Todos los caballos domésticos que viven hoy en el planeta, ya sean campeones de carreras, compañeros de clubes de ponis o gigantes de tiro pesado, tienen su origen en las estepas de Rusia occidental del tercer milenio a. C. Sin embargo, la cronología exacta de la domesticación de los caballos y la integración generalizada de la fuerza de los caballos en las sociedades humanas sigue siendo muy debatida.
Un nuevo estudio al respecto, colaboración entre el Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona (IBE) y el Centro de Antropobiología y Genómica de Toulouse (CAGT), que involucró a 133 investigadores de 113 instituciones de todo el mundo ha sido publicado por Nature este jueves e indica que la proliferación de caballos domésticos comenzó a finales del tercer milenio a. C., hace unos 4.200 años.
Esta fecha marca el comienzo de una nueva era en la historia de la humanidad, en la que los caballos aceleraron considerablemente las redes de comunicación y comercio en toda Eurasia, catalizando intercambios e interacciones sin precedentes entre diversas culturas.
El equipo de investigación reunió una extensa colección de restos arqueológicos de caballos que abarcan todo el continente euroasiático. Combinaron la datación por radiocarbono con la secuenciación de ADN antiguo para caracterizar una serie temporal completa del genoma que proporciona una resolución detallada de las transformaciones genéticas que coincidieron con el surgimiento de la equitación.
“Empecé a trabajar con caballos hace aproximadamente una década. En aquella época, solo teníamos un puñado de genomas antiguos. Con este nuevo trabajo, ahora tenemos varios cientos. Era particularmente importante lograr una resolución en Europa Central, las cuencas de los Cárpatos y Transilvania, ya que esta área era central para los debates en curso sobre la equitación que impulsó las migraciones masivas desde las estepas hace unos 5.000 años, y posiblemente antes”, indica el primer autor del estudio, Pablo Librado, del IBE.
El equipo de investigación examinó sus datos en busca de tres indicadores de la cría de caballos. Primero, rastrearon cuándo los progenitores de los caballos domésticos modernos comenzaron a extenderse fuera de su tierra natal de domesticación. A continuación, reconstruyeron la demografía de los caballos a lo largo del tercer milenio a. C. para fechar con precisión los primeros signos de cría y producción a gran escala de caballos. Por último, descubrieron evidencia de cambios significativos en la vida reproductiva de los caballos, lo que indica una manipulación deliberada de la reproducción animal por parte de los primeros criadores.
La alineación de las tres líneas de evidencia hace unos 4.200 años sugiere que solamente entonces los caballos domésticos se producían en cantidades suficientemente grandes como para sostener una demanda creciente en todo el continente. Por lo tanto, la movilidad a caballo, que persistió como el modo de transporte terrestre más rápido hasta la llegada de los motores mecánicos en el siglo XX, se inició a hace al menos 4.200 años.
Sin embargo, la investigación del ADN antiguo había descrito cambios anteriores en el panorama genético de los europeos, durante la primera mitad del tercer milenio a. C., tras la expansión masiva de personas provenientes de las estepas y a menudo consideradas hablantes de una lengua protoindoeuropea. Dado que el mapa genético de los caballos comenzó a cambiar mucho más tarde, el equipo de investigación pudo descartar la equitación como una fuerza impulsora del éxito de esas migraciones humanas, a pesar de que la terminología relacionada con los caballos constituye una base común para la mayoría de las lenguas indoeuropeas.

“Una pregunta que me ha desconcertado durante años tiene que ver con la escala de la producción: ¿cómo se pudo criar tan repentinamente un número tan sustancial de caballos en un área de domesticación relativamente pequeña para satisfacer la demanda cada vez más global a principios del segundo milenio a. C.? Ahora tenemos una respuesta. Los criadores controlaron tan bien la reproducción del animal que redujeron casi a la mitad el intervalo de tiempo entre dos generaciones. En pocas palabras, pudieron acelerar el proceso de reproducción, duplicando efectivamente su tasa de producción”, señala por su parte el coordinador del trabajo, Ludovic Orlando, director del CAGT.
La metodología desarrollada en este estudio para medir los tiempos de generación es nueva y aprovecha todo el potencial de las series temporales de genomas antiguos. A medida que los genomas evolucionan, acumulan mutaciones y se recombinan en cada generación. El número de mutaciones que portan y los cruces de ADN por los que pasaron proporcionan una medida directa de la multitud de generaciones que los condujeron. Cuando se combinan con fechas de radiocarbono, el número de generaciones se puede convertir en años calendario.
El equipo de investigación descubrió que se acumularon más generaciones en los últimos dos siglos, coincidiendo con el surgimiento de muchos linajes modernos a través de una cría selectiva intensiva. Sorprendentemente, también se descubrió que el reloj generacional avanzaba más rápido hace unos 4.200 años, justo en el momento en que comenzó la producción en masa y la difusión geográfica de los caballos domésticos.
“Nuestra metodología para medir los cambios temporales en los tiempos generacionales tiene un gran potencial. Proporciona al conjunto de herramientas arqueozoológicas una nueva forma de monitorear el desarrollo de la cría controlada en varias especies domésticas más allá de los caballos. Pero también puede ayudar a dilucidar el intervalo generacional en nuestros ancestros cazadores-recolectores y cómo estos intervalos evolucionaron junto con cambios en el estilo de vida o cambios climáticos significativos”, añade Pablo Librado, quien desarrolló el marco estadístico subyacente.
Por ahora, y ciñéndonos a los caballos, el equipo de investigación también informó intervalos generacionales excepcionalmente breves dentro de un linaje distinto, distinto del que conduce a los caballos domésticos modernos. Este linaje fue excavado en Botai, un sitio de Asia Central donde se ha informado y debatido evidencia de ordeño, enjaezamiento y acorralamiento de caballos.
El descubrimiento de estos tiempos generacionales acortados añade crédito a los modelos que representan grupos humanos asentados domesticando al caballo en la región para asegurar un acceso constante a recursos como la carne y la leche, que eran vitales para su subsistencia. El pueblo Botai, sin embargo, no participó en extensas migraciones de larga distancia junto con sus caballos, ya que la composición genética de sus caballos permaneció local y no se expandió por Eurasia.
“Nuestra evidencia respalda dos domesticaciones en caballos. La primera, que ocurrió hace unos 5.500 años, tenía como objetivo abordar la disminución de su población y proporcionar sustento a los pueblos que habitaban las estepas de Asia Central. El caballo doméstico tal como lo conocemos surgió hace unos 4.200 años a partir de la segunda domesticación. Éste realmente transformó la historia de la humanidad al proporcionar movilidad rápida por primera vez”, concluye Orlando.