Tras la reseña de Magnífica desolación editada por EL IMPARCIAL el pasado 1 de octubre, entrevisto a su autor, Javier Moreno (Murcia, 1972) que ha publicado seis novelas: Click (2008, Nuevo Talento FNAC); Alma (2011); 2020 (2013); Acontecimiento (2015), Null Island (2019) y Omega (2022). Ha escrito también libros de relatos como Un paseo por la desgracia ajena (2018), el ensayo El hombre transparente, cómo el mundo real acabó convertido en big data (2022), y los poemarios Cortes publicitarios (2006, Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández) y Acabado en diamante (2009, Premio Internacional de Poesía La Garúa).
- Repasando su trabajo se comprueba que pocos géneros quedan sin haber sido abordados por Javier Moreno. Igual el teatro y, siempre que considere que forma parte del arte literario, el guion cinematográfico.
Desarrolladas con tanta intensidad como elegancia estilística y audacia formal por usted, ¿consideró que las cuatro novelas cortas que conforman Magnífica desolación requerían este formato o vio que cuadraban en él mientras iba construyéndolas?
Casi nunca hago demasiados planes por adelantado. La trama es casi siempre algo tentativo que va surgiendo al hilo de la escritura. Mis textos crecen de manera orgánica. Me interesa esa forma de trabajar porque siento que es la manera de dotar a la obra de aliento, de asimilarla de algún modo a un ser vivo. El caso de los relatos de Magnífica desolación no es una excepción. Fue la propia escritura de los relatos la que me fue sugiriendo analogías y relaciones cruzadas entre ellos. Se trata de un hallazgo (cuya fortuna debe juzgar el lector), no de una previsión por adelantado.
Quizá este libro planteó dudas sobre su extensión… ¿Alguna de sus narraciones creó vacilaciones ante un posible alargamiento (lo que la hubiera convertido en novela) o acortamiento (hasta dejarla en cuento)?
Bueno, en realidad considero que se trata de cuentos, cuentos largos, si queremos llamarlos así, o nouvelles. Hubo dudas al principio (con la primera versión) por parte de los editores de si resultaría conveniente publicarlos por separado. Sin embargo, como he dicho antes, la evolución de la escritura hizo que los cuatro relatos acabaran estableciendo una relación orgánica. Su publicación exenta habría supuesto una especie de mutilación de un libro que conforma una unidad.
- En «Pentimento» leemos: «Siempre había rechazado lo inverosímil en el arte. Sin embargo, la vida nos agraciaba a veces con el milagro».
El escritor y el sargento que coprotagonizan las vibrantes tramas de «Pentimento» comparten casa y un entorno natural agreste pero reconocible; el anodino narrador de «Magreb» queda obsesionado con la mirada de aquella mujer, ciertamente interesante, con la que charló en un bar; y tenemos después a ese profesor de «El cielo de Madrid» sumergiéndose en el tentador mundo virtual para dar sentido a su existencia… A argumentos que en no pocos momentos tocan lo fantástico les sabe dar el necesario punto de verosímil realismo para que sus lectores puedan convertirlos en historias propias.
¿Hasta qué punto situaciones experimentadas por usted andan detrás de lo que tan vivamente refieren las novelas de su último libro?
En literatura resulta imposible extirpar lo biográfico. A pesar de ello, los relatos que conforman el libro se instalan en el terreno de la ficción, nutrida (como no podía ser de otra forma) con experiencias personales.
- En los agradecimientos de Magnífica desolación se desvela que para la segunda novela de este libro –«Los reinos de lo irreal»– viajó usted a Chicago para visitar allí museos e instituciones que exponen la obra del ilustrador y escritor Henry Darger y la de la fotógrafa Vivian Maier, artistas en cuyas vicisitudes se sustenta de forma magistral esta narración. No solo museos; lagos, calles, pisos, iglesias, universidades y demás lugares son recorridos por el narrador, a quien, en solo una semana, hubiera sido ilícito pedir más…
Su estancia en Chicago tan aprovechada, ¿necesitó después mucho añadido ficticio para terminar o redondear «Los reinos de lo irreal»?
Me alegra cuando un lector (le ocurre a la mayoría) piensa que el relato de «Los reinos de lo irreal» parte de una experiencia biográfica. Era uno de los objetivos del relato (y del libro, en general), hacer que el lector se replantee la relación entre la realidad y la ficción. Confieso que nunca he estado en Chicago. Todas las descripciones de la ciudad parten de investigaciones (vídeos y visitas virtuales) a través de internet. Dediqué muchas horas a esa documentación, de manera que considero que conozco «bastante bien» la ciudad sin haberla visitado. Conté, eso sí, con la ayuda de dos conocidos que viven allí y que se convirtieron en cómplices de la aventura narrativa. Les insté a que visitaran ciertos lugares y los fotografiaran, unas imágenes que aparecen en el relato y que ayudan a proporcionarle un aire de verosimilitud.
