Ha sido una gran tarde de toros. Lástima que ésta manoseada expresión no refleje todos los matices de la tarde de seis ganaderías diferentes. Elegidos por los ganaderos con esmero y amor por el toro de lidia. Los toros llenaron la tarde y borraron lo accesorio. Enhorabuena a las seis ganaderías por el trapío, la fuerza y la bravura que llevaron al ruedo madrileño. Triste fue la actuación de los novilleros: las faenas fueron un resumen de las trampas que se enseñan en las escuelitas, algunas de ellas proceden precisamente del maestro cuya retirada celebramos ayer: Enrique Ponce. Los quites se quedaron en unos esbozos, excepto los delantales a Caminante. Las estocadas fueron una versión 2.0 de El Juli-pié: unos espadazos sin cuadrar ni entrar en la suerte. Un manejo deficiente de los avíos y el desconocimiento total de los toros hacen recomendable pensar en otras salidas profesionales para la terna de esta tarde.
Deseado de José González (1° 5/21) fue un bicho bien hecho. Salió como un señor, pero acusó el castigo en las varas y se fue al picador de la puerta con la esperanza de encontrar la salida. Ahí cobró la tercera vara. La faena con mucha intención y poco ajuste. De temple ni hablar. El poderío del toro al embestir por ambos pitones quedó ahogada entre voces y toques violentos. Un aviso. Ovación al arrastre. Perdiz (4° Quintas 4/21) fue el segundo de Villita. Ovacionado al asomarse por los chiqueros por su porte. Algo abanto recorrió la plaza media docena de veces sin ver ni un obstáculo para su calentamiento. Otra ovación la cosechó al tomar la segunda vara. Sin embargo, al empezar la faena fue doblado por la muleta destemplada y el gesto caprichoso de su contrario. No se pudo lucir Perdiz: el diestro no estuvo por la labor de contar con él para su faena. Villita dejó agría impresión con sus aspavientos dirigidos contra el toro.
La faena de Dulcero (2º 1/21), que procedía de Condessa de Sobral, dejó un grato recuerdo por el empeño del bicho a la hora de perseguir el engaño con estilo. Iba dibujando los círculos en torno a Jesús Moreno con todas sus fuerzas, pero llegó un momento y se dobló por el castigo tan desmerecido y, sobre todo, tan poco templado, que se le imponía a su anatomía. Rabioso de Baltasar Ibán (5º 3/21) salió con pintas de toro cuajado. Remató en las tablas, tomó en serio todo lo que sucedía en la plaza. Se empleó en las varas, un tal Benedicto Cedillo le abrió los lomos a su gusto llevándose una merecida bronca. Un impresentable. A pesar de las expectativas, el animal no perdió fuerza ni se malicio hasta que no se vio frente a la enorme muleta de Moreno: el celo y la velocidad han jugado en contra de Rabioso. El último toque para retratar al diestro fue el manejo del descabello. Malísimo. El toro ovacionado al arrastre.
Caminante (3° Guerrero y Carpintero 12/20) quedó destemplado por la brusquedad de Diego Bastos. Tres series le bastaron al toro para ver que no iba bien la faena: a tirones le llevaron por la derecha y se negó a embestir al natural. El novillero se puso a quejarse de su mala suerte… Golondrino (6° JL Peña 11/20) cobró una ovación al salir. Dos largas cambiadas salieron bien, luego el toro se quedó sin el contrario ya que el diestro iba cediendo el terreno. Salió a tomar la primera vara con tal ahínco que desestribó a José Mª Tafalla Remache. Aunque muy dolido el picador puso la segunda vara medida. La faena no merece relato. ¡Qué fácil es cargarse a un toro bravo!