea la fastuosa ceremonia nupcial arriba aludida. Este personaje es famoso por su brillante vestuario color oro y su exigente solo de baile, de gran impacto visual, que exige una tremenda precisión y supone un extraordinario desafío técnico, como evidenció anoche la vertiginosa ejecución por Casalinho del famoso grand jeté en tournant.
La estadounidense
Madison Young (Utah, EEUU), impecable en el estreno de anoche, fue la encargada de dar vida al personaje protagonista, La Bayadera, o Nikiya, uno de los roles principales más exigentes del repertorio de ballet clásico, que requiere pasar gran parte de la escena en puntas ejecutando complejas pirouettes, fouettés y arabesques, así como grands jetés y otros complejos saltos que exigen máxima ligereza y precisión.
La responsable de encarnar a la princesa Gamzatti fue la finlandesa Maria Baranova (Lohja, 1992). Pese a ser un personaje secundario, si se compara en términos de narrativa con el de Nikiya, su registro requiere gran permanencia en puntas, enérgicas y a la vez gráciles variaciones, dominio del adagio y el allegro; es decir, de la capacidad para combinar movimientos lentos y fluidos con otros rápidos y vigorosos. Es famoso su pas de deux con Solor, que requiere una gran sincronización con su partenaire en complicados levantamientos y secuencias de equilibrio. Baranova exhibió una gran profesionalidad y gran bagaje solucionando sorprendentemente bien algún final o caída no previstos.
La Bayadera se volverá a representar en el Teatro Real hoy, 31 de mayo, y mañana, 1 de junio, con diferente reparto de solistas.