La muerte de Yahya Sinwar (1962-2024), presidente del Buró Político de Hamás y líder de la organización terrorista en la Franja de Gaza, no parece tanto un éxito de los servicios israelíes -que han cosechado otros recientemente - como el resultado del encuentro fortuito con una patrulla israelí. Las informaciones publicadas cuentan que el terrorista se topó con un grupo de soldados apoyados por un carro de combate y se enzarzó en un tiroteo. Las imágenes de sus últimos momentos de vida, captadas por un dron israelí, muestran un hombre malherido en el sillón de un piso derruido donde había logrado refugiarse. En un último gesto de lucha, Sinwar arrojó algo que parecía un palo en dirección al dron que lo estaba grabando. El terrorista había manifestado en varias ocasiones su disposición, y aun su deseo, de morir a manos de las fuerzas israelíes. Al final lo acabó consiguiendo. Así acaba una vida dedicada al terrorismo. Su último atentado contra Israel -las matanzas del 7 de octubre de 2024- terminaron desencadenando una ofensiva contra Hamás que ha llegado hasta Rafah. Ahí lo mataron los soldados israelíes.
Lo que no parece tan claro es que Hamás haya muerto con su líder. Por lo pronto, se busca reemplazo. Suenan los nombres de Khaled Meshal, el jefe de la oficina de Hamás en Siria, y de Mohammed Sinwar, hermano del Yahya y líder de las Brigadas Al Qassam, que suele presentarse como el brazo armado de Hamás. Esto es algo engañoso porque, aunque la organización pretende ser un movimiento social y un partido político, a lo que verdaderamente se dedica es al terrorismo y, por lo tanto, todo en el movimiento apunta, directa o indirectamente, a la actividad armada. También resulta equívoco el adjetivo «militar» aplicado a una organización como Hamás. Al igual que hacía ETA, las organizaciones terroristas palestinas siempre quisieron rodearse del aura y el lenguaje de los ejércitos («brigadas», «oficiales», «operaciones») como si combatir según las leyes de la guerra fuese lo mismo que poner coches bomba, secuestrar o quemar vivos a bebés, como hicieron los de Hamás y la Yihad Islámica el año pasado.
Nadie sabe cuánto durará el nuevo líder. En El Líbano, han caído tres en menos de un mes. Los dos que siguieron a Hassan Nasrallah han sido tan fugaces al frente de Hizbulá que apenas ha habido tiempo de conocer sus nombres. Sin embargo, la organización terrorista libanesa parece haberse reconstituido y este sábado lanzó un dron contra la casa particular de Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, en la localidad de Cesarea. En el Oriente Próximo, es bastante frecuente enviarse mensajes a través de ataques de consecuencias limitadas. Irán lo ha hecho dos veces en el último año -los ataques aspiraban a mostrar la capacidad de alcanzar el territorio israelí con misiles- y ahora Hizbulá parece haber seguido su ejemplo.
Nadie ha lanzado cohetes desde Gaza después de la muerte de Yahya Sinwar, pero ese objeto arrojado contra el dron y las imágenes de su cadáver alimentarán la leyenda del mártir. Como Nasrallah y como Qasem Soleimani (1957-2020), Sinwar se convertirá en el protagonista de relatos y su cara decorará tiendas y mercados con el fondo luminoso que se reserva a los héroes. En Cisjordania, miles de jóvenes lo admirarán mientras los viejos líderes de Fatah y de la OLP sufren la acusación de haber terminado colaborando con los israelíes en lugar de hacerles frente. Mahmud Abbas (1935) tiene ahora 88 años. Cumple 89 en noviembre. Nació antes de la fundación del Estado de Israel y lleva sin convocar elecciones desde 2006. Le tocaba hacerlo en 2009, pero el Consejo Central Palestino decidió prolongar su mandato indefinidamente. Lleva más de diez años lidiando con la división de las distintas facciones en que se divide la OLP y, en general, la política palestina.
El descontento hacia Hamás, que tenía graves problemas para gobernar la Franja de Gaza porque dedicaba al terrorismo recursos que debía emplear para los servicios públicos, no se ha extendido a Cisjordania, donde es la OLP la que sufre el desgaste de la ineficacia y la corrupción. La República Islámica de Irán acudió al rescate de Hamás, pero no tanto de la OLP. Hamás recibió armas, fondos, entrenamiento, información y apoyo exterior como parte del «Eje de la Resistencia» dirigido desde Teherán. La influencia iraní ha llevado el proceso de paz a un punto muerto. Los Acuerdos de Abrahán mostraron que Israel podía normalizar relaciones con el mundo árabe sin necesidad de una resolución del conflicto palestino -israelí. La forma de dinamitar ese proceso de normalización fueron los atentados del 7 de octubre, que multitudes celebraron en Gaza y en Cisjordania.
También se celebraron en Cisjordania los ataques iraníes con misiles contra Israel. Hamás puede sufrir una derrota «militar», pero obtener una victoria política si logra mantenerse como la única organización de resistencia. Algo parecido sucedió con el Frente de Liberación Nacional argelino después de la Batalla de Argel (1957): el ejército francés se impuso, pero los nacionalistas argelinos ganaron en el terreno propagandístico. No se debe soslayar, pues, la importancia que la muerte de Sinwar puede desempeñar en el plano discursivo. En Gaza y Cisjordania, los terroristas vivos llevan décadas alimentándose de la memoria de los terroristas muertos y lucrándose con los fondos que llegan desde el extranjero (incluida la Unión Europea, por cierto).
Se oye mucho que, ahora que los líderes de Hamás (Haniya, Deif, Sinwar) están muertos, asistimos a una nueva etapa. Quizás convenga mitigar tanto entusiasmo. Ya ha habido eliminaciones selectivas en el pasado (Ahmed Yassin, Rantisi). Ronen Bergman le dedicó un libro entero al tema («Stand Up And Kill Him First: The Secret History of Israel's Targeted Assassinations», Random House, 2018). Mientras Hamás y las otras organizaciones terroristas sigan recibiendo armas, fondos y apoyos, podrán recuperarse y seguir matando. Haniya (1962-2024) se encontraba en Teherán, en un complejo con fuertes medidas de seguridad, cuando lo mataron con un artefacto explosivo; no está claro si fue una bomba o un misil. No debería sorprender que estuviese en Teherán el líder de la principal organización terroristas palestina.