El hierro Luis Albarrán ha mandado toros muy buen elegidos para la tarde de Almendralejo. Resultaron bastante nobles, pero con sus complicaciones y querencias. La preciosa plaza del siglo XIX se llenó con algo más de la mitad de aforo. Pocas veces una tarde de toros tiene seis lidias de gran interés. Las cuadrillas de El Cid y de Borja Jiménez protagonizaron espectaculares tercios de banderillas, donde los pares quedaban reunidos en un espacio de una moneda. Las varas se han puesto sin ensañarse mucho. La única tacha, para llamarlo de alguna manera, fue la labor del presidente: no sé si por su severidad innata, si por el criterio sumamente exigente para el toreo de a pie, pero dejó las peticiones insistentes del público desatendidas.
Adrián Venegas abrió la tarde montando a Manzanares. Cíngaro (1º 5/20) se dejaba encelar por la grupa de la montura, pero con la intervención de los auxiliares en el primer tercio quedó descentrado: no sabía a dónde acudir primero al caballo al capote que se asomaba con mucha frecuencia por un burladero. Cola Cao y Estoque salieron para las banderillas largas, con Calimero llegaron las banderillas cortas y el rejón de muerte bien puesto. Hubo muchos alcances a las monturas y la sensación de falta de oficio por parte del rejoneador. Sin embargo, esta sensación se esfumó con Limpiaflores (4º 2/20). Venegas puso certero rejón de castigo con Santarém, las banderillas largas quedaban clavadas montando a Cola Cao, el caballo-torero nunca perdía de vista a su contrario. Picasso se adornó con un piafar al son del pasodoble y con Estoque llegaron pares a ambas manos dejando las riendas. Todas los garapullos quedaban reunidos con gran precisión. El rejón quedó trasero, pero eficaz. Cada faena recibió su respectivo aviso y fue premiada con dos orejas.
El Cid estuvo espléndido manejando el percal y la seda con sus dos contrarios. Veleta (2º 1/20) salió acalambrado, pero se repuso durante una buena lidia. El Cid no le exigió con el capote, pero trazó lances ovacionados. La faena pareció breve, vibrante, con un dominio por ambas manos que rebozaba señorío y seguridad. El animal dejaba acercarse al diestro y en uno de estos pases circulares por la espalda, le encuno sin consecuencias. Al reponerse en un instante vimos a El Cid con un desplante en la cara del bicho disgustado y podido. La media mortífera llegó al segundo intento. La petición mayoritaria no fue atendida por el palco. Acequia (5º 2/20) tenía otro temperamento: un morlaco sin ganas de pelea, se refugió en tablas. La faena, brindada al sobresaliente, fue muy laboriosa y confirmó la gran maestría de El Cid: la primera serie vertical, templada y redonda, con la cual preguntó al del palco “¿A tí te gusta esto?” Y cosechó una gran ovación. Pero se quedó sin el enemigo: en un terreno muy comprometido de las tablas, le hizo embestir aunque fuera uno por uno. Un desplante “teléfono” y otro sin muleta tocando los pitones, el diestro suplió las faltas del toro. El estoque llegó a la 4 intento.
Borja Jiménez llenó sus faenas de garbo. La obra con Lanzadera (3º 2/20) fue magnífica, pero demasiado larga: el animal quedó exhausto y hacer un volapié al un marmolillo no fue fácil. Murió por el certero descabello. Una petición no atendida. Montenegro (6º 1/20) iba veloz, arremetía contra los burladeros, pero no tuvo ni un embroque rematado: se paraba en medio de la embestida y buscaba al torero cabeceando. La estocada corta, muy caída, fue suficiente. Ovación.