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CRÓNICA TAURINA

Huesca: el Maestro Galván, la figura del toreo

Huesca: el Maestro Galván, la figura del toreo
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(Foto: EFE/Javier Blasco)
lunes 12 de agosto de 2024, 08:21h

El arte de ver los toros está en plena decadencia. Y no es porque no se acuerden del libro de Uno al sesgo, sino porque los tendidos no ven al toro, no les interesa ni saben calibrar el peligro ni la dificultad. Otra cuestión muy peliaguda son las presidencias que se guían por cosas efímeras, sensaciones, efluvios, en fin, por las tonterías. El principio de la feria de Albahaca ha sido una derrota total y absoluta del toreo. Para cualquiera que guste de la verdad, la valentía y la inteligencia en el ruedo, el triunfo fue el de David Galván. Los premios quedaron muy mal repartidos por intereses o, quizá, méritos absolutamente ajenos a lo que sucedió en el ruedo. El público bullanguero sin criterio. Los picadores metiendo los palos a los morlacos, si se dejaban. Los toros fuertes, bellos e impredecibles. Procedían de dos ganaderías distintas, Miranda y Moreno y Samuel Flores, pero tenían la misma edad y trapío, exceptuando al joven regordete con poca cabeza que le tocó a Ginés Marín.

David Galván es la cabeza más lucida de todo el escalafón. Su figura aúna el saber, el valor y la estética. Además, tiene mesura. Ve al toro, lo descifra y le saca lo mejor a cualquier marrajo. Jabatera (2º Miranda y Moreno 9/19) le arrancó el capote de cuajo. No tuvo más oportunidad para las trastadas. Alejado de los chiqueros, de su querencia, el bicorne no tuvo más opciones que perseguir la pañosa ofrecida por la mano de Galván. Comenzó dominando por abajo, sin ceder ni un palmo de su terreno, llevó al animal en las series cortas, ceñidas y pausadas, aguantando al toro. Unos pases circulares a pesar de las desganas del contrario y un desplante con el brazo en la testuz, también conocido como un “teléfono”. Una obra inesperada que pilló al público desprevenido y no hubo trofeos. Fracaso estrepitoso de la presidencia. Canario (5º Flores 10/19), otra belleza de toro, pero poco menos malo que la quina. Galván engarzó los capotazos uno por uno, el toro embestía echando las manos pa´lante y recortando su viaje para buscar al bulto. Un tipo peligroso, marca de la casa. Pues, también éste flores aprendió rápido a perseguir la muleta mandada por el poderoso saber de Galván. Otra faena valiente, dominadora y bella. Cualquiera que la haya visto, querrá volver a ver a este torero. Las ovaciones no paraban: una por un muletazo largo, de aguante hecho al toro que elegía si seguir con el engaño o lanzarse a por la figura que lo conducía; otra, por una tanda de molinetes, indescriptibles por su estilo; otra por… Un arte es un arte.

Enrique Ponce no quiso ni ver a Berberisco (1º Miranda y Moreno 8/19). Un toro pausado, observón, con cuajo, pensaba dos veces antes de lanzarse. Así que Del Pozo tuvo que lidiar los primeros tercios. Cuando le tocó a Ponce, el diestro en retirada estuvo discreto ahorrándose los esfuerzos. Con Recobillos (4º Flores 10/19), Ponce recobró algo de amor propio y se hizo cargo de la lidia y de darle al morlaco la faena que le correspondía. El dominio con la derecha, la distancia al natural conllevaron a un trofeo por consolación.

Ginés Marín no aguantó a Chaparrón (3º Flores 9/19). Lo más destacado de la faena fue la agilidad a la hora de tomar el olivo. Sin dominio no supo hacer nada con su contrario. Pero se repuso con Peluchote (6º Miranda y Moreno 1/20), un toro bonito, retinto, y más bueno que el pan. Ginés se arrastró de rodillas buscando la primera embestida, pero lo demás fue coser y cantar. Llevado por ambas manos a trapazos, alargó la faena y tardó muchísimo en cuadrar para poner un espadazo.

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