La Quinta trajo unos toros bien elegidos de hechuras, casi todos de octubre 2019, pero de pitones algo feos, ora cortos, ora caídos. Además, adolecían de cierta flojera de remos, claro, sin llegar al extremo de ayer, pero suficiente para tomar nota. Aunque, tan enrarecido está el ambiente taurino, sobre todo, de las ferias grandes, que el ganadero de Puerto de San Lorenzo que trajo a unos toros débiles y de poco respeto, dijo que estaba muy contento. ¡Quién sabe si mañana no nos dirán que eran los toros de siglo!
El mano a mano quedó sin trofeos. Una tarde de toreo a palo seco, como un cante jondo deja huella, pero corre el peligro de saciar. O aburrir. Sobre todo, cuando no hay por medio una emoción verdadera, esa chispa de lo impredecible, que sólo aparece al saltar al ruedo un toro de lidia no dulcificado al gusto del consumidor. Miguel Ángel Perera y Daniel Luque son técnicamente perfectos, insuperables: descifran al toro, se adaptan a él y luego hacen lo que les da la gana con su contrario. Hacen lo complicado fácil y alargan la faena… Sí, no es de recibo achacar este vicio sólo a los diestros de hoy, sino a todo el escalafón de toreros y de novilleros.
Miguel Ángel Perera dominó a sus tres contrarios primero con el capote y, luego, con muletazos redondos por ambas manos. La faena de Orejón (1º) fue impecable técnicamente a un toro que echaba unas miradas serias al diestro. El torero no rectificaba sus terrenos. La espada se ha ido baja, muy defectuosa. Ovación. Trianero (3º 11/19) algo suelto al principio, pero acabó sucumbiendo a la voluntad de Perera. Mucho tiempo para cuadrar y fallo con la espada. La lidia de Carretego (5º) se diferenciaba de las dos anteriores en detalles, por decir algo, una larga cambiada de principio y un metisaca de final.
Daniel Luque se ajustó a Capitán (2º): lo llevó sin exigirle mucho, ni bajar la mano, tocando constantemente con sutileza para mantener el desganado embroque del bicho. Milano (4º) tuvo mucho motor: el saludo capotero a velocidad de vértigo, tratando de atemperar al morlaco. Luque supo limar las asperezas de su embestida, intercaló martinetes y luquesinas de cierre. La faena de Moreno (6º) fue brindada a Miguel Ángel Perera. Comenzó al natural, trazando pases de gran belleza, pero hasta la belleza puede ser excesiva si se prolonga demasiado. No es preciso agotar los 10 minutos antes del aviso.