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TRIBUNA

La templanza y empatía asombrosas de Don Felipe y Doña Letizia

martes 05 de noviembre de 2024, 19:19h

Dicen que puede haber sido un error que los Reyes, Don Felipe y Doña Letizia, hayan ido a Paiporta en lugar de haberse dirigido a otras zonas menos críticamente golpeadas por la tragedia climática que ha devastado el Levante español.

Es un parecer que se repite sin cesar en los medios y plataformas informativas, revelando la preocupación de muchos por la excesiva vulnerabilidad a que han sido expuestos los monarcas en su comparecencia oficial junto a los políticos pertinentes, y a tenor de la violenta reacción de las personas afectadas. Estas han demostrado su indignación de víctimas desconsoladas y abandonadas por los poderes fácticos con una agresividad patente en un grado análogo al de su dolor.

En todo momento del acto hemos sido testigos de un empático comportamiento por parte de los Reyes que no por saberlo propio de quienes siempre se manifiestan en un tono afable y considerado deja de provocar en nosotros un formidable asombro.

No deja de asombrarnos -me repito con gusto- el equilibrio ético del comportamiento de los Reyes en momentos tan desestabilizadores de la conciencia humana; no dejo de recordar las solidarias muestras gestuales, corporales y faciales, amén de las verbales, de evidente adhesión y confraternización, de Felipe VI, que delatan una falta absoluta de preocupación por su propia integridad personal en medio del campo de acción -indignación- abierta, surcado de proyectiles terreros e insultos notoriamente amenazantes. Igualmente notoria ha sido la sensibilidad de la reina.

Tampoco debemos desconsiderar la justificación que el comportamiento de la gente afectada pueda haber tenido, la cual actitud no por haberse mostrado visceralmente irreprimible y lógicamente necesaria, en la consideración de quienes se sienten tan desatendidos, deja de conllevar un peligro y una humillación inmerecidos, a mi entender, para con las personas del Rey y la reina.

Si el Rey mostraba una despreocupación por sí mismo -por su persona-, en medio de la protesta, es porque su preocupación estaba volcada hacia los vecinos de Paiporta, mostrando un celo incuestionable. Esta falta de olvido por su cuidado propio ha evidenciado su absoluta inmersión en la tragedia humana, ausente su conciencia de la arriesgada realidad vivida. No olvido el rigor de su rostro, en el que no sólo era visible una empatía integral con la desesperación de los ciudadanos de Paiporta, sino un olvido radical del yo propio, repito, cosa que tanto suele echarse en falta en las altas instancias del poder.

Nadie puede poner en cuestión el equilibrio y templanza de los Reyes, pero tampoco la calidad humana de los mismos, de lo cual -visto lo visto- debemos mostrarnos asombrados.

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