El tenista murciano arrolló a Djokovic en Londres y el equipo de Luis de la Fuente batió a Inglaterra en Berlín. Todo ello en un día histórico para España.
El deporte español está de enhorabuena. Este domingo se ha vivido una de esas jornadas legendarias gracias a la pujanza de los deportistas naciones en el tenis y en el fútbol. Carlos Alcaraz conquistó su segundo Wimbledon seguido, al derrotar a Novak Djokovic en la final del 'Grand Slam' británico (6-2, 6-2 y 7-6), y la selección entrenada por Luis de la Fuente se proclamó campeona de la Eurocopa, al sorprender a Inglaterra en la igualada final (2-1). Todo ello en el mismo día, hecho que provoca la evocación de aquella época deportiva gloriosa en la que las gestas de Rafael Nadal coincidían con el ciclo inigualable que comandaron Casillas, Xavi, Iniesta, David Villa, Puyol y compañía.
"Va a ser un buen día para la gente española, también con la Eurocopa", auguró el pasado viernes Alcaraz tras eliminar a Medvedev en las semifinales del torneo inglés. Se ganó los abucheos de la tribuna del All England Club londinense, que obviamente no entendió el guiño del murciano. 'Carlitos' esquivó las críticas de inmediato aclarando que "no he dicho que España vaya a ganar, solo he dicho que va a ser un día divertido". Pues bien, poco antes de la 19:00 de esta tarde, el joven astro cumplió con su parte. Alzó el trofeo del campeonato de tenis más prestigioso del planeta por segunda vez consecutiva y después de haber triunfado también en Ronald Garros. Casi nada.
Gesta de Alcaraz
No quiso repetir el sufrimiento vivido en la pasada final y salió a la hierba con todo. Hace doce meses Djokovic le apretó hasta el extremo pero esta vez el guión fue diferente. El tenista de El Palmar dominó con rotundidad los dos primeros sets. Los solventó con un doble 6-2 imperial. Sólo concedió una bola de rotura a su rival en ese segmento. A partir de ahí gestionó la ventaja en, quizá, su mayor ejercicio de consistencia y solidez que se le recuerda. Jugó calmado y si consigue competir así su juego se vuelve incontestable. Únicamente padeció nervios cuando dispuso de tres bolas de partido. Ahí tembló y el balcánico respiró, mas duraron poco las dudas y Alcaraz puso el lazo en el 'tie-break'. Para completar una victoria más sencilla de lo previsto que supone el espaldarazo a su dimensión histórica.
Con ese capítulo felizmente redondeado le tocó el turno a la selección española de fútbol. El escuadrón liderado por Lamine Yamal, Rodri, Nico Williams y Fabián Ruiz había firmaron una Eurocopa maravillosa hasta esta fecha. Invictos, dejaron en la estacada a casi todos los favoritos, en un recorrido impresionante. Croacia e Italia no le pudieron seguir la pista en la impoluta fase de grupos española, y en las eliminatorias cayeron a sus pies Alemania y Francia. Restaba por tanto poner la guinda y recordar al planeta que el fútbol español está en la cima (el Real Madrid se coronó con su Decimoquinta en mayo).
La mejor Eurocopa de la historia de España
Con la tensión por las nubes, el primer tiempo de la final se fue volando sin ocasiones claras. Los españoles dominaron (65% de posesión) mientras que los ingleses se encerraron. En esa lógica los ibéricos chutaron cinco veces pero ninguna de ellas entre palos, y un zurdazo de Foden que detuvo Unai Simón supuso todo el peligro del choque antes del descanso. Necesitaba España jugar más rápido para amenazar de verdad y justo cuando se confirmó la lesión de Rodri llegó el 1-0. Dani Olmo lanzó una contra que Lamine usó para asistir al cañonazo certero de Nico (minuto 47).
El gol convirtió el encuentro en un intercambio de golpes en el que Olmo, Williams y Morata pudieron sentenciar. En cambio, los isleños no estaban en la lona. Se fueron arriba a por el empate y, si bien dejaron huecos atrás, consiguieron la igualada con un zurdazo de Palmer desde la frontal que se coló pegado al poste (minuto 73). Se le presentó al combinado nacional otro desafío a su dureza mental y ahí emergió Oyarzabal, en el minuto 86, para erigirse en el protagonista con la diana postrera que descorchó el champán y cerró una jornada fantástica para el deporte español.