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Novela

Fernando Aramburu: El niño

domingo 16 de junio de 2024, 22:57h
Fernando Aramburu: El niño

Tusquets. Barcelona, 2024. 272 páginas. 20,50 €. Libro electrónico: 10,99 €. El autor de la multipremiada “Patria” nos ofrece una excelente y emotiva novela, sin despeñarse por el melodramatismo, basada en un hecho real: una explosión de gas en una escuela de Ortuella, que costó la vida a una cincuentena de niños.

Por Carmen R. Santos

A Nicasio, uno de los personajes de El niño, de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), le cuesta andar, por su lumbago y sus dificultades respiratorias. Es un hombre mayor, al que “le faltan dos años para septuagenario”. Sin embargo, haga el tiempo que haga, sea verano o invierno, va todos los jueves al cementerio de su pueblo, la localidad vasca de Ortuella. Es un rito doloroso, pero no puede dejar de visitar una tumba muy especial. Es la de su nieto, Nuco, un pequeño que murió a los seis años. Y, junto a él, fallecieron otros niños. No fueron víctimas de ningún atentado etarra -Fernando Aramburu refleja en otras de sus novelas los asesinatos de la banda terrorista-, sino de un luctuoso suceso fortuito. El 28 de octubre de 1980 se produjo una gran explosión de gas propano en el colegio Marcelino Ugalde, del pueblo vizcaíno de Ortuella. El terrible accidente segó la vida de cincuenta alumnos, dos profesores y una cocinera.

Este hecho, acaecido en la realidad, y que supuso una conmoción, como no podía ser de otra forma, es la base de la última novela de Fernando Aramburu, inserta en la producción ambientada en su tierra y sus gentes, aunque ahora sin los zarpazos etarras como sucedía en Patria; Años lentos; Hijos de la fábula -donde da una vuelta de tuerca-, y los cuentos de Los peces de la amargura. Autor también, entre otros títulos, de Viaje con Clara por Alemania; Ávidas pretensiones y Los vencejos, así como de trabajos ensayísticos, recopilación de artículos -Utilidad de las desgracias y otros textos…- y poemarios, la obra de Aramburu se ha hecho acreedora de un sinfín de premios -el de la Real Academia, el de la Crítica, el Francisco Umbral…-, dentro y fuera de nuestras fronteras, y le han convertido en un nombre imprescindible de las letras españolas de hoy.

En El niño, vuelve a ofrecernos una propuesta magistral, en la que se combina la narración, y un toque metaliterario, este en capítulos en cursiva, con un original enfoque, en los que habla el propio texto: “Soy consciente de operar como soporte narrativo de un infortunio de tales dimensiones que cualquier tentativa de calificarlo resultaría vana […]. Yo no me veo sino como un humilde texto partido en secuencias, una suma de palabras dispuestas de tal modo que contengan significación. Ni siquiera me es dado escudarme en la coartada del estilo. Comparaciones audaces, metáforas brillantes, abundancia de tropos en mí no se hallarán, aunque tampoco soy o creo ser el resultado de lo que sale de una churrera de prosa funcional”.

Aramburu pone todo al servicio de una historia, llena de sentimiento y emotividad, pero sin despeñarse por el melodramatismo. Una historia que se centra en la familia de Nuco, el niño del título, formada por la madre, Mariaje, el padre, José Miguel, y el abuelo, Nicasio, y que, además de esa incursión en lo metaliterario, conocemos a través de dos perspectivas. Por un lado, la de Mariaje, la madre de Nuco, y, por otro, un narrador a quien Mariaje le va confesando lo relacionado con el accidente y mucho más, de su pasado y presente.

El escritor donostiarra quien, aunque afincado en Alemania -su experiencia la cuenta en la deliciosa y humorística Viaje con Clara por Alemania-, nunca se desligó ni olvidó su tierra, sus habitantes, sus problemas…, como demuestra en buena parte de su obra, y ahora volvemos a comprobar en El niño. En esta novela retrata inolvidables personajes, quizá sobre todo el del abuelo del pequeño, Nicasio, que no solo acude al cementerio todos los jueves, sino que de alguna manera lo mantiene vivo, con varias estrategias como duplicar en su casa el cuarto de su nieto.

El dolor por la muerte de un hijo resulta inconsolable y en la literatura del duelo los que lo abordan son los ejemplos más conmovedores. Así, por ceñirnos a títulos de autores en español, recordemos, Mortal y rosa, de Francisco Umbral; Paula, de Isabel Allende; La hora violeta, de Sergio del Molino; y Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett, entre otros. El desgarro contenido de Aramburu, e incluso un cierto distanciamiento, sobre todo al incluir los capítulos en los que el texto toma la palabra, al tratar la tragedia de la muerte de Nuco, que todo lo trastoca y abre insospechadas simas, consigue que nos llegue más hondo.

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