El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha realizado el balance del año en el Palacio de la Moncloa, antes de las vacaciones de verano, donde ha presentado un largo elogio hacia sus políticas.
Incluso ha tirado de chulería: "Son malos tiempos para los agonías y algunos hay, singularmente en la oposición", ha manifestado, en un discurso por lo demás hueco, a la par que solemne.
También ha realizado declaraciones de acento populista: "A este Gobierno no lo ha puesto la elite económica, sino los ciudadanos", ha dicho. El triunfalismo de Sánchez no ha estado exento del victimismo de un presidente que, con su entorno investigado por corrupción por los tribunales, se sabe acorralado.
"Las buenas noticias no son noticias", ha dicho, sobre todo "en estos tiempos de desinformación y propagación de bulos".
En opinión de Sánchez, no tienen sentido las críticas del presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, ya que el Gobierno está resolviendo "la mayor crisis institucional" de la democracia, en referencia al 'procés'. "España no se rompe, está más unida que nunca", ha contestado. El asunto, para Sánchez, "es que el Gobierno gobierna y la oposición, fabula".
"La noticia sería que García Page diera una rueda de prensa para apoyar al Gobierno de España", ha dicho, y con eso se ha sacudido todas las críticas del veterano socialista que preside la Junta de Castilla-La Mancha. El acuerdo con ERC es "magnífico".
También ha respondido a preguntas sobre el caso Begoña Gómez y su citación como testigo, un día después de prestar declaración en La Moncloa. Le resulta "patético" y "bochornoso", ha zanjado.
Sánchez ha defendido la querella presentada por la Abogacía del Estado contra el juez Juan Carlos Peinado, que investiga a su esposa, porque "se han atropellado derechos" reconocidos a la institución de la Presidencia del Gobierno desde 1886.
En la rueda de prensa de balance del curso político, Sánchez ha tachado de "montaje" la sucedido ayer, cuando Peinado acudió a la Moncloa para tomarle declaración, y ha tachado de "absolutamente patético y bochornoso" ver a las "asociaciones ultraderechistas pelearse" por ver quién accedía al Palacio.