Natsume Soseki publicó Nowaki en 1907, después de las enormemente populares Soy un gato (1905) y Botchan (1906). Estas dos novelas son una crítica irreverente y humorística de la sociedad japonesa de la época Meiji, las décadas de occidentalización intensa de Japón. En la primera, el narrador es un gato que cuenta las peripecias vitales y el entorno de su dueño, un joven aspirante a escritor, y en la segunda el protagonista es un profesor también joven que viaja a provincias para desempeñar su primer encargo docente, en el que fracasa estrepitosamente, lo que le lleva al abandono del puesto. Las dos novelas se basan en gran medida en peripecias autobiográficas del autor y son, en ese sentido, una crítica a los demás y a uno mismo.
Soseki noveló su vida desde distintos puntos de vista, pero la realidad es que su literatura no estuvo completa hasta que el efecto de su matrimonio en 1895 con Kyoko Nakane empezó a ser materia literaria y a asomar en sus tramas. En 1905, había publicado también London To (La torre de Londres), libro de memorias en el que narraba su experiencia en Londres como becado por el gobierno japonés, y en el que confiesa que entre los ingleses se sintió como un perro abandonado rodeado por una manada de lobos. Este comentario refleja bien la sensibilidad de Soseki, hombre que fue metiéndose en habitaciones que él mismo buscaba –la universidad, la enseñanza, Inglaterra, el matrimonio…- y que acababan convirtiéndose en angustiosos callejones sin salida. A juzgar por el tono de su evolución literaria, cómo de lo humorístico y ligero derivó a lo oscuro y denso, se podría afirmar que hasta la escritura acabó siendo una habitación angustiosa en la que vivían Soseki y sus fantasmas.
“Nowaki” significa viento de otoño, y es también una referencia al capítulo 28 del Genji monogatari. Es decir, es un título con sentido propio y a la vez poético y referencial. Como apuntamos antes, Soseki escribió la novela que ahora publica Satori en 1907, tras sus primeros éxitos, ya convertido en un hombre de familia. Y si Soy un gato reflejaba su desencuentro con la sociedad que le había tocado vivir, Botchan hacía humor con su desilusión del sueño de ser profesor, y La torre de Londres hacía lo propio con su desencuentro con Inglaterra, Nowaki refleja dos de sus decepciones más personales, las que le produjeron el matrimonio y la escritura como profesión.
El protagonista de Nowaki, Doya, es un joven profesor que va cambiando de escuela en escuela: en siete años, siete destinos. Esta renuncia a lo que no cree sincero y coherente con su búsqueda personal va haciendo mella en la relación con su mujer, que le reprocha su falta de dinero y de ambición mundana. En la página 30 el narrador afirma: “Si la estima de una mujer por su esposo no difiere de la de los demás, entonces el marido se convierte en un ser anónimo de los que pasan por la calle”; también: “Aquel al que le va bien económicamente no tiene necesidad alguna de profundizar en la psicología de su mujer”; y “Sin embargo, cuando la rueda de la fortuna deja de girar, hasta el matrimonio mejor avenido pasará por momentos difíciles”. Estás tres citas establecen la base de Nowaki y de la psique de su protagonista, hombre angustiado y alienado de su mujer y de la sociedad por los problemas económicos que derivan de su integridad ética como escritor.
Este marido y escritor empobrecido, Doya, mantiene una ética quijotesca sobre el acto de escribir. Para él, la literatura es una forma auténtica de ir contra lo falso, lo impostado, lo apreciado socialmente pero carente de auténtico valor. En su empeño, encuentra a un discípulo, Takayanagi, joven escritor ambicioso y enfermo de tuberculosis. Cuando niño, Takayanagi fue uno de los estudiantes que se burlaba del excéntrico profesor Doya. Esta relación entre hombre mayor y discípulo joven anticipa otras relaciones similares en la obra de Soseki, como la que se da en la magistral Kokoro. Además, hay otro joven, Nakano, compañero de Takayanagi, rico, despreocupado y exitoso, que otorga el contrapunto a los otros dos. Los tres tejerán una trama no exenta de giros melodramáticos y tensión final.
Nowaki, el vendaval de otoño, es una novela que se lee con facilidad e interés y que completa el mapa del territorio Soseki, la geografía de su literatura. Es, en gran medida, una obra indispensable para comprender la evolución del autor. Como otras veces, la visión pesimista de la sociedad recuerda algo al Baroja de las novelas de iniciación, en las que la fama y el rechazo de la sociedad y de la mujer son siempre temas de meditación enmarcada en un fondo borrascoso y otoñal. Es una narración estacional y sugerente, pero ligera como los haikus que Soseki amaba. Una lectura adecuada para recibir el otoño que pronto comienza.