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SOBRE FERNANDO ARRABAL

Sobre Fernando Arrabal (1°/?) Sobreviviendo a peones y caínes (II)

martes 19 de noviembre de 2024, 19:55h
Actualizado el: 22/11/2024 19:02h
Arrabal no se considera un genio y minimiza la enorme inteligencia que se le atribuye; nada más inteligente que esto. También es un rasgo de inteligencia saber -por capacidad- relativizar el dolor y sus causas. El hecho de haber sufrido ya causas realmente demoledoras permite jerarquizar el dolor y archivarlo en su justa balda dentro del corazón, desangrando el paradigma: en su caso, el de sus espinosas cuitas familiares; cualquier otro dolor advenido después sería siempre de menor altura; bien saben medir los poetas su dolor más alto, recordemos a Altolaguirre.
Sin embargo, volviendo a los genios-de-mundo, algunos fueron capaces de mutar hasta conformarse como seres-humanos-medios, con atributos sociales normales; y hasta fueron capaces de cumplir el deseo soterrado de ser-como-todos (atributivamente hablando). Tal vez, ya lo columbraron mientras sorteaban las amenazas de la represión orgánica o la censura autárquica, desafiándola incluso. Y desafiando, inclusive, otras amenazas metafísicas; entre ellas la obsesiva vinculación del pensamiento, que aflora continuamente entre las sombras, y la gélida sospecha que la propia normalidad profesa hacia quien no es mismamente igual, aunque asegure serlo.
Así, tras la convulsión cimera de su creatividad, algunos genios-de-mundo han conseguido liberar su conciencia de un peso y una alteración asfixiantes, impuestos por su anormalidad congénita de genios, además de ser capaces de sortear o campear con el orgánico chantaje sistémico. Algunos de ellos han llegado a ser incluso intrínsecamente desmundanados, no dejando de ser genios por ello, a pesar de quedar no-siendo o siendo enajenados.
Se deduce que la conciliación de distintos puntos de vista es una entelequia propia del presente continuo, aunque el abanico de todos ellos es cuanto realmente existe y perdura como testimonio histórico, como dijo Carlos Rojas Vila desentrañando a Ortega y Gasset. Según se deduce del razonamiento de Rojas, Ortega parecería estar contradiciendo algo propio -la fe en el futuro- al valorar lo que llamaba arte nuevo, o moderno, es decir: Picasso y Proust. Aun así, no soy capaz de imaginar las razones críticas que habría aireado Ortega a partir de la provoca-acción arrabalesca del teatro Pánico; me provoca una curiosidad imposible de saciar. La acción directa constituyó la polémica piedra de toque.
Si el mejor escritor y 'primera inteligencia del siglo XX español', como lo consideró Luis María Anson, o 'el talento de más amplia diversificación', como lo reconoció en una de sus cartas abiertas Rojas Vila -hablamos de Ortega y Gasset-, fue tan particular en valoraciones y catalogaciones críticas vanguardistas, no debe existir ser humano sin el deseo oculto de tener las suyas propias, contrastándolas, pues quién no querría tener la inteligencia de Ortega... Otra cosa es desbarrar, admitiendo sinceramente el que suscribe hacerlo a diario. Pido a Dios no estar haciéndolo en demasía con Fernando Arrabal, en estos párrafos concomitantes.
Pero lo más imperdonable de todo no suele venir del desbarre, sino del bloqueo y la cancelación maniobrados por caínes, farsantes o hábiles peones, esos que pululan en el sistema.
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