¿Cómo llega a esos dos genios con vida tan desconocida y marginal hasta morir y que solo después de ello son reconocidos a nivel mundial?
Siempre me interesaron los outsiders dentro del mundo del arte. Supongo que tiene que ver con un poso de romanticismo. Me fascinan los hombres y mujeres que son capaces de separarse del resto y seguir un camino singular que, en muchas ocasiones, no les conduce a ninguna parte. Vivian Maier y Henry Darger tuvieron suerte. Por distintas circunstancias sortearon al fracaso al que estaban destinados y gozan de reconocimiento, aunque sea este póstumo.
- A muchos personajes de Magnífica desolación no les va bien en el amor (la pareja de «Magreb» son separados recientes; el profesor de «El cielo de Madrid» es infiel –y su mujer tampoco es que lo quiera mucho); otros son solitarios recalcitrantes (al escritor de «Pentimento» lo ha abandonado una tal T. «para no tener que leerlo más» y él se resigna; los artistas de «Los reinos de lo irreal» viven para sus cuadros y sus fotografías –hasta que casi un milagro los junta), y algún otro protagonista suyo pertenece al tipo de solitario satisfecho con su circunstancia (así, el escritor viajero de «Los reinos de lo irreal» no lo pasa mal en Chicago –y muestra una razonable sociabilidad).
Soledad y desamor vertebran este libro. Alguna esperanza de realización personal encontramos en el viajero y en sus artistas al margen del circuito, pero la verdad es que ninguna se ofrece para el amor, presentado aquí como una pasión –además de inútil– nociva para sobrevivir en un mundo tan grave y desolado como resulta ser el de esta Magnífica desolación.
Descartado el amor, parece que sumergirse en absorbentes –y solitarias– actividades (creativas como la pintura o la escritura, pero también zambullirse en ese marasmo del mundo virtual) sea el único agarradero para mantener un tono vital menos yermo… ¿Para el autor de Magnífica desolación habrá otros apoyos, seguro que menos cautivadores pero sí al alcance de todo el mundo, para el día a día?
El desengaño amoroso forma parte de esa tonalidad común que atraviesa los relatos de Magnífica desolación. Sin embargo, no creo que los personajes renuncien a la idea de amor. Todos están o han estado enamorados. Es solo que en la mayoría de los casos se trata de un amor defraudado o no correspondido. No creo que haya ninguna alternativa razonable al amor. Precisamente el intento de sustitución (como en el caso del profesor de «El cielo de Madrid») del amor por otras opciones virtuales conduce a un mayor grado de desolación, si cabe.
- Para quienes nos hemos acercado por vez primera a su obra con Magnífica desolación y hemos quedado entusiasmados, le pediríamos que nos recomiende ahora algo más de su producción, que abarca seis novelas y dos libros de relatos (además de poemarios y ensayo).
Centrándonos en su narrativa, ¿cuál novela y libro de relatos diría que resultarían más acertados para continuar nuestro gozo lector?
Pues si yo fuese un algoritmo de recomendación de una de esas plataformas de cine o libros diría: Si te gustó Magnífica desolación también te gustará Null Island (novela) o Un paseo por la desgracia ajena (relatos).
- Dos preguntas más para terminar.
¿Puede adelantar para EL IMPARCIAL algo de cómo será, después de una entrega tan original y de filigrana como Magnífica desolación, su próximo proyecto literario?
En 2025 saldrá a la luz un ensayo que reivindica el error y el azar como elementos creativos, como mecanismos que permiten sortear la previsión absoluta a la que conduce la tecnología encarnada por los nuevos algoritmos. Y si todo marcha bien, es posible que aparezca también una nueva novela.
¿Nos daría nombres de escritores especialmente apreciados por usted como lector y también de otros que influyan en su labor creadora?
Toda lista es insuficiente y, por tanto, injusta. Leo mucho ensayo (filosófico, sociológico y científico), además de literatura, por no hablar de las redes sociales y la prensa. Creo que es esa mezcla de lenguajes la que define mi modo de entender la literatura y de practicarla, algo mucho más importante, en mi opinión, que cualquier lista que, por otra parte, siempre resultará incompleta.